Deuteronomio
Deuteronomio

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 19

¿Dónde refugiarse? – Respetar los límites establecidos

(El Señor proclama) No hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí.
(Isaías 45:21)

Por ser Justo condena al criminal (v. 11-13). Por ser Salvador protege al homicida involuntario. Deben designarse las tres primeras ciudades que servirán de asilo, figura del refugio que hallamos en Cristo contra la justa ira de Dios. ¿Qué necesitamos para beneficiarnos de ello? Sencillamente la fe en ese único medio preparado por Dios para la salvación del pecador, quien es culpable, junto con toda la humanidad, de haber derramado la sangre inocente de su muy amado Hijo (v. 10-13). Pablo parece recordar la ciudad de refugio cuando habla de “ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia… sino la que es por la fe de Cristo (Filipenses 3:8-9; leer también Hebreos 6:18 final).

La violencia no es el único medio para perjudicar al prójimo; uno puede, por ejemplo, remover los linderos de los vecinos (v. 14), abrirse paso para obtener a sus expensas una situación mejor en el mundo. Al cristiano se le enseña a estar contento con lo que posee (Hebreos 13:5), a ser sobrio(1 Pedro 5:8) y al mismo tiempo a no luchar por sus derechos, para que su mansedumbre sea conocida por todos los hombres (Lucas 6:29-31; Filipenses 4:5).

Razones válidas para no ir a la batalla

Los sacerdotes y los jueces debían desenmascarar y castigar a los falsos testigos (v. 18; Proverbios 19:5, 9). El colmo de la iniquidad se produjo cuando Jesús compareció ante los miembros del Sanedrín, ¡estos buscaron falsos testimonios contra él para hacerlo morir! (Mateo 26:59). Esteban, también ante el concilio, fue acusado por falsos testigos (Hechos 6:13).

El capítulo 20 habla sobre la guerra. ¿Quién tenía a su cargo la preparación de la guerra y la movilización de los soldados? Podríamos pensar que los oficiales eran los más indicados para ello. Pero no, eran los sacerdotes y los jueces. Lo que efectivamente hay que apreciar no es la fuerza ni el armamento de los soldados, sino la fidelidad y la entrega a Jehová. El versículo 5 y siguientes enumeran los motivos que eximían a un hombre de incorporarse para tomar parte en la guerra. Hacen pensar en las pésimas excusas que invocaban los invitados a la gran cena de la parábola:

He comprado una hacienda… Acabo de casarme…
(Lucas 14:18-20)

Pero escuchemos la opinión basada en la experiencia de alguien que había peleado la buena batalla:

Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.

Con esta condición cada uno de nosotros podrá ser “buen soldado de Jesucristo” (2 Timoteo 2:3-4; 4:7).