Deuteronomio
Deuteronomio

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 21

Se cometió un asesinato

¡He aquí nuevamente los jueces ante un caso embarazoso! Imaginémonos a Israel en su tierra, viviendo en sus ciudades. Un día se descubre un cadáver en un campo. ¿Quién asesinó a esta persona? Nadie lo sabe. Por consiguiente, ¡no es cuestión del vengador de la sangre, como tampoco de la ciudad de refugio! Sin embargo, debe haber un responsable, porque toda sangre derramada debe ser vengada (Génesis 9:6). Entonces los ancianos y los jueces, midiendo, determinan cuál es la ciudad más cercana. Y sobre ella recae la culpabilidad. ¿Habrá que destruirla? ¡De ningún modo! La gracia de Dios provee un sacrificio en virtud del cual con justicia puede perdonar. En esto tenemos una figura de Cristo, de su sacrificio, de su muerte. Jerusalén es la ciudad culpable,

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados!
(Mateo 23:37)

Su crimen más grande fue el haber crucificado al Hijo de Dios. ¡Maravillosa gracia! ya que esta muerte llegó a ser el medio justo por el cual Dios puede perdonar. Efectivamente, en el sacrificio de la novilla también se nos presenta a Jesús. Aquel que nunca conoció el yugo del pecado (v. 3) descendió al valle de la muerte desde donde en adelante fluye para nosotros el torrente que no se agota: la gracia eterna del Dios salvador (v. 4).

Situaciones familiares difíciles

El privilegio del hijo mayor era grande en Israel (v. 17). ¿Pero qué decir de nuestras ventajas, si somos hijos de padres cristianos, criados según las enseñanzas de la Palabra? ¿No nos entristece comprobar que a pesar de tener unos privilegios tan grandes, muchos han seguido el camino del hijo contumaz y rebelde? Semejante camino llevaba al joven israelita a la muerte sin remisión. Sus propios padres debían denunciarlo para que fuese apedreado. Esta historia del hijo insensato, borracho y libertino la volvemos a encontrar en Lucas 15, pero allí acaba de una manera muy diferente. El hijo pródigo no era mejor que el hijo rebelde de nuestro capítulo. Pero la gracia lo halló y obró en su corazón, llevándolo al arrepentimiento. Entonces, en vez de la acusación del padre, este va a su encuentro con los brazos abiertos; en vez de la inflexible condena, hay un pleno perdón; en vez de la muerte, se le abre la casa paterna, halla el festín, el gozo.

Los versículos 22 y 23 evocan otra muerte terrible. ¡Y esta la sufrió en nuestro lugar el Hijo muy amado, el Hijo obediente!

Maldito todo el que es colgado en un madero.
(Gálatas 3:13)

¡Misterio insondable de la cruz! Allí Cristo fue hecho maldición para que la bendición de Abraham nos alcanzase por la fe (Gálatas 3:14).