Capítulo 10
Las nuevas tablas de la ley puestas en el arca
Las dos primeras tablas, apenas estuvieron en las manos de Moisés, fueron rotas para que el juicio no entrase juntamente con ellas en el campamento idólatra. Por eso esta vez Jehová manda colocar inmediatamente las nuevas tablas en el arca, tipo de Cristo, garante de la integridad de la ley. Según sus propias palabras, Jesús no vino para abolir la ley, sino para cumplirla. ¡No hubo una jota ni una tilde de la ley que el Señor no cumpliera a la perfección! Por esto también será el más grande en el reino de los cielos (Mateo 5:17-19).
2 Corintios 3 compara los diez mandamientos inscritos antiguamente en tablas de piedra con la “carta de Cristo”, grabada “en tablas de carne del corazón”. Esta se resume en un nombre: Jesús, el que el Espíritu Santo imprime en el corazón de sus redimidos. Pero no para dejarlo escondido. Una carta se escribe para que sea leída. El nombre de Cristo, inscrito en nuestros corazones, debe ser leído por aquellos que nos conocen. En nuestro entorno son muchos los que nunca leen la Biblia. De modo indirecto se les puede obligar a hacerlo si la conducta que observan en nosotros es conforme a sus enseñanzas y refleja a Jesús (1 Pedro 3:1-2).
Lo que el Señor pide
En los versículos 12 y 13 se presenta un hermoso programa ante los hijos de Israel. Amigo cristiano, el Señor no pide otra cosa “de ti”, sino tu temor, fidelidad, amor, abnegación y obediencia. Miqueas 6:8 formula la misma pregunta y, como respuesta, invita a obrar con rectitud, bondad, humildad. Todo esto se requiere para nuestro bien, “para que tengas prosperidad” (v. 13), y no es sino una justa respuesta al amor divino. ¡Felices lazos recíprocos!
De tus padres se agradó Jehová para amarlos.
(v. 15)A él solo servirás, a él seguirás.
(v. 20)
Se exige la circuncisión del corazón. No basta una señal exterior como prueba de que se tiene una religión. En el corazón debe haber un sello para indicar que se han juzgado las pretensiones de la carne y que se pertenece a Dios.
Dios es el sostén de los que se hallan solos en la vida. El huérfano, la viuda y el extranjero son particularmente objetos de sus cuidados. Este “Dios grande, poderoso, y temible” (v. 17), que ha hecho “estas cosas grandes y terribles” (v. 21), también es un Dios lleno de ternura, un Padre para los huérfanos y un Juez que hace justicia a las viudas (Salmo 68:5).
Él es el objeto de tu alabanza.
(v. 21)
No solamente lo que ha hecho, sino su Persona misma es un tema continuo de adoración para el corazón y los labios del rescatado.
