Deuteronomio
Deuteronomio

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 32

La deplorable historia del pueblo

El cántico que Moisés enseña a los hijos de Israel por desgracia tiene más que una estrofa. La que aprendimos ayer con el pueblo exalta a Dios, excepto el versículo 5. ¡Veamos ahora el lado del hombre! Las riquezas que Jehová dio a su pueblo, enumeradas en el versículo 14, solo las aprovecharon para engordarse a sí mismos (v. 15). En vez de adherirse más a la “Roca de su salvación”, de ofrecerle la grasa de los corderos y las libaciones de vino (v. 14), Israel la abandonó, despreció, provocó y finalmente la olvidó (v. 15-16, 18). ¡Qué negra ingratitud! Sin embargo, ¿a veces nosotros mismos no nos parecemos a ese pueblo tan miserable? Gustosos nos engordamos con la abundancia que nuestro Padre nos prodiga. Somos prosperados en nuestros negocios terrenales y olvidamos dar al Señor el lugar que le pertenece en nuestra vida. “A los ricos de este siglo” se les ordena que no “pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Timoteo 6:17). Si los hijos de Israel hubiesen obrado sabiamente, habrían considerado su fin (v. 29). ¡Que el Señor nos dé sabiduría para administrar sus dones, pues tendremos que rendirle cuenta de su gestión en el momento de su retorno!

Palabras de consuelo y de solicitud

El final del cántico de Moisés recuerda que Dios es soberano, que es “el mismo”, y por consiguiente sabemos que tiene la última palabra. ¿Cuál es esta palabra? La venganza sobre sus enemigos cuyo castigo no han recibido en mucho tiempo, pero también el perdón para su pueblo con el cual las naciones se regocijarán durante el milenio (v. 43).

Moisés termina sus enseñanzas haciendo una última exhortación a la obediencia:

Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy… a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley, porque ella es vuestra vida.
(v. 46-47; Isaías 55:3; Proverbios 4:13; 7:2)

Hay quienes creen que para vivir su “vida” deben liberarse de toda tutela y sobre todo de la de Dios. Estos versículos afirman, y nuestra experiencia confirma, que doblegarse bajo el bendito yugo del Señor en realidad es echar “mano de la vida eterna” (1 Timoteo 6:19).

Se han terminado las instrucciones de Moisés. Como mediador veraz, Moisés ha hablado del pueblo a Jehová y de Jehová al pueblo. Ahora va a dejarlo. Hebreos 13:7 nos exhorta a acordarnos de los fieles conductores que nos han anunciado la Palabra de Dios, muchos de los cuales ya no están. Pero, añade el autor de la epístola:

Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.
(comp. v. 39)