Capítulo 17
Los cristianos solo son siervos – Los diez leprosos
Es normal que el mundo, donde reina el mal, esté lleno de escándalos y ocasiones de caída. Pero que un cristiano pueda ser tropiezo a los más débiles es infinitamente triste y grave para él.
Aquel que perdona (cap. 7:48) nos enseña cómo debemos perdonar (v. 3-4). Los apóstoles sentían que para obrar según estos principios de gracia necesitaban más fe, y se la pidieron al Señor. Este les respondió que otra virtud era indispensable: la obediencia, porque conociendo y haciendo la voluntad de Dios podemos contar con él. Sí, la fe no se separa de la obediencia ni la obediencia se separa de la humildad. Siervos inútiles: es lo que debemos pensar de nosotros mismos, pues Dios puede trabajar sin nosotros; si nos emplea es por pura gracia. Mas el Señor no piensa así de nosotros, pues nos considera sus amigos (comp. v. 7-8; 12:37; Juan 15:15).
Diez leprosos encontraron a Jesús, clamaron a él y fueron sanos. Uno solo, el samaritano, dio las gracias a su Salvador. Así, en la gran cristiandad, en medio de todos los que son salvos, solamente un pequeño número sabe “volver” para rendir culto al Señor. ¿Lo hacemos nosotros?
La futura aparición de Cristo
Fuera de toda lógica, los fariseos se preocupaban por saber cuándo vendría el reino de Dios… mientras se negaban a reconocer al Rey que se encontraba en medio de ellos (v. 21). El reino de Dios, a menudo mencionado en el evangelio de Lucas, es la esfera en donde los derechos de Dios son reconocidos. Comprende primero el cielo, y por esta razón también encontramos, especialmente en Mateo, la expresión “el reino de los cielos”.
Pero también debía extenderse a Israel y a toda la tierra. Entonces el Rey, con el fin de poner a prueba a sus súbditos, vino bajo una humilde apariencia, sin llamar la atención (v. 20); y como tal fue rechazado. ¿Cuál es el resultado? El hecho de que hasta ahora el reino exista solo bajo su forma celestial. Mas llegado el momento, se establecerá sobre la tierra, pero a través de repentinos y terribles juicios. El diluvio y la súbita destrucción de Sodoma son ilustraciones muy solemnes. Los versículos 27-30 son igualmente una figura de nuestra época. Sin embargo, existe otro ámbito en donde los derechos morales del Señor son reconocidos desde ahora: los corazones de los que le pertenecen. Amigo, ¿es su corazón «una provincia» del reino de Dios?
