Lucas
Lucas

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 6

El día de reposo – Elección de los doce

El Señor Jesús había venido a introducir un nuevo orden de las cosas. Pero Israel encontraba mejor el antiguo régimen de la ley (comp. 5:39). El hombre prefiere las ordenanzas porque le da la oportunidad de gloriarse en cumplirlas, aunque solo sea un poco, mientras que la gracia lo humilla considerándolo perdido. Por esta causa los judíos se aferraban al sábado, y al respecto, el Señor dio dos lecciones a los fariseos: una, sacada de las Escrituras y de la historia de Israel (v. 3-4); la otra, de su propio ejemplo de amor (v. 9-10). El único efecto producido en sus corazones fue la ira y el deseo de tramar un complot para librarse de él.

Luego el Maestro designó a sus apóstoles; pero antes de hacerlo oró toda una noche. ¡Qué importancia tenía esta elección para la obra que debía ser cumplida después! El Señor Jesús conocía el carácter natural de todos sus discípulos, lo que cada uno tenía necesidad de adquirir y de abandonar… Los conocía pero los amaba, tal como nos conoce y nos ama hoy (Juan 10:14, 27). ¡Además, para Aquel que sabía todas las cosas, dicha elección implicaba llevar con él al traidor Judas! Pero una vez más su sumisión perfecta triunfó. Jesús había venido para cumplir las Escrituras.

Aprender a reflejar al Señor

¡Cuán amonestados nos sentimos por estas enseñanzas del Maestro! ¡Dejémoslas penetrar en nuestros corazones y, sobre todo, vivámoslas! La mayoría de estas palabras se encuentran en Mateo 5 a 7; pero aquí son más personales. No dice: Bienaventurados los que…, sino: “Bienaventurados vosotros”. El versículo 31 resume las exhortaciones dirigidas “a vosotros los que oís” (v. 27):

Como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.

¡Qué bien tratados estarían nuestros semejantes si nosotros obedeciéramos a esta exhortación!

Todos estos rasgos de carácter son extraños a nuestra naturaleza orgullosa, egoísta e impaciente. El Señor recalca que esos caracteres emanados de Dios mismo son los que nos darán a conocer como “hijos del Altísimo” en la tierra (v. 35-36). En el cielo no tendremos la ocasión de manifestarlos, puesto que allá arriba no habrá enemigos para amar, injusticias que soportar, ni miserias que aliviar. Nuestra responsabilidad y privilegio es parecernos a Jesús aquí en la tierra, reflejar la dulzura, el amor, la humildad y la paciencia del perfecto Modelo, “quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba” (1 Pedro 2:21-23).

Principios morales enseñados a los discípulos

Si un pequeño cuerpo extraño se deposita sobre la lente de un microscopio, no se puede ver nada más a través de él. ¡Cosa curiosa, para nosotros es lo contrario! Cuanto más grande sea la viga que se aloje en nuestro ojo, más aguda tenemos la vista para distinguir la paja en el ojo de nuestro hermano.

En el versículo 46 Jesús nos hace una pregunta que debe hacernos reflexionar:

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?

¿Con frecuencia no somos muy ligeros y poco consecuentes pronunciando el nombre del Señor Jesús en nuestras oraciones? No tenemos derecho a llamarlo así si no estamos dispuestos a hacer su voluntad en todas las cosas (1 Juan 2:4). Muchos hijos de padres cristianos han aceptado, por gracia, a Jesucristo como su Salvador; pero mientras no reconozcan su autoridad de Señor, ¿podemos decir verdaderamente que se han vuelto hacia Él? El verdadero cristianismo consiste en vivir no para uno mismo sino para el que murió por nosotros, sirviéndolo y esperándolo (1 Tesalonicenses 1:9-10; 2 Corintios 5:15). Fundar nuestras esperanzas “sobre la tierra” es ir hacia una gran ruina (v. 49). Sí, edifiquemos nuestra casa “sobre la roca” (v. 47-48); vayamos a Jesús, escuchemos sus palabras y pongámoslas en práctica.