Salmos
Salmos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 109

Jesucristo perseguido

Este terrible salmo empieza invocando al Dios de mi alabanza (v. 1). Ninguna amenaza, ningún motivo de abatimiento impedía que Jesús levantara los ojos hacia su Padre y le alabara. Al contrario, esas circunstancias constituían más razones para hacerlo. ¿Cómo se defendía cuando estaba rodeado “con palabras de odio”? (v. 3). “Mas yo oraba”, dice él (v. 4). Tal debería ser, queridos amigos creyentes, nuestra única réplica cuando encontremos una injusta hostilidad. Si callamos –o más bien si hablamos solo a Dios Él no callará y se encargará de contestar por nosotros (v. 1; Romanos 12:19).

Sin embargo, solo Cristo “sufrió tal contradicción… (Hebreos 12:3). Sus adversarios (a quienes, en el original hebreo, se les designa con el mismo nombre que a su maestro Satanás) no solo “pelearon contra Él sin causa”, sino que –exclama Jesús– “me devuelven mal por bien, y odio por amor (v. 5). Y entre ellos se había colocado Judas, culpable de una ingratitud tanto más espantosa cuanto había sido el objeto de un más íntimo afecto. El libro de los Hechos de los apóstoles 1:20 le aplica el versículo 8 (y para el porvenir, este pasaje se refiere al Anticristo). Por cierto, había aquí motivos para quebrantar el corazón del Señor (v. 16).

Voz del afligido – Jesucristo exaltado

“Favoréceme por amor de tu nombre”, pide el Afligido y Necesitado (es decir, Cristo; v. 21, 22; comp. Juan 12:28). “Y entiendan que esta es tu mano; que tú, Jehová, has hecho esto” (v. 27). Para su propia gloria, Dios debía liberar al que le invocaba. Y, como consecuencia, viene a continuación el Salmo 110. Cómo resalta después del cuadro de la humillación del “Varón de dolores”. Dios se había puesto a la diestra del “Pobre” para salvarle (Salmo 109:31); era el pasado. En la gloria, donde está actualmente, lo hizo sentar a su diestra (v. 1; Efesios 1:20). Y, para más adelante, promete el versículo 5: “El Señor está a tu diestra; quebrantará a los reyes en el día de su ira”. A sus adversarios del Salmo 109 se los pondrá por estrado de sus pies: el sometimiento de ellos formará parte de Su gloria.

Este Salmo 110 está citado ocho veces en el Nuevo Testamento. Prácticamente, sirve de hilo conductor a toda la epístola a los Hebreos (véase cap. 1:13; 7:17; 10:13 y sig.).

Finalmente, a esas promesas hechas al Mesías se les agrega una en relación con su andar en la tierra (v. 7). Cristo, como hombre, debía hallar aquí abajo algunos escasos instantes de aliento, apropiados para animarle y fortalecer su alma (por ejemplo: Lucas 7:9, 44; 9:20; 10:21, 39; 23:42 y sig.).