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El Cristo – El Mesías
Unos jóvenes amigos creyentes nos pidieron una vez que habláramos del tema siguiente: ¿Son una misma persona el Cristo profético, el Cristo histórico y el Cristo vivo? Veamos, pues, lo que nos dice la Palabra al respecto.
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El Hijo de Dios
Había transcurrido algún tiempo desde la pesca milagrosa, cuando Pedro, de rodillas ante Jesús, le dijo: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador” (Lucas 5:8). Los discípulos siguieron a su Señor, vieron su poder, su corazón lleno de compasión, sus discusiones con los fariseos y otras sectas judías, y fueron testigos de su rechazo (Mateo 11:20-24;12:14).
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El Hijo del Hombre
En 1 Timoteo 3:16 se nos dice que el misterio de la piedad es grande: “Dios fue manifestado en carne”. En el Antiguo Testamento, Dios se dio a conocer de distintas maneras: por sueños, por visiones, por la aparición de un ángel, por la palabra dicha a los profetas “muchas veces y de muchas maneras” (Hebreos 1:1).
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El ministerio
El tema del ministerio ocupa un amplio lugar en las dos epístolas a Timoteo. Podría parecer prematuro presentarlo a los jóvenes creyentes; sin embargo, si el Señor aún no viene y lleva consigo progresivamente a aquellos que hoy tienen la carga del ministerio, los jóvenes serán llamados a ejercerlo a su turno, poco a poco y en la medida en que Dios los conduzca.
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El que “estaba sentado en el trono”
La más grande esperanza del creyente es la de ver al Señor Jesús “tal como es”; pero a menudo se pregunta: «¿Veremos a Dios?». En estos dos capítulos del Apocalipsis hay, sin embargo, personajes distintos: el que está sentado en el trono; el Cordero inmolado en medio del trono; los siete espíritus de Dios delante del trono.
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El Salvador
“El Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14). El nombre mismo de Jesús revela ese carácter: Jehová salva. El ángel dijo a los pastores: “Os ha nacido… un Salvador” (Lucas 2:11). Los samaritanos de Sicar dieron testimonio de ello: “Nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo” (Juan 4:42).
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El Señor
Después de mostrarnos la humillación de Cristo Jesús, Filipenses 2:9-11 nos presenta su exaltación: “Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla… y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.
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El servicio
El servicio confiado a Timoteo, tal como está relatado en los Hechos y en las epístolas, reviste dos aspectos:
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En el camino
¡Cuán hermosos son… los pies… del que anuncia la paz! (Isaías 52:7).
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En el huerto
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En el monte
El monte ocupa un lugar importante en la Palabra. A menudo Dios se reveló allí, y allí se sentía su presencia. En Moriah, Abraham y su hijo Isaac iban juntos. En Sinaí, Moisés recibió las revelaciones divinas. En el monte Nebo contempló, en la compañía de Dios, toda la extensión del país. La maldición y la bendición eran pronunciadas sobre los montes Ebal y Gerizim.
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En el Nuevo Testamento: el Padre
1. Excepcionalmente, en el Antiguo Testamento, Dios se designa a sí mismo como Padre: protector, conductor, compasivo ––sea de Israel en otros tiempos (Jeremías 3:4), sea del remanente futuro (Isaías 63:16) o cuando se trata de la dispensación de sus cuidados (Salmo 103:13). Pero no se revela como tal.
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En la casa
Generalmente la casa es para el hombre “su lugar”. Los Proverbios comparan a aquel que se va de su lugar con el “ave que se va de su nido” (Proverbios 27:8). La casa evoca la seguridad, la atmósfera de intimidad de la familia, las circunstancias vividas juntos. ¿Qué conoció Jesús de todo esto en la tierra?
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En la sinagoga y en el templo
Jesús no enseñó solamente en la casa (lugar privado), en el monte o junto al mar (lugares públicos), sino también en las sinagogas y en el templo (lugares religiosos), donde encontró la más fuerte oposición. En los relatos de los evangelios esas sinagogas se ven como un lugar de recursos para las más diversas miserias.
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Guardar la fe
En diversas porciones del Nuevo Testamento, y muy especialmente en la epístola a Timoteo, la “fe” tiene un doble sentido.
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Introducción
Quisiéramos ver a Jesús. Juan 12:21 Anduvo haciendo bienes y sanando A todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Hechos 10:38
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Introducción
De noche, Jacob, hallándose solo, luchó con el varón misterioso que, al rayar el alba, le venció. El patriarca tuvo que confesar su nombre de engañador. Después de esto fue bendecido y le pidió al Ángel: “Declárame ahora tu nombre”. El Ángel (que sin duda era una personificación del Señor mismo) le dijo: “¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí” (Génesis 32:29).
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Junto al mar
El monte nos habla íntimamente de la comunión con el Señor. El mar presenta, sobre todo, las circunstancias exteriores, el ruido de la muchedumbre, los altibajos de la vida y también el ministerio público que tuvo un amplio lugar en la senda de Jesús.
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La conducta
La conducta de un cristiano no depende de las prescripciones exteriores que deba observar, sino de una vida interior que manifieste una manera de vivir según Dios. Es la enseñanza de Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”.
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La infancia y la juventud
Leer previamente Hechos 16:1-3; 2 Timoteo 1:5; 3:14-15
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La Trinidad
1. Dios había declarado claramente a Israel por conducto de Moisés: “Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio 6:4). Por eso el primer mandamiento de la ley precisaba: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”.
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Las figuras de Cristo en el Antiguo Testamento
En Lucas 24, en camino a Emaús, Jesús, “comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas”, explicaba a los dos discípulos, “en todas las Escrituras lo que de él decían” (v. 27). Por la noche, reunido con los once, les dice: “Era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.
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Los principales nombres de Dios en el Antiguo Testamento
En esta revelación progresiva, Dios toma nombres relacionados con ella. En toda la Palabra, el nombre es la persona (comp. Mateo 18:20; 1 Juan 5:13). Sus nombres, pues, forman parte integrante de su revelación. Vale la pena considerar al menos los más esenciales con los cuales él se dio a conocer.En esta revelación progresiva, Dios toma nombres relacionados con ella.
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Prefacio
Hace aproximadamente un siglo y medio J. G. Bellet (1795-1864) atrajo el interés de los creyentes con sus dos folletos, siempre actuales: «La gloria moral del Señor Jesucristo» y «El Hijo de Dios». Puso ante sus ojos la vida inmaculada del Señor Jesucristo.
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