Proverbios
Proverbios

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 6

¡Cuidado, trampa!

Ser fiador es recomendar a alguien y garantizar los compromisos que él contrajo. En apariencia, esto nace de un buen sentimiento. Pero Dios aborrece la fianza, primeramente porque traduce la confianza en el hombre, luego porque dispone inconsideradamente del porvenir, el que le pertenece solo a Dios (Jeremías 17:5; Santiago 4:13-14).

Al perezoso, los versículos 6 a 8 le aconsejan que visite un hormiguero. ¡Cuántas provechosas lecciones se pueden aprender junto a ese pequeño y laborioso pueblo!: diligencia, perseverancia, prudencia, orden, ayuda mutua, libre disciplina. Ni una hormiga queda inactiva, y, si la carga es demasiado pesada, una compañera acude en su ayuda. Sepamos observar las vivientes instrucciones que Dios dispuso para nosotros aquí y allá en su creación.

Ya vimos que todos los miembros del creyente deben ser guardados y santificados para Dios (cap. 4:21-27; 5:1-2). Los versículos 12 a 19 nos muestran cómo esos mismos miembros están puestos al servicio del mal por el hombre natural. Tal era también nuestra condición cuando éramos esclavos del pecado. Pero Romanos 6:18-19 nos recuerda que fuimos libertados y nos exhorta firmemente a entregar ahora nuestros miembros para servir a la justicia.

Una seria advertencia

Desde el principio del libro, inmediatamente después del temor de Jehová se le recuerda al joven creyente un primerísimo deber: escuchar a sus padres y obedecerles (cap. 1:8-9). Los versículos 20 a 22 vuelven sobre este importante tema para dar a la enseñanza del padre y de la madre el mismo lugar que el que Deuteronomio 11:18-19 atribuye a las palabras de Dios mismo (véase también Proverbios 23:22). Obedecer a sus padres es, pues, obedecer a Dios, cosa no solo justa (Efesios 6:1) sino también que agrada al Señor” (Colosenses 3:20). ¡Es de desear que esa obediencia sea visible en las casas cristianas, tanto más cuanto que ella declina mucho en el mundo actual! (2 Timoteo 3:2). A la influencia del hogar familiar se opone una vez más la de la mujer extraña, la que personifica al pecado (cap. 2:16; 5:3, 20; luego cap. 7:5). No nos extrañemos de esas repetidas exhortaciones a estar alerta. Por experiencia sabemos que las tentaciones se renuevan. Serán más apremiantes en la medida en que encuentren en nuestros pensamientos o en nuestras costumbres una impureza no juzgada.

También la pereza abre mucho las puertas de la codicia carnal, como nos lo enseña la historia de David y su horrible pecado (2 Samuel 11).