Capítulo 33
Bendición de Moisés (1)
A punto de separarse del pueblo, el hombre de Dios deja hablar a su corazón lleno de afecto. Ya no es hora de exhortaciones; se despide de aquellos que ama, y su último mensaje es una bendición (comp. Lucas 24:50). Moisés es el digno representante de un Dios que ama “a su pueblo”, y todos sus santos están “en su mano” (v. 3). Seguridad completada por la promesa del Señor Jesús:
Nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.
(Juan 10:29)
Comparando la bendición de Moisés con la de Jacob en Génesis 49, percibimos algunas diferencias llenas de instrucción para nosotros. Según el testimonio de su propio padre, Leví era un hombre violento y cruel. Pero Dios, a causa de la fidelidad de sus hijos (Éxodo 32:26), hace de él un “siervo favorecido” y le confía las tareas del santuario. Benjamín era “lobo arrebatador” (Génesis 49:27), mas por gracia llega a ser “el amado de Jehová”; y ese “lobo” ocupará el lugar de la oveja extraviada, porque dice:
Entre sus hombros morará.
(v. 12; Lucas 15:5)
¡Así de completa es la transformación que el Evangelio produce en aquel que lo recibe! Esta fue la experiencia de Saulo de Tarso, quien precisamente pertenecía a la tribu de Benjamín y pasó de ser un apasionado perseguidor a un fiel testigo y siervo del Señor (1 Timoteo 1:12-13).
Bendición de Moisés (2)
Todo “lo mejor” debe ser para José, figura de Cristo. Cinco veces hallamos esta expresión. Pero no hay nada “mejor” para el Señor Jesús que el amor de su Iglesia, de sus redimidos. “Apartado de entre sus hermanos” (Génesis 49:26) es “príncipe entre sus hermanos” (v. 16). Por causa de sus sufrimientos en la cisterna y en la prisión, y luego de su gloria en Egipto, José ocupa con pleno derecho este lugar particular. Es el de Jesús. Nadie podía acompañarlo en el terrible camino del Calvario. Estuvo solo en la cruz. Por eso Dios le ha dado eternamente un lugar privilegiado; lo ha ensalzado hasta lo sumo, le ha dado “un nombre que es sobre todo nombre”; lo ha ungido “con óleo de alegría más que a tus compañeros”(Filipenses 2:9; Salmo 45:7).
Como en un cuadro espléndido, el reinado milenario de Cristo es evocado por las bendiciones de las tribus. Contrariamente a lo pronunciado por Jacob, no contienen ninguna censura, ninguna restricción. Sin embargo, en esta segunda lista hay un ausente, ¿lo ha notado usted? Se trata de Simeón,antiguamente asociado con Leví en una misma condenación (Génesis 49:5). Leví, objeto de la gracia, es ricamente bendecido. Pero Simeón, ¿dónde queda? ¡Es una pregunta bastante seria! Y su nombre, amigo lector, ¿está en el libro de la vida?
