Proverbios
Proverbios

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 30

Agur: su relación con Dios

Hasta aquí Dios habló por Salomón, el más sabio entre los sabios. Pero ahora, como para mostrar que su Libro no debe nada a la inteligencia humana, Él se sirve de Agur, un hombre que reconoce ser más rudo que ninguno.

Después de haberse presentado así (v. 2) y habiendo confesado su profunda ignorancia, Agur empieza por formular preguntas fundamentales: ¿Quién es el Creador? ¿Quién es su Hijo? ¿Cómo acceder al cielo? Para contestarlas, fue necesario que Dios se revelara, que bajara Él mismo de ese cielo al cual el hombre no podía subir y que comunicara sus gloriosos consejos en su limpia Palabra (v. 5; comp. las preguntas del v. 4 con Juan 3:13; Efesios 4:10; Marcos 4:41; Lucas 1:31-32).

Agur conoce su mente limitada, pero también sabe que su corazón es perverso y dirige a Dios una doble oración, pidiendo: 1) que la vanidad (la búsqueda de la propia estima, de la buena opinión de los hombres) y la palabra de mentira se alejen de él; 2) que permanezca dependiente porque mide los peligros tanto de la riqueza como de la pobreza. ¡Sabias peticiones en las cuales podemos inspirarnos!

Sin ilusión acerca de sí mismo, Agur también conoce los principios del mundo: rebeldía, propia justicia, altivez y opresión (v. 11-14). ¿Mejoró nuestra “generación” en relación con la suya?

Reflexiones de Agur sobre el mundo

Para nuestra instrucción Agur observó o reagrupó cosas peligrosas u odiosas y otras, al contrario, sabias o bellas. La codicia de los ojos y la de la carne reclaman ser satisfechas: “¡Dame! ¡dame!”. Tienen la misma madre insaciable: la sanguijuela, es decir, esa sed de goces que afecta a cada hombre hasta consumir su vida (v. 15-16). A esas codicias se agrega la soberbia (1 Juan 2:16). Se manifiesta de muchas maneras, pero el versículo 17 –al que los jóvenes deben considerar muy seriamente– pone especialmente el acento en el desprecio por la autoridad y el espíritu de independencia. Paralelamente con estos principios del mundo, los versículos 18 y 19 evocan los misteriosos caminos de Dios tanto en juicio como en amor. Los versículos 21 a 23 enumeran cuatro cosas detestables porque trastornan el orden establecido por Dios. Luego nos enteramos de que la sabiduría va a la par con el sentimiento de la propia debilidad, con la prudencia, la confianza, la comunión y la pequeñez (v. 24-28); mientras que la hermosura está ligada al andar (v. 29-31). ¡Cuántas lecciones podemos aprender en la compañía de un hombre que se declara rudo pero cuya humildad lo coloca precisamente en el rango de los sabios según Dios! (1 Corintios 1:26-29; 2:12-13; 8:2).