Deuteronomio
Deuteronomio

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 3

No dejarse asustar por el enemigo

Cuando el enemigo sale al encuentro del pueblo, Jehová empieza por animar y tranquilizar a Moisés:

No tengas temor de él.
(v. 2)

Luego se describe la victoria: “Al cual derrotamos hasta acabar con todos… tomamos entonces todas sus ciudades…”. Las ciudades amuralladas hasta el cielo(cap. 1:28) habían parecido invencibles al Israel incrédulo. Mas aquí Moisés les recuerda: “No hubo ciudad que escapase de nosotros” (cap. 2:36). ¿Y qué sucedió con los gigantes que los habían llenado de espanto? Dios recordará más tarde:

Yo destruí delante de ellos al amorreo, cuya altura era como la altura de los cedros, y fuerte como una encina.
(Amós 2:9)

Og, rey de Basán, uno de esos terribles gigantes, es entregado con todo su pueblo en manos de Israel, tal como lo fue Sehón. Dios demuestra así su poder y lo despliega en favor de los suyos. ¡Es un pensamiento apto para animarnos cuando el poder de Satanás quiere asustarnos! “Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4). La fe triunfa porque se fundamenta en Aquel que es más poderoso que el mundo.

Confiad, yo he vencido al mundo.
(Juan 16:33)

¿Quién quiere entrar en el país?

Algunas personas lamentan toda la vida no haber mostrado suficiente interés por sus estudios en la época escolar. Y los padres, a quienes no siempre se escucha, advierten a sus hijos para que trabajen, pues unos estudios mediocres también corren el riesgo de ser sancionados por una carrera mediocre, lo cual pone en juego su porvenir. ¿No ocurre lo mismo en el caso de un cristiano? Con la diferencia que toda la vida de este está formada por sus años escolares. Si es un alumno perezoso, un aficionado que carece de una sana ambición, si “tiene la vista muy corta”, no le será dada una “amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”, y sufrirá una pérdida eterna (2 Pedro 1:9, 11). A este respecto los hijos de Rubén y Gad nos dan una lección. No por recibir primero la herencia se obtiene la mejor parte. ¡Muy al contrario! “Aquella tierra buena” y “aquel buen monte” se hallan más allá del Jordán (v. 25). Moisés lo sabe bien. ¡Qué contraste hay entre el querido conductor cuyo corazón está más allá del Jordán, pero a quien no le es permitido entrar, y estas dos tribus y media que sí podrían entrar en Canaán pero no tienen el menor deseo de hacerlo! Y su corazón, querido amigo, ¿dónde está? ¿En el cielo, junto a Jesús, o en la tierra, ocupado con las cosas visibles y pasajeras? (Lucas 12:34).