Capítulo 26
Comportamiento de un individuo obstinado
No es la honra sino la vara lo que conviene al necio para hacerle tomar el camino de la sabiduría (v. 1-8). De una manera general, la disciplina del Señor y la reprensión del justo nos hacen progresar más que los cumplidos y las honras. Pero no actuemos sin inteligencia, como esos animales domésticos a los que solo el látigo y la rienda son capaces de hacer obedecer cuando “no se acercan a ti” (v. 3; Salmo 32:9). En efecto, ¡cuán preferible es adquirir sabiduría al dejarnos instruir por la Palabra antes que hacer penosas experiencias!
El ejemplo del profeta Micaías ante Acab nos muestra que los versículos 4 y 5 no se contradicen (1 Reyes 22:13-28). Al contestar al rey insensato según su locura (v. 15), Micaías turbó su conciencia, haciéndole sentir a disgusto. Al contestarle luego según los divinos pensamientos y no según su locura, el varón de Dios mostró claramente que no tenía nada que ver con esta (v. 17). También nosotros dejémonos conducir por el Espíritu de Dios para saber –según la oportunidad– cuál de las dos respuestas hemos de darle al necio.
Un andar cojo, trátese del justo (cap. 25:26) o del necio (cap. 26:7, 9), quita toda la fuerza al testimonio verbal. Sí, cuidemos que nuestro andar prepare el Evangelio de la paz (Efesios 6:15).
Más descripciones del corazón humano
Después del retrato del necio (v. 1-12), vemos aquí otros personajes igualmente detestables. El primero es el perezoso (v. 13-16), a quien ya encontramos a menudo. Toma como pretextos peligros o dificultades imaginarios para sustraerse a sus deberes (v. 13) y hasta descuida de alimentarse (v. 15). “La puerta gira sobre sus quicios” (v. 14); «efectúa un movimiento de vaivén, pero queda en el mismo lugar. ¡Preguntémonos si avanzamos más que ella, si hicimos algunos progresos en nuestra vida cristiana!» escribió un creyente. El perezoso se vuelve en su cama. Es posible moverse y agitarse sin llevar a cabo ninguna actividad útil.
También se describe al pendenciero (v. 17-21). El hábil para atizar el fuego de las disputas. Pero el versículo 17 tiene muchas aplicaciones. Tomar partido por conflictos sociales, sindicales, políticos… expone a un hijo de Dios a crueles «mordeduras». Vienen luego el chismoso –quien también contribuye a alimentar las querellas (v. 20-22)– y el falso, quien disfraza el odio de su corazón bajo amables palabras… (v. 23-25; ejemplo 2 Samuel 20:9-10; Jeremías 12:6). Jesús tuvo que ver con diferentes formas de maldad y de hipocresía denunciadas en estos versículos (Mateo 17:17; Salmo 38:12). ¡Cuánto sufrió a causa de ellas!
