Capítulo 16
Presentarle nuestra agenda, nuestros planes y nuestros deseos
Recordemos que la mayoría de los pensamientos y de las máximas contenidas en este libro de los Proverbios tienen entre sí vínculos que es importante establecer para extraer sus enseñanzas.
“Del hombre son las disposiciones del corazón” declara el versículo 1. “El corazón del hombre piensa su camino” prosigue el versículo 9. Y estos proyectos, estos designios pueden parecer limpios (v. 2) y rectos (v. 25) a todo aquel que no conoce su corazón ni juzga sus motivos. Por ejemplo una limosna, cosa buena en sí, puede ser hecha para ser vista de los demás (Mateo 6:1). Pero Dios, quien pesa los espíritus y los corazones (cap. 21:2) discierne en nuestras intenciones tal camino de perversidad o de muerte (v. 25; Salmo 139:24). Sigamos el consejo del versículo 3 y encomendémosle nuestros asuntos, pequeños o grandes (Job 5:8). Dejarle obrar, trazar nuestros caminos, dictar nuestras palabras, esto es dependencia, actitud que le agrada al Señor y garantiza nuestra seguridad.
Los versículos 10 a 15 nos enseñan lo que conviene a los reyes. A propósito de esto, recordemos la dignidad a la cual la gracia del Señor nos ha hecho acceder (Apocalipsis 5:10). Nobleza obliga, se dice a veces (comp. Isaías 32:8). La justicia y la rectitud deben caracterizar a los coherederos del reino.
Contraste entre el sabio y el incrédulo
Si se anuncia el descubrimiento de yacimientos de oro en algún punto del globo, en pocas semanas se verá construir allí ciudades enteras. Una publicidad que señale un fácil medio de ganar dinero recibirá innumerables respuestas. En cambio, adquirir la sabiduría no suscita competición alguna (comp. v. 16). Solo el discípulo de Jesús que tiene cuidado de su Palabra conoce el valor de ella (v. 20; Salmo 119:127). Los despojos compartidos con los soberbios no tienen atracción para él. Se complace con los humildes y benévolos (v. 19).
El corazón del sabio hace prudente su boca (v. 23). El amor le dicta “los dichos suaves” que serán como un bálsamo para las almas enfermas.
En contraste con el hombre recto (v. 17) y “sabio de corazón” (v. 21), los versículos 27 a 30 nos ofrecen el retrato del “hombre de Belial” (v. 27, V. M.), “perverso”, “violento”. “Cava en busca del mal”, divulga lo que ha descubierto, siembra contiendas, divide y lleva a hacer el mal. Guardémonos de ese peligroso compañero y sigamos en este mundo el camino de los hombres rectos, el que nos obliga a tener mucha prudencia para evitar el mal (v. 17; 2 Timoteo 2:22). Finalmente, meditemos el versículo 32. La más hermosa victoria que un hombre pueda lograr consiste en dominar su propio espíritu (en contraste con cap. 25:28).
