Capítulo 28
El perdón solo se puede obtener mediante una confesión sincera
El versículo 1 nos recuerda los espantos anunciados como castigo sobre el Israel culpable (Levítico 26:36-38). En general, el comportamiento de un hombre depende del estado de su conciencia (v. 1). Si es mala, él se sentirá siempre inquieto y verá señales de peligro por todas partes. Al contrario, si es buena, tendrá seguridad ante Dios y los hombres (1 Juan 3:21; Génesis 3:8). El versículo 13 es capital. Le traza al pecador el camino del arrepentimiento y del perdón. También explica por qué ciertos cristianos no hacen progresos. Para volver a hallar el camino de la comunión con Dios es indispensable confesar las faltas propias. Pero, luego, todavía es necesario abandonarlas con la ayuda del Señor. Si no, la confesión no se hace con rectitud; casi se puede decir que es mofarse de Dios.
En suma, muchas más cosas de las que pensamos resultan de nuestro estado moral. Por ejemplo, la verdadera inteligencia es la parte de los que buscan a Jehová. Entienden todas las cosas (v. 5), mientras que hay personas que no dejan de formular las mismas preguntas, en el fondo porque la persona de Cristo tiene poco valor para ellas. El versículo 9 nos muestra que la obediencia a Dios y la respuesta a las oraciones están igualmente ligadas (comp. Juan 15:7).
«El fin no justifica los medios»
Querer conciliar el camino ancho y fácil de nuestra propia voluntad y el camino estrecho de la obediencia al Señor es tener un andar tortuoso que terminará en una caída cierta (v. 18). La meta que un hombre persigue, sea la de enriquecerse (v. 20) o simplemente la de obtener un pedazo de pan (v. 21), es para él la ocasión (y la excusa) para cometer muchas transgresiones. Se oye decir: «El fin justifica los medios». ¡Qué contraste con el Hombre perfecto! En el desierto, Él rechazó la sugestión del Tentador de que se procurara pan de otro modo que no era recibiéndolo de su Padre.
Los versículos 22 a 27 muestran que la prudencia de los hombres acaban en cálculos equivocados en distintos campos: parece más hábil lisonjear al prójimo que reprenderle, si se quiere ganar su favor. Sin embargo, más tarde resultará lo inverso (v. 23). Antes de dar a los demás, el «buen sentido» manda asegurarse de que a uno mismo no le faltará nada. ¡Algunos llegarán hasta a hablar de «caridad bien entendida»! Pero la promesa del versículo 27 hace depender nuestro bienestar de nuestra generosidad. Dios se compromete a subvenir a las necesidades de los que así hayan dado una prueba a la vez de amor y de confianza en Él (Salmo 41:1-3).
