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Hacia cristo
¿Dónde y cómo deben reunirse los creyentes?
La Sagrada Escritura responde: Donde están dos o tres congregados en mi nombre (hacia el nombre del Señor Jesús), allí estoy yo en medio de ellos.
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Mimosa
La joven hindú
Este relato verídico es la historia siempre nueva de un alma que se dejó ganar por el infinito amor del Salvador. Para comprenderla mejor, hemos pensado que sería bueno explicar un poco lo que son las «castas». Muchos años antes de la era cristiana, el pueblo hindú estaba dividido en cuatro sociedades: los sacerdotes, los jefes (magistrados y soldados), los agricultores y los vencidos. Las dos primeras «clases» dominaban las otras dos; la tercera gozaba de un monopolio que le aseguraba una buena posición. En cuanto a la cuarta, vivía completamente sometida. Estas divisiones comenzaron a causa de las diferencias de origen y por conquistas que obligaron a vencedores y vencidos a vivir juntos. Con el correr de los siglos, se subdividieron en fracciones muy pequeñas llamadas desde entonces «castas».
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Rut
En la confusión que reinaba en Israel en el tiempo de los Jueces, vemos cómo Dios actúa para cambiar la prueba de Noemí y de Rut en bendición, y esto por medio de Boaz. Boaz representa a Cristo que, por su obra, redime a todos los que se reconocen indignos de semejante amor.
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Adiós, hermanitos
Después de unos días de descanso, la madre sintió que debía marcharse. No podía estar quieta entre nosotros mientras su pequeño «El que trae suerte» abría sus grandes ojos a toda clase de cosas que no olvidaría nunca. También tenía miedo de que oyera palabras que todo su cariño de madre no bastaría para borrar de su memoria.
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Alabemos al Señor en todo tiempo
Con la larga enfermedad de los niños se terminaron los recursos de Mimosa y llegó otra vez el día en que la pobre madre no tuvo nada para darles de comer. Se acordaba de las dos rupias que le habían negado y no quería exponerse a un nuevo rechazo.
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Antiguo Testamento
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Átate las sandalias
En ese tiempo, el marido de Mimosa vivía en una ciudad situada a unos 16 km de su pueblo. Ella podía haber venido a la misión sin que él lo supiera, pero era tan honrada que ni se le ocurrió hacerlo. Jamás flaqueó su fidelidad para con ese hombre falto de inteligencia, quien pasaba su tiempo soñando en vez de trabajar para mantener a su familia.
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Booz
Mayil apenas hacía sus primeros pasos cuando nació otro pequeño ser, que iba a ser la alegría de su madre.
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Cabeza de mula
Volvamos atrás para comprender un poco cuáles fueron las causas que motivaron la respuesta a las oraciones de Star.
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Capítulo 1
La primera frase: “… En los días que gobernaban los jueces” indica en que época se desarrolló el relato de nuestro libro. La época de los jueces fue un tiempo largo. Empezó tras la muerte de Josué (Jueces 2:6-23) y duró hasta el fin de la vida de Samuel, cuando el pueblo deseaba un rey (1 Samuel 8).
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Capítulo 2
El versículo 1 nos perite ver el objetivo de este capítulo: el de presentar a Rut al hombre poderoso en riquezas, Booz. En los siguientes versículos vemos cómo se lleva a cabo eso. Esta manera de tratar un asunto la encontramos a menudo en las Escrituras, sobre todo en los Salmos.
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Capítulo 3
“Después le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿no he de buscar hogar a par
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Capítulo 4
“Booz subió a la puerta y se sentó allí; y he aquí pasaba aquel pariente de quien Booz había hablado, y le dijo: Eh, fulano, ven acá y siéntate. Y él vino y se sentó. Entonces él tomó a diez varones de los ancianos de la ciudad, y dijo: Sentaos aquí. Y ellos se sentaron” (v. 1-2).
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Cuida a mi pajarillo
Mucha gente concurrió, como de costumbre, al velatorio del pequeño Mayil, pero muy poca simpatía testimoniaron a Mimosa.
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El amor en el temor
Mimosa sentía una gran aprensión por sus hijos. ¿No cohabitan siempre el temor y el amor en el corazón de una madre? Sabía que había muchos peligros en la calle, tantos como las motas de polvo en el camino.
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El amor vencedor
Sólo nos falta contar lo que para Mimosa resultó una gran felicidad después de tantos sufrimientos. Cierto domingo por la tarde, cuando el sol doraba el cielo con sus últimos rayos, fuimos a la orilla del Lago Rojo, al pie de las montañas, acompañadas por mucha gente del lugar.
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El filo de la espada
Lentamente pasaron los meses. Mimosa tuvo que volver al trabajo; de otro modo, se hubiera acabado el alimento para la familia. Su esposo, tendido todo el día en la estera, era una boca más para alimentar. Se podía confiar en Kinglet, quien lo cuidaba y también se ocupaba de Mayil y Music mientras la madre estaba ausente.
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El látigo
–¿Qué pasa con esta criatura? ¿Qué tiene? Quien hablaba así era la madre de Mimosa; estaba muy enfadada. Y cuando esa mujer estaba enojada, usaba el látigo sin titubear. –¡Mírenla! ¡No hay ni rastro de ceniza sagrada en su frente! –¿Qué dirán los vecinos? –dijo la tía. –¡Ven acá, ingrata! ¡Apresúrate!
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El que trae desgracias
Le esperaba un nuevo dolor. Su quinto hijo también fue un varón. Los vecinos vinieron a verla; zumbaban a su alrededor como abejas. La compadecían o la censuraban, según sus antojos. Pero todos sacudían sus cabezas y volvían las palmas de sus manos al cielo profetizando cosas terribles.
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El que trae suerte
Los hijos de Mimosa eran niños simpáticos y se hacían querer. El mayor era un hombrecito que sabía arreglárselas solo. Era muy recto por naturaleza. El pequeño Music era muy inteligente y atractivo. Luego nació el cuarto. El cuarto hijo, si es varón, según se dice trae buena suerte a la familia. Si además el quinto es una niña, los dos son considerados como buen presagio.
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El regreso de Mimosa
Cierto día recibimos una carta de Mimosa en la que nos decía: «Les ruego que me vengan a buscar, puedo ir». ¿Cómo era posible? ¿Qué había sucedido?
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El remedio mágico
En aquella época, Mimosa y su esposo eran muy pobres. Por lo tanto, cuando él estuvo bastante bien como para hacer un trabajo ligero, ella le suplicó que aceptara lo que le ofrecían, pues ella se sentía sumamente cansada. El marido ya veía lo suficiente para realizar aquella tarea. Debía acompañar a un pariente que iba a uno de esos lugares santos al sur del país.
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El torito gris
Un día, mientras Mimosa me contaba sus experiencias y su vida pasada, de repente expresó: «Entonces el torito gris se fue al cielo». Sabía algo de ese lugar, de sus puertas de perlas, sus muros, sus calles de oro puro, su río y árbol de vida. Este cuadro de hermosura y de gloria había llamado la atención de esta joven.
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En casa de sus amigos
Con nuevas fuerzas, Mimosa empezó a trabajar para reconstituir su pequeña fortuna. En la India, cuando alguien está enfermo, los familiares acuden, se quedan uno o dos días y se van; si la enfermedad se prolonga, volverán otra vez. Vienen para inquirir sobre lo oído, simpatizar y aconsejar a la familia. No obrar así, sería como si no amaran a los suyos.
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