Capítulo 37
No irritarse – Confiar en Dios
El Salmo 37 no es, como la mayoría de los precedentes, una oración del fiel a propósito de los malos que le atormentan. Por el contrario, aquí le llega la contestación divina. No le trae todavía la liberación esperada sino los preciosos recursos y las instrucciones para hacer frente al mal que le rodea. ¡Cuántas veces hacemos esta experiencia! En contestación a nuestra oración, el Señor, en lugar de quitarnos la prueba, nos da la fuerza para atravesarla. Según la promesa del Salmo 32:8: “Te haré entender… te enseñaré…”, reconocemos la voz del afectuoso Maestro.
Él mismo puso en práctica las instrucciones que aquí da. Y, conociéndonos, sabe bien que la visión del mal a nuestro alrededor puede producir en nuestros pobres corazones dos enojosos sentimientos: la irritación y el celo (v. 1, 7-8; Proverbios 24:1, 19). De ahí estas exhortaciones que deberíamos leer a menudo: no te impacientes, no te alteres, no te excites; no tengas envidia; haz el bien; encomienda a Jehová tu camino; confía en Él. También se hallan preciosas promesas ligadas a esas exhortaciones: “Él te concederá las peticiones de tu corazón… él hará…”. ¡Dejémosle obrar! El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo nuestros pies (comp. los versículos 10, 17 y 20 con Romanos 16:20).
Lo que le pasa a todo el mundo
"Por Jehová son ordenados los pasos del hombre" (v. 23).La independencia es característica de nuestra naturaleza. Reconocer que necesitamos a Dios para cada paso de nuestra vida cotidiana, es una verdad que no admitimos gustosos. ¡No aguardemos haber caído a menudo para convencernos de ello y aceptar la ayuda del Señor!
En este salmo se trata del justo (o de los justos). Se le da este nombre al fiel remanente judío; este poseerá el país (v. 9, 11, 22, 29, 34) después de la destrucción de los impíos, afirmación repetida cinco veces (v. 9, 22, 28, 34, 38). Hoy día, el hijo de Dios tiene el derecho de llevar el mismo título (Romanos 5:19). ¿Cómo se reconoce al justo? Él “tiene misericordia y da” (v. 21). Su boca habla sabiduría, y su lengua, justicia, “la ley de Dios está en su corazón” (v. 30-31). Amor, sabiduría, verdad, apego a la Palabra… ¿pueden todas estas cosas notarse en nuestro andar de cada día? Por nuestra parte podemos contar con la fuerza, la ayuda y la liberación de Dios (v. 39-40). Ver a un justo abandonado es una cosa inconcebible (v. 25; 2 Corintios 4:9). Y, no obstante, sabemos que el «Justo por excelencia» tuvo que serlo (Salmo 22:1; Job 34:17).
