Capítulo 14
Sabio o necio
La sabiduría de las mujeres está en relación con “su casa” (v. 1). En nuestro siglo, en el que la mujer casada a menudo busca desempeñar un papel en todos los campos, salvo en el de su propio hogar, es oportuno subrayar esta enseñanza bíblica (Tito 2:5). ¿No es necesaria toda la sabiduría divina para la educación cristiana de los hijos? Aun las cotidianas tareas de la casa, que les parecen demasiado humildes y monótonas a algunas, tienen un gran precio para el Señor.
Varios versículos establecen lo que Dios llama la locura. Él no la aprecia según los mismos puntos de vista que el mundo (1 Corintios 1:19-20). Uno de los caracteres del necio es que se mofa del pecado (v.9). Es al mismo tiempo menospreciar la cruz que fue necesaria para quitar el pecado; y no hay más grande ultraje para Dios.
El versículo 13 define la alegría del incrédulo en contraste con la del creyente (cap. 13:9). La esperanza del cristiano mantiene la alegría en su corazón aun a través de sus penas. Puede ser a la vez “entristecido, mas siempre gozoso” (2 Corintios 6:10). Mientras que para el mundo es a la inversa: “Aun en la risa tendrá dolor el corazón” (v. 13). Pobre y siniestra alegría la que por un corto momento solo oculta la perspectiva del terrible juicio venidero.
Ira
“El que fácilmente se enoja hará locuras” (v. 17; comp. Eclesiastés 7:9). Al contrario:
El que tarda en airarse es grande de entendimiento”(v. 29;
véase también Santiago 1:19); y es un carácter a menudo atribuido a Dios mismo (Éxodo 34:6; Números 14:18 etc.). ¡Cuántos hechos o palabras pronunciadas en un momento de irritación luego se deploran amargamente! Antes que un espíritu impaciente mostremos más bien ese gran entendimiento: hagamos preceder la explosión de nuestra ira por un momento de reflexión (o mejor aun de oración). Más de una vez comprobaremos que después no subsiste ningún valedero motivo para nuestra irritación. El que sabe que tiene la aprobación de Dios es capaz de contar apaciblemente con Él (comp. 1 Reyes 22:24-25). “El que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado” (v. 21). Con el pretexto de que las buenas obras son sin valor para efectuar nuestra salvación, podríamos sentirnos inclinados a descuidarlas. Pero justamente los hijos de Dios son invitados a “ocuparse en buenas obras” (Tito 3:14), sin perder de vista, no obstante, que el estado de las almas es más importante que las necesidades materiales. El versículo 25 nos recuerda al Testigo por excelencia… pero igualmente lo que debe caracterizar todo testimonio fiel: mostrar a las alas el camino de la liberación.
