Salmos
Salmos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 68

Dios cuida de los débiles, de los oprimidos y explotados

Dios, terrible en sus juicios contra los impíos, se muestra lleno de ternura para con los que le pertenecen, a quienes Él llama los justos (v. 3). Él mismo toma los hermosos nombres de Padre de huérfanos y defensor de viudas (v. 5; Salmo 146:9; Jeremías 49:11). Demuestra así que atiende de un modo especial a los que han perdido su sostén natural. Los aislados son objeto de sus particulares cuidados: “Dios hace habitar en familia a los desamparados” nos dice el versículo 6 (V. M.: “los solitarios”). ¡Cuántos han hecho esta preciosa experiencia! Cuando se convirtieron, se les cerraron muchas puertas; ciertos miembros de su familia no quisieron recibirlos más. Por amor al Señor tuvieron que dejar “casa, o hermanos, o hermanas…”. Pero “el Padre de huérfanos” los recogió en su propia familia, en la que hallaron otros hermanos y otras hermanas (leer Marcos 10:29-30).

Hasta el versículo 14 son recordados los cuidados de Dios para con su pueblo desde el camino en el desierto (comp. los v.1, 7 con Números 10:33-36). Dios no dejó de velar sobre Israel, “su grey” (v. 10). Pero hoy el Señor tiene “otras ovejas que no son de este redil” judío (Juan 10:16). ¿Es el lector una de ellas? ¿Puede hablar del amor de ese buen Pastor?

Jesucristo resucitado, fuente de toda liberación

Llegará el momento en que todas las pretensiones de los hombres que detentan el poder (esos montes altos del versículo 16) tendrán que dejar el lugar al solo poder divino. La más grande prueba de este no fue su victoria sobre los enemigos de Israel, sino la que Cristo logró sobre Satanás (el hombre fuerte que nos mantenía cautivos) y la de su triunfante resurrección (v. 18; Romanos 1:4). Elevado “sobre los cielos”, el Señor es aquí Aquel que recibe los dones. En la mención de Efesios 4:8-10, Él es quien los distribuye.

Su Asamblea dispone hoy, para su edificación, de esos dones derramados sobre ella por medio del Espíritu Santo (Hechos 2:33). De todos modos, podemos decir: 

Bendito el Señor: cada día nos colma de beneficios el Dios de nuestra salvación (v.19)

En verdad, nuestro Dios es un Dios de salvación. A Él le pertenece liberar de la muerte (aunque ese v. 20 se aplica en primer lugar a la resurrección nacional de Israel) y dar a los que estaban sujetos al poder de la muerte una participación celestial y eterna con el Primogénito de entre los muertos, con el Hombre resucitado.

Un desfile triunfal – Las naciones durante el reinado

Esta última parte del salmo nos presenta otro lado del establecimiento del Reinado. La marcha de Dios con su pueblo, empezada en el desierto (v. 7), termina ahora en el santuario, figura de un glorioso reposo (v. 24; comp. 2 Samuel 6:17; 7:6). Las tribus de Israel, finalmente reunidas, comparten ese reposo. El versículo 27 menciona a Judá, ahora reunido con Zabulón y Neftalí, así como “el joven” Benjamín, el pequeño. Otrora, esta última tribu fue casi aniquilada por el juicio (véase Jueces 21); ella es, pues, la figura de todo el pueblo de Israel que acaba de atravesar las tribulaciones. Pero ahora “es señoreador de ellos” porque Dios ha ordenado la fuerza de su pueblo (v. 28). Y el mundo entero se somete: “los reyes” (v. 29), “los príncipes” (v. 31), “los reinos de la tierra” (v. 32), todos son invitados a atribuir a Dios la fuerza y la magnificencia que son visibles en Israel.

“Vieron tus caminos, oh Dios” (v. 24). Pensamos también en aquellos discípulos de Juan el Bautista “mirando a Jesús que andaba por allí” (Juan 1:36) y que le siguieron luego. Al leer la Palabra, consideremos ese andar perfecto del Señor en el desierto de este mundo, mientras aguardamos contemplarle faz a faz en el descanso y la gloria.