Capítulo 15
La oveja y la moneda perdida
Las tres parábolas de este capítulo forman un conjunto maravilloso. El estado de un pecador nos es presentado bajo tres aspectos: el de la oveja, el de la dracma y el del hijo, los cuales estaban perdidos. Así vemos el rescate del pecador cumplido al mismo tiempo por el amor del Hijo (el buen Pastor), del Espíritu Santo (la mujer diligente) y del Padre.
El buen Pastor no solamente busca su oveja “hasta encontrarla” (v. 4; comp. con el final del v. 8), sino que luego la carga sobre sus propios hombros para llevarla a casa.
Como la dracma (pieza de moneda con la efigie del soberano que la emitió), el hombre es hecho a la imagen del que lo ha creado. Pero perdido, ¿para qué podía servir? Se volvió inútil. Entonces el Espíritu Santo, encendiendo “la lámpara”, se puso manos a la obra diligentemente y nos encontró en medio de las tinieblas y del polvo.
Cada parábola menciona el gozo del legítimo dueño, un gozo que busca ser compartido. El de Dios encuentra eco en los ángeles. Los oímos cantar en el momento de la creación (Job 38:7) y al ser anunciado el nacimiento del Salvador (cap. 2:13). Pero también hay gozo en el cielo “por un pecador que se arrepiente”. ¡Cuán grande es el precio de un alma a los ojos del Dios de amor!
El hijo perdido y el hijo mayor
La parábola del hijo pródigo nos presenta en primer plano a un muchacho que consideraba a su padre como un obstáculo para su felicidad y por ello se fue lejos de su presencia malgastando locamente todo lo que había recibido de él. Luego lo vemos, en un país lejano, reducido a la peor desgracia, a la miseria más absoluta. ¿Hemos reconocido hasta aquí nuestra propia historia? ¡Ojalá acabe de la misma manera! Bajo el peso de su miseria, el pródigo volvió en sí, recordó los recursos de la casa paterna, se levantó, tomó el camino de regreso… ¡Y qué final feliz! El padre salió apresuradamente a su encuentro con los brazos abiertos, lo besó; luego hubo una confesión seguida del pleno perdón, los harapos fueron cambiados por el mejor vestido…
Amigo, si usted se convence de su miseria moral, este relato le enseñará cuáles son las disposiciones del corazón de Dios hacia usted. No tema ir a él. Será recibido como ese hijo.
Pero el padre no pudo compartir completamente su gozo. El hermano mayor, que no hubiera vacilado en hacer banquetes con sus amigos mientras su hermano se hallaba perdido, se negó a tomar parte en el festín. Es una figura del pueblo judío obstinado en su legalismo, pero también de todos los que confían en su propia justicia y cuyo corazón está cerrado a la gracia de Dios.
