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Un comentario sobre la epístola a los Efesios

Es una gran bendición que Dios se haya revelado a este mundo pecador, manifestando su gracia. Pero Él hizo más que esto, pues reveló a los creyentes los consejos secretos de su amante corazón. Para conocer las bendiciones que encierran estas revelaciones, debemos remitirnos a la epístola que el apóstol Pablo dirigió a los Efesios, donde hallamos una inspirada exposición acerca del despliegue de los designios de Dios para la gloria de Cristo, y las bendiciones reservadas para aquellos que están destinados a participar de Su gloria.

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Mensaje para todos

Permaneced en mí

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

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¿Barrabás o Jesús?

La lucha entre las tinieblas y la luz, de la cual somos testigos, confirma la verdad enunciada al principio del evangelio según Juan: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (cap. 1:9).

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“Consumado es”

La obra hecha en la cruz ofrece aun otro aspecto que, en todas las épocas, ha llenado de admiración a quienes han meditado en ella. Es lo que expresa esta estrofa de un cántico:

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“Crucificado en debilidad”

“Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera” (Marcos 15:22).

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El andar del creyente como hijo de Dios

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El andar del creyente como quien confiesa al Señor

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El andar del creyente con relación a los afectos naturales

Esta parte nos exhorta acerca de la conducta conveniente que deben adoptar los creyentes en sus relaciones terrenales. En primer lugar, el apóstol habla de la más íntima de estas relaciones, es decir del matrimonio (v. 22-23); luego, de los hijos y de los padres (cap. 6:1-4); y finalmente de los siervos y de los amos terrenales (cap. 6:5-9).

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El andar del creyente en relación con la Iglesia

Los tres últimos capítulos de la epístola constituyen la parte práctica de ella, en la que el apóstol exhorta a andar de una manera digna de las grandes verdades presentadas en los tres primeros capítulos. Notaremos que, como creyentes, somos exhortados a mantener una conducta que esté en armonía con nuestros privilegios y responsabilidades en tres diferentes relaciones.

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El fin del traidor

“Entonces Judas, que le había entregado, viendo que era condenado, lleno de remordimiento…” (Mateo 27:3; V. M.). Sin duda no había pensado en tal desenlace para el Señor, quien siempre había logrado escapar de las conspiraciones de sus enemigos. Judas había juzgado que era la ocasión favorable para satisfacer una vez más su codicia.

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El oprobio de los hombres y el despreciado del pueblo

Consideremos ahora los acontecimientos que caracterizaron el fin de “la noche que fue entregado”, escena durante la que el “Señor de gloria”, “el cual creó los confines de la tierra”, fue objeto de los más ignominiosos tratos de parte de sus criaturas.

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El propósito de Dios en Cristo

En el capítulo 1 se nos presenta la revelación del propósito de Dios respecto a Cristo y su Iglesia. En los capítulos siguientes descubriremos los caminos llenos de la gracia de Dios para formar la Iglesia. Pero primeramente se nos revela el propósito de Dios con miras a la eternidad, a fin de que, mientras permanecemos en el tiempo, podamos penetrar en sus caminos con entendimiento.

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“Fuera del campamento”

“Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron. Y él, cargando su cruz, salió…” (Juan 19:16-17). En el transcurso de los tiempos, ¡cuántos creyentes han sentido su corazón oprimido al detenerse a considerar esta escena! Poco antes, Pilato había dicho al pueblo: “Mirad, os lo traigo fuera… Y salió Jesús” (Juan 19:4-5).

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“He ahí tu madre”

“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena” (Juan 19:25-27). ¡Cuán preciosas eran las relaciones que estas mujeres mantenían con Jesús! Ellas lo habían seguido desde Galilea y “le servían de sus bienes” (Marcos 15:41; Lucas 8:2-3). “Y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén”.

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“He aquí el Cordero de Dios”

Hasta aquí hemos seguido, con el corazón oprimido, al “varón de dolores” por el camino donde sufrió de parte de los hombres. Pero ahora se abre un nuevo capítulo en la historia de la cruz. Comienza con estas palabras: “Y desde la hora sexta” (Mateo 27:45).

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“He aquí el hombre”

En el mismo instante en que Barrabás el malhechor fue librado, Jesús, de quien el más alto magistrado del país acababa de proclamar solemnemente su inocencia, fue entregado a los verdugos. “Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó” (Juan 19:1).

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“¡He aquí vuestro Rey!”

La perplejidad de Pilato había llegado a su colmo. Hasta ese momento los judíos se habían constituido en defensores de aquellos que comparecían ante él. Ahora sucedía todo lo contrario: él estaba convencido de la inocencia del acusado, ¡y ellos exigían su condena a muerte! Pilato no les ocultó su profundo desprecio:

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Herodes

Aunque no estuviese dispuesto a abrir su corazón a la verdad, Pilato estaba convencido de la inocencia de Jesús y de la futilidad de las acusaciones que levantaban contra él. Por eso se esforzaba por desprenderse de esta causa embarazosa.

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Judas Iscariote, el que entregó a Jesús

En los tres primeros evangelios, el relato de los acontecimientos que consideraremos en esta meditación comienza con estas palabras: “Mientras él aún hablaba”. El Señor, en su infatigable gracia, asistía a los suyos; entre tanto el que iba a entregarlo, “Judas, uno de los doce”, se acercaba en medio de las tinieblas.

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La conversión del ladrón

“Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él” (Mateo 27:44). Seguramente, nunca se habrá contemplado una escena igual: condenados a muerte injuriando sin motivos a otro ajusticiado.

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La lucha

La epístola a los Efesios termina con un llamativo pasaje, donde se nos presenta la lucha cristiana. Esta lucha no es el ejercicio de alma que podemos atravesar cuando buscamos comprender y asir la verdad.

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La manera en que Dios da a conocer su propósito

Ya hemos visto que el capítulo 1 presenta los designios de Dios en lo que respecta a la Iglesia, mientras que el capítulo 2 nos coloca frente a la obra de Dios en los creyentes y para con ellos, para cumplir Sus designios. El capítulo 3 desarrolla la administración de la verdad de la Iglesia o de qué manera Dios hizo que los gentiles conocieran esta verdad por medio del apóstol Pablo.

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La obra de Dios para llevar a cabo su propósito

El capítulo 1 nos ha revelado los designios de Dios para Cristo y la Iglesia, y termina con la oración del apóstol, quien desea que conozcamos el poder que opera para con nosotros y por el cual esos designios de amor tendrán cumplimiento.

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“Me negarás tres veces”

A continuación de los versículos que relatan el arresto del Señor Jesucristo, leemos: Todos los discípulos, dejándole, huyeron (Mateo 26:56).

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