Capítulo 30
Todo empieza en el corazón
La gracia de Dios guarda algunas “cosas secretas” (cap. 29:29), de las cuales se ocupa este capítulo. «Dios no solo recogerá, multiplicará y obrará con poder en favor de Israel, sino que ejecutará en él una poderosa obra de gracia mucho más valiosa que cualquier otra prosperidad exterior» (C.H.M.). En un tiempo futuro, Dios actuará sobre el corazón de su pueblo para producir en ellos la obediencia y el amor hacia él (Hebreos 8:10). Desde hace mucho tiempo lo está invitando:
Si te volvieres… vuélvete a mí.
(Jeremías 4:1; léase Oseas 14:1-2)
Pues bien, ¡todo ese laborioso trabajo no será en vano!
Y tú volverás…
(v. 8)
El capítulo 10 de Romanos cita los versículos 11-14 aplicándolos a “todo aquel que en él creyere”. Cristo, la Palabra viviente, vino desde el cielo, lugar al cual el hombre no podía subir, a fin de revelarnos el corazón de Dios, quien quiere que todos los hombres sean salvos (1 Timoteo 2:4). Amigo, no diga que esta salvación es demasiado maravillosa y usted demasiado miserable (v. 11). Por muy lejos que usted esté, Jesús está cerca de usted. ¡Ábrale ahora mismo su corazón!
En cuanto a nosotros, cristianos, no olvidemos que si la Palabra está en nuestra boca o en nuestro corazón, es para que lleve fruto, para que sea puesta en práctica (v. 14; léase Juan 13:17).
Una bifurcación: una elección fundamental
He aquí una vez más la encrucijada encontrada en el capítulo 11:26. Solo dos caminos se abren ante Israel, lo mismo que ante todo hombre: uno lleva a la vida y a la felicidad; consiste en amar a Dios, escuchar su voz y seguirlo (v. 20). Tal es el secreto de una vida feliz estando aún en la tierra. El otro, quizá lleno de atractivo al principio, conduce a la muerte y a la desgracia (v. 15, 19; comp. con Jeremías 21:8). La elección es nuestra. Escuchemos la voz amiga que murmura a nuestros oídos:
Este es el camino, andad por él.
(Isaías 30:21)
Moisés ya tiene ciento veinte años. Ochenta años atrás, él también había tenido que elegir. Había rehusado los honores, las riquezas y los placeres de la corte del Faraón, “escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios… y teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo” (Hebreos 11:25-26). Con la seguridad de que no se había equivocado, puede ahora exhortar a Israel y con él a todos los que aún no se han decidido:
Mira… escoge, pues, la vida.
Jesús es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6). Escoger la vida es escogerlo a él mismo. Después él se encargará de nuestra felicidad. Querido amigo, escoja la vida, ¡escoja a Jesús! El futuro no le pertenece.
