Capítulo 4
Importancia de obedecer la ley divina
Una sola desobediencia privó a Moisés de entrar en la buena tierra prometida por Jehová. Está, pues, en mejor posición para exhortar al pueblo a obedecer las ordenanzas de Jehová “para que –dice– … entréis y poseáis la tierra…” (v. 1). Es como si les hubiera dicho: ¡Que no les suceda como a mí; escuchen y obedezcan los mandamientos de Jehová! “Porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia”, recalca el hombre de Dios (v. 6). Haciendo la voluntad de Dios, ponemos a un lado nuestra propia voluntad y cedemos el lugar a la sabiduría que viene de lo alto, la cual sustituye a la nuestra (Santiago 3:17). Guardar la Palabra es al mismo tiempo guardar nuestra alma “con diligencia” (v. 9).
La autoridad de esta Palabra divina queda confirmada; Moisés recuerda en qué condiciones y con qué solemnidad ha sido comunicada.
No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella.
(v. 2; cap. 12:32)
Muchas personas que dicen ser cristianas añaden tradiciones, supersticiones y opiniones humanas a las Escrituras. Otras suprimen las páginas que les molestan o las que no entienden. Hacer lo uno es tan culpable como hacer lo otro (léase Apocalipsis 22:18-19).
No hay representación material de Dios
En medio de los pueblos circundantes, Israel debía distinguirse por su sabiduría e inteligencia (cap. 4:6). Sabiduría e inteligencia que consistían en conocer al único Dios verdadero, en escucharlo y someterse a su autoridad. Los pueblos vecinos adoraban a los ídolos. Y como consecuencia,
Su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.
(Romanos 1:21-23)
Hoy en día, salvo en los países paganos, apenas se encuentra esa forma grosera de idolatría. Pero el Nuevo Testamento da este nombre a otros pecados: la codicia, por ejemplo, y nos advierte solemnemente que ningún idólatra heredará del reino de Dios (Efesios 5:5; 1 Corintios 6:9-10).
Al mismo tiempo que advierte a Israel, Dios no le oculta lo que sucederá: el pueblo se corromperá y servirá a las divinidades paganas. La Palabra de Dios nunca nos deja ninguna ilusión sobre lo que nuestros corazones naturales son capaces de hacer.
Moisés menciona a los nietos (v. 25). Uno de los suyos, llamado Jonatán, precisamente llegó a ser, en los tiempos de los jueces, sacerdote de una imagen de escultura (Jueces 18:30).
Exhortaciones a volver
La cristiandad, aún más responsable que Israel, no ha respondido mejor que este pueblo a lo que se esperaba de ella. Desde los tiempos apostólicos, su decadencia está anunciada. Pero en medio de la ruina de la Iglesia profesante, Dios tiene trazado un sendero para el creyente: la obediencia individual. Notemos que al hablar de la decadencia lo expresa en plural: vosotros (v. 25-28). He ahí lo que haréis como conjunto responsable. Pero para el avivamiento (v. 29-31) lo hace en singular: tú. Incumbe a cada cual oír esa voz que se dirige a él personalmente. Así habló Pablo a Timoteo en los días aciagos de su segunda epístola. Dijo: Esto ha llegado a ser la cristiandad en su conjunto,
Pero persiste tú en lo que has aprendido.
(2 Timoteo 3:14)
Dios se esmera en recordarnos lo que hemos “aprendido”. “Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis…”, escribe Pedro (léase 2 Pedro 1:12-13; 3:1-2). No nos sorprendamos al hallar en la Biblia numerosas repeticiones. En Deuteronomio encontramos muchas, empezando por la ley misma, la cual se vuelve a dar en el capítulo 5 y justifica el nombre de este libro (Deuteronomio significa reiteración de la ley o segunda ley).
