Capítulo 11
Comportamientos en la sociedad
Hemos notado cómo la parte y el carácter del justo y del malo están puestos en contraste casi en cada versículo de estos capítulos. Ocurre así en la vida diaria del hijo de Dios: colocado al lado de los incrédulos de este mundo, su fidelidad está llamada a hacer resaltar la iniquidad de ellos y a la inversa. Él es recto e íntegro en medio de los perversos e impíos. Los versículos 9 a 14 presentan más particularmente el lado de la vida en sociedad. El justo no está llamado a vivir solo. Su presencia en medio de este mundo que le observa es un testimonio dado a este. La epístola a Tito nos advierte que hemos de vivir justamente… en el presente siglo a fin de adornar, como lo hacen las ilustraciones de un libro, “la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:10-12).
Con los humildes está la sabiduría (v. 2).
El creyente que permanece ante Dios nunca tiene una alta opinión de sí mismo. El mejor remedio para la soberbia es pensar en la grandeza del Señor Jesús. Esa soberbia que va acompañada de menosprecio hacia el prójimo es lo contrario de la inteligencia (v. 12). Porque esta última siempre me hará hallar motivos para estimar al otro como superior a mí mismo (Filipenses 2:3).
El egoísmo y sus consecuencias
La tendencia de nuestro egoísta corazón es acaparar y retener más de lo necesario (v. 24, 26). Pero, leamos en Lucas 6:38 lo que recomienda el Señor Jesús. El verdadero medio de ser bendecido uno mismo es ocuparse en el bien de los demás. A veces esto desafía la prudencia y la sabiduría humana, pero Dios no tiene la misma aritmética que el hombre. Derriba sus cálculos y sus precauciones. Y las riquezas siempre son una trampa para los que confían en ellas (v. 28; comp. Marcos 10:24; 1 Timoteo 6:17-18). "Ricos en buenas obras": tal debe ser nuestra ambicion, segun este último pasaje.
Sin embargo, existe en el mundo una cosa del más alto valor, la que somos invitados a buscar y a ganar. ¿Qué hay de más precioso que un alma? Para adquirir la nuestra, el Señor “vendió todo lo que tenía” (Mateo 13:44-46). Sí, “el que gana almas es sabio” (v. 30). Dichoso servicio, ¿lo sabemos? Era el del discípulo Andrés (Juan 1:41-43); y puede ser el nuestro también, cualquiera sea nuestra edad y nuestro grado de conocimiento. ¿Qué necesita especialmente el que quiere ganar un alma para el Señor? Precisamente esta sabiduría pronta a aprovechar bien el tiempo (Efesios 5:15-16). Y también el amor, hábil para hallar el camino del corazón (1 Corintios 9:19, 22).
