Proverbios
Proverbios

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 4

Enseñar a los niños

El hijo de padres creyentes empieza a adquirir en su familia los rudimentos de la sabiduría según Dios. Discutir, menospreciar o abandonar “la buena enseñanza” oída en casa son actitudes que no pueden ser bendecidas y constituyen el demasiado frecuente punto de partida de vidas perdidas para el testimonio (comp. v. 10 con Éxodo 20:12).

El padre hará notoria tu verdad a los hijos
(Isaías 38:19).

La enseñanza cristiana es la responsabilidad del jefe de familia, quien transmite a sus hijos lo que, a menudo, él mismo recibió de sus propios padres (Salmo 78:4-6). Salomón, el inspirado escritor de los Proverbios, sin duda recuerda las últimas palabras de su padre David (v. 3; 1 Reyes 2:1-3).

Los versículos 11 a 13 nos instruyen en cuanto al andar y los versículos 14 a 19 en cuanto al camino. Se nos describe el camino de los malos para que sepamos evitarlo y emprender firmemente esa senda de los justos”, la cual es “como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto”. La sabiduría es un dominio en el cual se progresa poco a poco (comp. Lucas 2:52). Lo que no es normal es detenerse en este crecimiento, lo que es debido a un mal estado de la conciencia. ¡Es de desear que este versículo 18 resuma la vida de cada uno de nosotros!

Influencia del corazón sobre todo nuestro ser II

Todos los sentidos, todos los vitales órganos del creyente deben quedar bajo el control de la sabiduría. Querido amigo creyente, Dios ha puesto esa sabiduría a tu disposición (Santiago 1:5). Mediante ella eres responsable de vigilar tu oído (v. 20), tus ojos (v. 21, 25), tus pies (v. 26-27; véase Salmo 119:101), tus pensamientos, tus labios (cap. 5:2). Y sobre todo tu corazón, ese centro motor que gobierna a todo el ser (v. 23). Si es atrapado, estás perdido. ¡Cuántos han malogrado su vida y derramado amargas lágrimas por haber dejado que en el tiempo de su juventud se desarrollara una inclinación que no era según el Señor!

Así como los labios son la puerta de salida del corazón, los ojos son su principal puerta de entrada. Cuidemos, pues, que nuestros ojos miren rectamente hacia adelante, puestos en Jesús, meta de la carrera de la fe (Hebreos 12:2). De esta manera ninguna codicia podrá hallar un complaciente acceso al corazón.

Los versículos 8 y siguientes describen la miseria de aquel que se ha dejado apartar por la “mujer extraña”; da sus años al cruel (v. 9). Demasiados años hemos dado a Satanás antes de nuestra conversión. ¿Querríamos volver a estar bajo su dominio?