Proverbios
Proverbios

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 23

Cálculos erróneos

Los versículos 1 a 6 ponen en guardia contra las codicias. Es tan peligroso desear los manjares delicados de los grandes de este mundo (v. 3) como las del hombre que tiene ojo maligno (v. 6, V. M.; Salmo 141: fin del v. 4). Luego, uno queda ligado a aquellos cuyo favor buscó. El pan de ellos es engañoso. El provecho que se saca en el momento resulta ser más tarde la fuente de muchas miserias. Las preocupaciones son inevitables cuando se persigue el logro de bienes terrenales. La prudencia, tal como los hombres la entienden, los impele a cansarse para adquirirlos. Así se imaginan que aseguran su porvenir y el de sus hijos. Pero, ¡es un cálculo equivocado! Esas riquezas son fugitivas; “… porque se harán alas” (v. 5; comp. Santiago 5:2); por eso la Sabiduría manda que se desista de la intención de hacerse rico (v. 4). La verdadera prudencia consiste no en adquirir riquezas sino en emplear para los demás las de nuestro Señor (Lucas 16:8).

El versículo 13 nos recuerda la negligencia de David en la educación de sus hijos (véase 1 Reyes 1:6). Una corrección corporal no acarrea la muerte. Al contrario, el hecho de no recurrir a ella puede tener un resultado fatal (2 Samuel 18:33). Liberar a nuestra alma del Seol: ¡a la verdad, lo que se juega es capital! Sí, apliquemos nuestro corazón a esa instrucción (v. 12; comp. cap. 22:15).

Respeto a los padres – Dar el corazón al Señor

Dame, hijo mío,tu corazon (v.26).

No te pido primero tal parte de tus recursos o de tu tiempo, sino tus afectos. El resto vendrá luego. Al darme tu corazón por entero –dice Jesús– no haces sino devolverme lo que me pertenece, porque él es mi salario, tan caramente adquirido en las horas de la cruz. Los macedonios mencionados por Pablo en 2 Corintios 8 se habían dado ellos mismos al Señor.

El fin del capítulo describe la trágica inconsciencia de aquel a quien embrutece el alcohol. Está vencido por el vino (Isaías 28:1 fin), incapaz de resistir a las tentaciones carnales (v. 33) y se arruina completamente (v. 21).

Querido amigo, ¿qué vas a hacer de tu corazón?