Deuteronomio
Deuteronomio

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

Pedir en la tienda

Capítulo 12

El lugar de culto en Canaán

Hasta el final del capítulo 3 el pueblo es invitado a sacar lecciones del pasado. Desde el capítulo 4 hasta el 11 Moisés insiste sobre la necesidad de obedecer a Jehová.

Ahora llegamos a la tercera parte del libro en la cual Israel recibe instrucciones para el momento en que habite en la tierra prometida. La primera concierne al establecimiento de un lugar para rendir culto a su Dios. El israelita debía comenzar por purificar la tierra de las abominaciones cananeas, y luego buscar –no escoger el sitio donde el culto debería celebrarse. Al cristiano tampoco le corresponde decidir dónde o cómo rendir la alabanza a Dios. Su deber es inquirir cuidadosamente y buscar, según las Escrituras, el lugar dónde el Señor ha prometido su presencia. Si tiene dudas, puede imitar a los dos discípulos enviados por el Maestro para preparar la pascua, quienes le preguntaron:

¿Dónde quieres que la preparemos?
(Lucas 22:9)

El israelita debía traer los diversos sacrificios, comer, y regocijarse con toda su casa en el lugar escogido por Jehová (v. 7, 12, 14). ¡Es una figura de lo que venimos a hacer y recibir en la presencia del Señor Jesús cuando nos reunimos en torno a él! (Mateo 18:20).

Un gran principio

Por boca de Moisés, Jehová acaba de recordar que es él quien primeramente tiene derecho al servicio de los suyos. Pero nunca es deudor de ellos. En cuanto le hayan rendido lo que le corresponde, se revela como un Dios lleno de bondad, que les da su sustento y entra con ternura en las circunstancias de su vida diaria. ¡Esto no autoriza a los creyentes a obrar a su antojo!

Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.
(1 Corintios 10:31)

El Nuevo Testamento ratifica que el hijo de Dios debe abstenerse de consumir sangre y mantenerse alejado de las contaminaciones de los ídolos (leer Hechos 15:20). Estas prohibiciones forman parte de los cuidados de Dios para con su pueblo. Tengamos la seguridad de que si el Señor nos prohíbe algo, no es para privarnos de ello arbitrariamente, sino para que no tropecemos (v. 30). Este mismo versículo también nos enseña que el primer paso en el camino de la idolatría a menudo es la curiosidad.

No preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses…

Interesarse por el mal es señal de que nuestra conciencia no ha sido profundamente alcanzada y nos hace entrar desarmados en el territorio de Satanás.