Proverbios
Proverbios

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 10

Dios es sensible a nuestra conducta

A partir de este capítulo, los Proverbios se presentan como una serie de sentencias inspiradas por la Sabiduría. No siempre es fácil captar su orden ni extraer de ellas los principales pensamientos. Por falta de lugar, aquí solo podremos detenernos cada día en un pequeño número de versículos.

El primero sirve de introducción general:

El hijo sabio alegra al padre (v.1).

Se completa con el versículo 24 del capítulo 23: “Mucho se alegrará el padre del justo” (véase también 15:20; 17:21, 25; 29:3). Pensemos en la satisfacción de nuestros padres cuando mostramos estos caracteres de justicia y de sabiduría según Dios. Pero, al mismo tiempo, elevémonos más alto para admirar al Hijo, cuya excelente sabiduría hacía las continuas delicias de su Padre. No solo en la eternidad pasada sino también durante su camino en la tierra (cap. 4:3; Mateo 3:17; 17:5).

Los versículos que siguen nos muestran en detalle de qué manera un hijo sabio honra y regocija a su padre: justicia práctica en la actividad (v. 4-5), en el andar (v. 9), en las palabras (v. 11, 13-14), esto es lo que manifestó Jesús y lo que regocijó infinitamente el corazón del Padre (véase Juan 8:29).

Las palabras siempre tienen un impacto

Un justo se da a conocer en particular por su lenguaje (comp. Mateo 26:73). ¿Le prestamos bastante atención? Ausencia de vocablos groseros, de palabra inconveniente o loca (Efesios 4:29; 5:4). Si tenemos la costumbre de decir todo lo que nos pasa por la mente, los versículos 19 y 20 se dirigen a nosotros. Pero,"plata escogida es la lengua del justo". Ella filtra las impurezas y solo deja pasar lo que tiene valor. El corazón del creyente contiene dos fuentes que fluyen por la misma salida de nuestros labios (Santiago 3:9-11): el manantial de vida (v. 11; comp. Juan 4:14), capaz de apacentar a muchos (v. 21), y la fuente impura de nuestra carne, la que deja brotar todo mal pensamiento (Mateo 15:18-19; véase también Proverbios 12:18). La instrucción de la Sabiduría nos enseñará tanto a hablar como a callar (léase la oración del Salmo 141:-3).

En los versículos 24 a 30 se compara la suerte del justo y la del impío. El malo teme (v. 24); no es el temor de Jehová, sino un vago y supersticioso terror que tiene como telón de fondo la muerte, para la cual no está preparado (Job 15:20-21). ¡Cuán diferente es la parte del creyente! Para la vida presente Dios le otorga sus justos deseos (v. 24). Y, en cuanto al porvenir, su corazón se alegra con una bienaventurada esperanza (v. 28).