Capítulo 15
¿Qué es lo mejor?
Ayer aprendimos que el medio de aplacar nuestra propia cólera es la paciencia y la oración. Ahora, he aquí un remedio para la ira de los demás: este soberano bálsamo se llama “la blanda respuesta”. La humilde y apacible respuesta de Gedeón a los hombres de Efraín en Jueces 8:1-3 pudo más que la irritación de ellos. Y no es la menor de las victorias de ese hombre de fe. Al contrario, “la palabra áspera” abre una herida que luego es muy difícil de curar.
Comparemos los versículos 5, 10 y 12 (así como los v. 31-32). Atender “a la reprensión” (v. 5, V. M.) o a la corrección permite que uno se haga prudente. Es tomarlas en cuenta para no volver a obrar mal. El capítulo 13:24 (y Hebreos 12:6 en relación con Dios) nos hizo notar que, contrariamente a las apariencias, los padres muestran su amor al disciplinar a sus hijos. El secreto para aceptar la reprensión, por consiguiente, está en comprender que es dictada por el verdadero amor y que tiene en vista «nuestro provecho». No seamos como el escarnecedor, quien no ama al que le reprende (v. 12).
“La oración de los rectos” es el gozo de Jehová, afirma el versículo 8. En efecto, la rectitud es la ausencia de voluntad propia, la plena sumisión al pensamiento de Dios, quien, entonces, podrá satisfacer tal oración (1 Juan 5:14-15).
Los verdaderos valores
Los versículos 16 y 17 nos enseñan cuáles son los verdaderos valores aquí abajo: el temor de Dios con el amor que viene de él. “Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”, atesta el apóstol. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Timoteo 6:6-8).
Subrayemos este versículo:
La palabra a su tiempo, ¡cuán buena es (v.23)!
¡Cuántas veces guardamos silencio cuando habría que decir una palabra! Y, en general, ello se debe a una falta de ánimo o de dependencia del Espíritu Santo (Mateo 10:19-20). Pero cuando, con el socorro del Señor, hemos aprovechado la ocasión para hablar de Él, experimentamos la primera parte de este versículo: el gozo viene a llenar nuestro propio corazón.
Nuestro capítulo se termina con este proverbio tan a menudo comentado por el Señor Jesús: “A la honra precede la humildad” (véase Mateo 18:4; 19:30; 20:27-28; 23:11-12 y sig.). Pero Él no se contentó con enseñarlo con sus palabras. ¿Quién jamás se humilló como Él? Por eso, nadie será más exaltado.
