Lucas
Lucas

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 10

El verdadero motivo del gozo

Jesús se dirigió solemnemente a las ciudades en las que había enseñado y realizado tantos milagros. Hizo énfasis en la gran responsabilidad de sus habitantes. ¿Qué podría él decir hoy de tantos jóvenes criados en familias cristianas, tan privilegiados, pero también tan responsables?

Los 70 volvieron gozosos. El hecho de que sus discípulos hubieran arrojado fuera a los demonios dirigió los pensamientos del Señor hacia el momento en que el propio diablo será echado del cielo y arrojado a la tierra (Apocalipsis 12:9). Pero Jesús invitó a sus discípulos a regocijarse por otro motivo: los cielos, purificados de la presencia de Satanás, pasarían a ser su morada. Y ya desde entonces, sus nombres estaban escritos en los cielos. A su vez el Señor se regocijó y se maravilló, no del poder que había sido ejercido, sino de los designios del Dios de amor. Agradó al Padre hacerse conocer por medio del Hijo. Y, en contraste con lo que generalmente decimos a los niños: «Cuando seas grande comprenderás esto o aquello», ¿a quién precisamente fue hecha una revelación semejante? ¡A los niños y a los que se les parecen por la humildad y sencillez de su fe! ¿Cumplimos nosotros con estas condiciones?

El buen samaritano – La buena parte

Interrogado por un doctor de la ley (v. 29), Jesús devolvió la pregunta a la conciencia de su interlocutor (v. 36). Este, para esquivarlo, quiso limitar el amplio significado de la palabra “prójimo”. Pues bien, el Señor le enseñó que este prójimo es primeramente él, Jesús (v. 36-37), y que por su ejemplo un redimido viene a ser, por amor, prójimo de todos los seres humanos. En el hombre despojado y herido vemos reflejado al pecador perdido y sin recursos; en el sacerdote y el levita vemos los vanos recursos de la religión; y, en el buen samaritano, al Salvador que se acerca a nuestra miseria y nos aleja de nuestra trágica suerte y desesperación. El mesón nos hace pensar en la Iglesia, en donde el hombre salvado recibirá los cuidados apropiados, y el mesonero en el Espíritu Santo que lo atiende por medio de la Palabra y la oración (los dos denarios), temas de los versículos 34-35 y del capítulo 11:1-13. En conclusión, el Señor ya no dice: «Haz esto (cumple la ley) y vivirás», como en el versículo 28, sino: “Vé, y haz tú lo mismo” (v. 37).

La siguiente escena se desarrolló en una casa amiga. Jesús fue recibido, servido, escuchado y amado. Pero el servicio acaparó los pensamientos de Marta y por eso tuvo que ser reprendida. El corazón de María, abierto a su Palabra, regocijó al Salvador (1 Samuel 15:22).