Capítulo 17
Seguir la paz con todos; no revelar lo que no se debe revelar
La paz en una casa tiene más importancia que toda forma de riqueza y de prosperidad (v. 1). El versículo 14 nos enseña cómo empiezan las querellas. Se dejan escapar desdichadas palabras, “como quien suelta las aguas” (v. 14). ¡Trate, luego, de volver a agarrarlas! Pero, cuando la disputa empezó y amenaza enardecerse, la sabia actitud –recordémoslo– es la de irse. También ocurre que, sin formar parte de los reñidores, uno sea el causante de una desavenencia. Por ejemplo, al repetir una cosa en lugar de taparla (v. 9). “El amor cubrirá todas las faltas” (cap. 10:12; 1 Pedro 4:8). Callar las faltas de otro no es disculparlas, al contrario, es sufrir a causa de ellas al punto de tener vergüenza de repetirlas.
El entendido es aquel que, para hacer progresos, sabe sacar partido de toda enseñanza, inclusive de la reprensión.
La fe en el corazón del creyente es mucho más preciosa que el oro. No puede perecer. Pero es necesario que la prueba la purifique de toda aleación. Dios se dedica a ello como el afinador de Malaquías 3:3. Su trabajo limpia a los suyos de todo lo que no es compatible con su santidad y nuestro más grande interés consiste en dejarle obrar (Job 23:10).
La sabiduría divina está a nuestro lado – La verdadera amistad
«Verdaderamente es una gran gracia de parte de Dios aplicar la sabiduría divina a todos los detalles de la vida del hombre en medio de la confusión que produjo el pecado» (J. N. Darby). ¡De ahí nuestra responsabilidad de poner en práctica esta sabiduría en nuestra vida cotidiana! Nos es dada para ser vivida y el hombre entendido la guarda “ante el rostro” (v. 24, V. M.; Eclesiastés 2:14). Al contrario, el insensato dispersa su imaginación en quimeras y vanas codicias hasta el extremo de la tierra. Pensamos en el hijo pródigo disipando locamente los bienes de su padre en una provincia apartada. ¡Y qué pena causa un hijo insensato a sus padres! (v. 21 y 25). Imitemos a Salomón, el autor de este libro, quien había sabido pedir para sí mismo “un corazón entendido” (1 Reyes 3:9).
El que sale fiador es un falso amigo. Confía inconsideradamente en su prójimo e incita a este último a contar con él (v. 18; Jeremías 17:5). En cambio, el versículo 17 nos da el medio de reconocer a un verdadero amigo. Él se revela en las dificultades y descubrimos lo que es un hermano. “En todo tiempo ama el amigo…”. ¿Quién mejor que el Señor Jesús merece este nombre? (Juan 15:13). «Él es nuestro supremo Amigo» –dice un cántico– «Su corazón nunca se cansa». ¡Qué inmenso amor!
