Capítulo 29
La vida en sociedad
En este libro el sabio y el necio, el justo y el malo, el pobre y el rico, el rey y el servidor son considerados según sus relaciones recíprocas y sus responsabilidades ante Dios.
Los versículos 1 y 2 se conectan con el capítulo 28. “El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado…”. Si el orgullo de un hombre no es quebrantado, él mismo lo será repentinamente y sin remedio junto con el inicuo (cap. 6:15). Tal fue la suerte de Faraón, de Saúl, de Absalón… Pero siempre es grave, aun para un creyente, menospreciar la disciplina del Señor (Hebreos 12:5). “El hombre que ama la sabiduría alegra a su padre…” (v. 3). Este versículo, veraz en lo que toca a nuestras familias, con más razón es aplicable a la familia de Dios. Es un gozo para el Padre ver cómo sus hijos aman la Sabiduría, la que es Jesucristo mismo (2 Juan 4; 3 Juan 4).
Varios versículos nos hablan de la justicia. Se la exige especialmente del gobernante o del rey (v. 4, 12, 14), pero todos los que son justos (v. 7; es decir, justificados por la obra de Cristo) deben tomar conocimiento de la causa del pobre con simpatía, con interés.
Todas esas enseñanzas se refieren especialmente a la vida en sociedad.
Una buena educación – Más advertencias
“La vara y la corrección dan sabiduría…”. La vara puede ser empleada en un sentido estricto para con los niños o bien tomar todas las formas de la disciplina del Señor para con los suyos. No hay peor castigo que el de ser abandonado a sí mismo (v. 15; Salmo 81:12).
La precipitación en las palabras (v. 20), la ira (v.22), la soberbia (v. 23) están en el origen de muchas transgresiones. Pero, en contraste con el primer Adán, este versículo 23 dirige nuestras miradas hacia Jesús. Su camino de humildad sin par tiene por contrapartida la suprema gloria (comp. Filipenses 2:5-11).
El temor del hombre arma otra trampa; no puede ir a la par con el temor de Dios (v. 25). Al querer agradar a los hombres (o no desagradarles) se deja de agradar al Señor. ¡Cuántos fueron arrastrados al mal por malos compañeros, a los cuales no se atrevieron a decirles no! Si hemos de tomar una valiente posición y tememos sus consecuencias, confiemos en Dios; Él nos pondrá en un “alto refugio”.
Finalmente, el versículo 27 nos recuerda que no hay comunión alguna entre la justicia y la iniquidad (2 Corintios 6:14-15). ¡Dios nos guarde en su comunión!
