Capítulo 13
Precaución, peligro
Un falso profeta es particularmente peligroso cuando se levanta de en medio del pueblo de Dios. Los apóstoles nos previenen contra esos propagadores de doctrinas perversas que “con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Romanos 16:18; 2 Pedro 2:18; 1 Juan 2:19; Judas 4). “No darás oído…”, ordena el versículo 3. Por el contrario:
En pos de Jehová vuestro Dios andaréis… y escucharéis su voz.
(v. 4)
La seguridad para las ovejas del buen Pastor consiste en conocer su voz (Juan 10:4-5). Entonces no tienen ninguna dificultad para distinguir la voz de un extraño y huir de él. Un segundo peligro no menos sutil es al que nos exponen las malas influencias, tanto más temibles por cuanto provienen de alguien cercano.
No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.
(1 Corintios 15:33)
Tengamos el valor de romper con las relaciones que tienden a alejarnos del Señor (Lucas 14:26). Finalmente el mal puede tomar un carácter colectivo: toda una ciudad podía contaminarse con el mismo. El creyente fiel es llamado a apartarse de cualquier medio religioso en el cual, a la luz de la Palabra de Dios, se haya descubierto la presencia de iniquidad y no exista el deseo de arrepentirse (2 Timoteo 2:19).
