Rut
Rut

H.L. Heijkoop - 1999

En la confusión que reinaba en Israel en el tiempo de los Jueces, vemos cómo Dios actúa para cambiar la prueba de Noemí y de Rut en bendición, y esto por medio de Boaz. Boaz representa a Cristo que, por su obra, redime a todos los que se reconocen indignos de semejante amor.

Pedir en la tienda

Capítulo 2

El versículo 1 nos perite ver el objetivo de este capítulo: el de presentar a Rut al hombre poderoso en riquezas, Booz. En los siguientes versículos vemos cómo se lleva a cabo eso. Esta manera de tratar un asunto la encontramos a menudo en las Escrituras, sobre todo en los Salmos. El primer versículo presenta una situación o una verdad, mientras los versículos siguientes indican cómo el salmista ha llegado a esta situación o al conocimiento de esta verdad. La Escritura hace esto para que no nos equivoquemos en cuanto a aquello que el Espíritu Santo quiere presentarnos de modo especial.

Cuando por la muerte se ha perdido todo, y por la muerte de todos los varones se ha perdido el lugar original, entonces solo puede haber restauración en el poder de la resurrección y eso en relación con alguien que tenga el derecho y el poder de redención. Esto se nos presenta en Booz, quien es figura del Señor resucitado.

La salida de Moab y la llegado a Belén en la época de la cosecha de la cebada, naturalmente es el principio del rescate. Pero para disfrutar el gozo de la plena redención y poder ser un verdadero testimonio del Señor glorificado en el cielo, es preciso que el alma le conozca de modo personal a Él como el Redentor. Hay mucha diferencia entre si el corazón se fija en la redención o en el Redentor.

Booz quiere decir: “En él hay fuerza”. Se le llama un “hombre poderoso en riquezas”. Es la misma expresión que se utiliza para Gedeón y Jefté, los libertadores de Israel (Jueces 6:12; 11:1), aunque en español esto no se ve. Es Él quien puedo decir: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”, y también: “Yo estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Mateo 28:18; Apocalipsis 1:18).

Dios quiere dirigir nuestros ojos hacia una Persona, un Hombre vivo y glorificando en el cielo, quien como Hijo del Hombre ha recibido todo lo que el amor divino ha querido dar al hombre. Ya además, Dios le ha puesto a su diestra, como cabeza sobre todas las cosas. Pues bien, esta maravillosa persona es un pariente del marido de Noemí (Hebreos 2:11-15), que tiene el derecho de redención.

Qué pensamiento más glorioso, en un tiempo como el que se nos presenta aquí, tiempo en el cual nosotros también vivimos, en el cual la verdadera posición cristiana dada por Dios prácticamente ya no se conoce ni se disfruta. Pero fíjese en que Booz era pariente de Elimelec Solo por medio de Rut, por la fe que vimos representada en ella, pudo Noemí apelar a Booz. Y esto solamente en relación con el reconocimiento de la autoridad incondicional del Señor (Elimelec: mi Dios es rey).

Rut todavía no conoce a Booz, Pero su instinto de fe necesita y busca por objeto a una persona. Busca a “aquel a cuyos ojos hallare gracia”.

La palabra de que Dios había dado pan a su pueblo, y la fe en esta palabra, llevaron a Noemí la completamente empobrecida y a Rut la extraña a Belén. La palabra resultó ser verdad; la fe en la Palabra de Dios y en la bondad de Dios nunca avergüenza. Era época de cosecha. Pero, ¿cómo lograron tener parte en el pan las que habían perdido su herencia, que no habían arado ni sembrado? También para eso la gracia de Dios había provisto.

Nos conmueve ver en Deuteronomio cómo Dios cuida también a los extraños. Y cuando se trata de la siega, dice Dios que la gavilla olvidada es para el extranjero, el huérfano y la viuda, como en Levítico 19:9-10 y 23:22 había dado el trigo de los rincones de los campos y las espigas y frutos caídos a los pobres y los extranjeros. ¡No que los extranjeros y los pobres tuviesen algún derecho sobre estas cosas! ¿A qué tenía derecho un extraño en la herencia del pueblo de Dios? Tampoco tenía derechos el pobre. Dios había dado a cada israelita una herencia, para que no tuviera que ser pobre. La pobreza hace suponer culpabilidad y disciplina de Dios. ¡Cómo podía hablarse de derechos en tal caso! Dios dio estos preceptos a quienes por la bondad de Él poseían campos y viñas, para que pudieran manifestar el pensamiento de Él –pensamiento de gracia, de misericordia y de bondad– a unos hombres que no tenían el menor derecho.

Es de notar que la iniciativa de espigar no proviene de Noemí sino de Rut. Sin duda Noemí conocía la Palabra de Dios y las provisiones en ella, mejor que Rut. Pero el corazón de Rut, que de hecho hasta ahora había aprendido poco de todas las cosas buenas que Dios había dado a su pueblo, tenía anhelo de conocerlas. Y por el celo con que busca, se encontrará con Booz.

La primera condición para el crecimiento espiritual en un creyente es la sencilla entrega a la verdad conocida. Y este distintivo lo encontramos manifestado de manera muy hermosa en Rut. Esta ha sacrificado toda su esperanza natural para adherirse a Noemí y a aquello que Noemí representaba para ella. Cuando el alma echa mano de la verdad con esa inflexible tenacidad que bien quiere comprar la verdad, pero que jamás la vende, aunque ni siquiera sabe por qué lo hace, entonces tendrá lugar un rápido crecimiento. ¡A aquel que tiene, se el dará! La consagración a un objeto digno ensalza a una mujer y le es apropiada. Si carece de esta característica, ella queda privada de la más alta virtud de su posición. Si falla en ello o piensa en sí misma, tal como Eva frente a Adán y tal como la iglesia frente a Cristo, surgirá un gran desorden como consecuencia.

La entrega a la verdad, a aquello que sabemos que realmente es verdadero y bueno, es la primera gran señal que da un alma de que está preparada y apta para el servicio y el testimonio. Si no poseemos este distintivo, cuán imperfectos han de ser todos nuestros actos dichos, pues no tenemos ningún punto central definido. Los hombres han creído una mentira de Satanás y han andado en ella, glorificándose a sí mismos, al andar en enemistad contra Dios. Ser un testigo de Dios entre ellos, requiere en primerísimo lugar y sobre todo ser valiente para la verdad. Si en esto quedamos cortos, claro está que nuestra capacidad para ser testigo se verá muy mermada. No, más aún: mientras intentamos ser un testimonio, deshonramos precisamente al Nombre que pretendemos servir. En ese caso no tenemos un corazón que de modo indiviso únicamente quiere mantener la primera condición para el servicio. Podemos poseer una cierta medida de inclinación, como se expresa en el beso de Orfa, pero nuestro sentimientos no descansas en lo que solo es verdad; pronto nos apartaremos a nuestros propios caminos. No se puede hacer demasiado hincapié en la importancia de esta sencilla entrega a la verdad.

Es precioso ver en los jóvenes el deseo de espigar en el campo de la cosecha. ¡Y hay que ver qué campo de siega tenemos en la Palabra de Dios! Nunca podremos animar demasiado a los jóvenes. Detrás de los segadores hallarán muchas espigas que estos –creyentes que están más adelantados en la verdad– han dejado en el suelo, pero que sin embargo para ellos serán “alimento a tiempo”; sencillas y claras verdades.

¡Acepta de corazón estas verdades, con fe sencilla! Bastante sabemos de Dios como para poder contar con su favor. Rut no pensaba: “Soy indigna, y por eso no debo pretender espigar en la herencia del pueblo de Dios”. Ella contaba con el favor y la gracia de Dios, aunque estaba consciente de su propia indignidad. Y en eso glorificaba a Dios, pues Él recibe gloria cuando tenemos un aprecio muy alto de su amor y su gracia.

Pero cuán pocos creyentes jóvenes se contentan con el sencillo lugar de un espigador. Demasiado frecuentemente intentan ocupar el sitio del segador (maestros y evangelistas), antes de que “por el uso tengan los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:13-14). Pero en ese camino no aprenden a conocer realmente al Señor Jesús. Él, que es humilde de conocer realmente al Señor Jesús. Él, que es humilde de corazón, nos llama para que aprendamos de Él (Mateo 11:29). Él enseñará a los mansos su carrera (Salmo 25:9).

Una segunda condición para el crecimiento espiritual la vemos también representada de un modo especial en la historia de Rut. Es la simple e incondicional obediencia. Ella vio que no había otra entrada para la bendición que la de espigar, y por eso lo quiso hacer. Pero por humilde que pudiera ser esta obra y por claro que fuese que ese era el único camino, no quería andar en él en independencia de aquella que había introducido en su vida influencia divinas y espirituales. No hay evidencia más clara de una obra de Dios que un espíritu de sumisión. Y la obediencia no es difícil allí donde reina el amor.

Si en un creyente se encuentran estas dos cosas: consagración a la verdad conocida y obediencia, Dios puede dar crecimiento. Entonces Él nos pone bajo la atención personal del Señor Jesús.

Como “por casualidad” Rut dio con un campo de Booz. La providencia de Dios obra activamente a favor nuestro. No es el propósito de Dios que nos dejemos guiar exclusivamente por su providencia (Salmo 32:8-9). Él quiere guiarnos por medio de su ojo, de modo que andemos por nuestro camino con consciente discernimiento. Pero cuando andamos nuestro camino por fe, su providencia obra en consonancia con nuestra fe. Y cuando, por ser jóvenes en la fe, todavía no conocemos muy bien a su Persona, su Palabra y la guía de su Espíritu, entonces obra su providencia, en armonía con el estado de nuestro corazón. Puesto que las condiciones mencionadas en el anterior párrafo se hallaban presentes en Rut, la providencia de Dios la guió hacia un campo de Booz, para que allí fuesen satisfechos los deseos de su fe.

¿Qué diferencia hay entre un campo de Booz y otro campo en Belén? Se trata del reconocimiento de los derechos de Booz. En su campo los obreros son siervos suyos. Si alguien ha recibido la orden del Señor de entrar en su obra, debe cumplir tal comisión en obediencia hacia su Señor quien se la confió. Está en su servicio. Y en eso se distingue de todo siervo que haya aceptado una comisión de los hombres y que por eso debe proceder según indicaciones humanas, y cumplir la tarea que estos hombres le han encargado.

Un campo de Booz es, pues, un campo donde se reconocen los derechos que tienen Booz de ordenarlo todo, y donde en todo se pregunta: “Señor, ¿qué quieres que hagamos, y cómo hemos de hacerlo?”. Allá siempre está “su criado el mayordomo de los segadores”. 1 Corintios 12:1-11 y Gálatas 5:17 nos aclaran cuáles son los pensamientos de Dios respecto a esto. En Hechos 16:6-10 encontramos un ejemplo práctico de lo que atañe al trabajo de obreros.

Sí, el Señor Jesús tiene derecho sobre el dominio. Un día todo estará sujeto bajo sus pies, toda lengua confesará que Él es Señor, y toda rodilla se doblará ante Él (Filipenses 2). Pero ahora Dios quiere que el derecho sea reconocido por los que desde ahora han aceptado al Señor… como Señor. “Para que en todo Él tenga la preeminencia”, Dios le dio todo poder y le ha dado por Cabeza a la iglesia (Efesios 1:22; Colosenses 1:18). Y en la iglesia el Señor ejerce la dirección por medio del Espíritu Santo. Allí donde los creyentes, como miembros del cuerpo de Cristo, se reúnen en dependencia de Él y en reconocimiento de sus derechos para ordenar y arreglar todas las cosas como Él lo quiere, allí hay un campo de Booz.

¡Qué relación más maravillosa habrá entre el Señor y los suyos en sus campos! Aquí lo vemos en el versículo 4. Cualquiera que haya experimentado lo que es trabajar así en un campo de Booz, sabe lo maravilloso que es. Allí se aprende a conocer toda su bondad, su sabiduría, su ayuda, su simpatía y su consuelo, como en ningún otro sitio.

Ya hace muchos años, acompañado de otro hermano yo volvía del exterior donde habíamos trabajado unas semanas. Habíamos tenido que ocuparnos con muchas dificultades, y física y mentalmente estábamos cansadísimos. En el viaje de regreso el otro hermano gimió: “¡Para estar cómo uno no debe entrar en la obra del Señor! ¡Hubiésemos podido invertir mejor nuestro tiempo!”. “Tienes razón”, le contesté; “pero otro trabajo también implica otro patrón”. A lo cual en el acto replicó: “¡No, no, mejor no cambiemos!”. La persona del patrón compensaba ampliamente las dificultades del trabajo.

Booz viene a su propio campo, en medio de sus siervos y siervas, y los bendice: “¡Jehová sea con vosotros!”. ¿No nos recuerda esto inmediatamente Juan 20:19-23? El verdadero Booz, el Señor resucitado, viene en medio de los suyos, los que como tal están reunidos, apartados de todos cuantos no le pertenecen. “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor”.

¿No conocemos esto por experiencia, al estar reunidos alrededor del Señor? Primero nos mostró sus manos y su costado, en el pan partido y el vino vertido, cuando nos sentábamos a su mesa. Pues eso es siempre lo primero. Al verle a Él, ¿no nos alegrábamos? Y la respuesta a su voz “¡Paz a vosotros!” y a la contemplación de sus manos horadadas por nosotros y su costado traspasado por nosotros?, no era que le bendijéramos y le diéramos las gracias de nuestro corazón (Rut 2:4)? Y entonces Él se quedaba en medio de nosotros, para darnos, instruirnos, darnos poder y enviarnos para su obra (Juan 20:21-23). El que se une al pueblo del Señor que está reunido hacia su Nombre (Mateo 18:20), conocerá la dicha tener comunión con el legítimo dueño del campo, y experimentará que todo cuanto atañe a uno mismo, es importante para Él.

Hemos visto que “su criado el mayordomo de los segadores” es una figura del Espíritu Santo. El Espíritu Santo fue enviado del cielo por el Señor, para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio, y para guiarnos a toda la verdad (Juan 15:26; 16:7-14). Él es el verdadero Representante del Señor sobre la tierra. Él ejerce la autoridad del Señor Jesús en las reuniones de la asamblea, y también sobre los siervos del Señor (1 Corintios 12:4-11; Gálatas 5:17; Hechos 16:6-10). Ya le vimos en la misma figura en Génesis 24.

Si pensamos eso, qué maravilloso es lo que se nos presenta aquí: ¡Una conversación somos nosotros! Este no es el único lugar en las Escrituras en donde hallamos este pensamiento. En Génesis 1:26, la creación del hombre es el tema de una conversación en la Deidad; en Hebreos 10:5-10, la redención; en Zacarías 6:13, la bendición en el reino milenario. En Juan 17 el Hijo habla sobre nosotros al Padre. Y en figura vemos en Génesis 24:66 cómo el Espíritu Santo, cuando la iglesia ha sido recogida en la casa del Padre, le relata al Señor Jesús todas las cosas que ha hecho en el llamamiento de la novia, su preparación para el novio y su marcha a través del desierto hasta llegar a donde Él está.

Pero aquí encontramos una conversación sobre una sola persona, sobre una joven creyente. Booz no pregunta quién es, sino de quién es esta oven. El Señor Jesús conoce a cada uno, aun al más joven creyente (v. 11). Pero su pregunta es, a quién pertenecemos. ¿Pertenecemos al mundo, a nosotros mismos o a Él? No se trata aquí de si somos convertidos. El que verdaderamente es convertido, pertenece a Señor Jesús, es su propiedad (1 Corintios 6:20). Pero en la práctica ¿también es esto así? En Romanos 8:9 está escrito: “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”. Ello significa que, en el sentido de las Escrituras, solo se es cristianos cuando se ha recibido al Espíritu Santo. Y pronto veremos que esto significa identificación consciente con Cristo, tanto en su muerte como en su resurrección.

El Señor Jesús se interesa por el crecimiento espiritual de cada creyente, hasta del más joven. Y ante todo le es importante a quién pertenecemos. ¿Nos hacemos alguna vez esta pregunta a nosotros mismos? Si las cosas del mundo dominan nuestra vida, ¿a quién pertenecemos? Si quereos vivir nuestras propia vida, y por lo tanto hacemos lo que a nosotros nos parece mejor y lo que más nos apetece, ¿no nos pertenecemos a nosotros mismos? Si pertenecemos al Señor de modo práctico, entonces le preguntamos a Él lo que debemos hacer, y entonces nuestra vida es consagrada a Él. Es eso lo que anhela su corazón. Y el Espíritu Santo se empeña en obrar esto en nosotros. Pues Él busca la gloria del Señor Jesús (Juan 16:14).

Qué contestación más maravillosa da el “criado”. No habla de su trabajo con Rut, de cómo la ha guiado. Solo habla de su trabajo con Rut, de cómo la ha guiado. Solo habla de ella misma y da un fiel relato acerca de su conducta y todo lo que hace. Por cierto, debe llamarla todavía la joven moabita. Puede decir que se marchó de Moab para venir a Belén. Puede contar que se ha unido a Noemí, ese débil testimonio. Pero todavía no está unida con Booz, por lo tanto sigue siendo moabita.

Cuando uno es realmente convertido, por el nuevo nacimiento es “santificado”, separado del mundo (1 Pedro1:2; 2 Tesalonicenses 2:13). Ya no está en la carne (Romanos 7:5). Pero eso no quiere decir que ya esté en el Espíritu (Roanos 8:9), que sea espiritual (1 Corintios 2:15). Puede ser carnal (Romanos 7:14; 1 Corintios 3:3), es decir, que ha nacido de nuevo, pero que aún no ha sido librado del poder del pecado y por tanto, tampoco ha sido sellado con el Espíritu Santo (Romanos 7:14; 1 Corintios 3:1). También puede ser que ya ha sido selladoa, pero la carne todavía tiene atractivos para él, tales como la sabiduría o capacidad humana, etc. Esto supone una voluntad carnal.

Los israelitas se habían refugiado tras la sangre del cordero y habían cruzado el Mar Rojo. El Mar Rojo representa la muerte y la resurrección de Cristo en favor de nosotros. En figura tenían parte en todas las maravillosas consecuencias de la obra de Cristo. Dios también les reconoce en el Horeb como pueblo suyo. Y no obstante en los ojos de Dios todavía están cubiertos del oprobio de Egipto (Josué 5:9). Este les es quitado solamente cuando voluntariamente bajan con el arca al Jordán y vuelven a salir al otro lado; esto es, cuando se apropian de modo consciente de la muerte y la resurrección de Cristo, de modo que pueden decir: “He muerto y resucitado con Cristo”; y cuando a continuación se circuncidan, es decir, aplican la muere de Cristo de modo práctico en su propia vida (2 Corintios 2:10-12).

Es a ese punto al que el Espíritu Santo quiere llevar a todo creyente. Es el punto de vista de la epístola a los Efesios: resucitados con Cristo y en Él sentados en los lugares celestiales (Efesios 2:6, V. M.).Y ello supone la unión con Él, el Hombre glorificado en el cielo (Efesios 1:23). A eso también ha de ser llevada Rut. Pero mientras no se entregue enteramente a Booz, para ser unida a Él (Rut 3:9), sigue llevando el carácter de su ascendencia. Sigue siendo la joven moabita.

Pero aunque todavía no ha crecido (o sido perfeccionada), qué buen testimonio se da de ella. Ha vuelto con Noemí de los campos de Moab. Aquí otra vez se dice volver, así como en el capítulo 1:22. Es como si tuviera que aclararse que en realidad no pertenecía a Moab. Aun siendo moabita. Ella ha perdido el espíritu altivo e independiente de Moab (Isaías 16:6). Siente que todo es gracia, y por eso ha perdido respetuosamente si podía espigar. Esta humildad es tan preciosa para el Espíritu Santo, que se vuelve a indicar aquí, aunque ya queda dicho en el versículo 2. Pero aquí se dice que no solo pidió permiso para espigar, sino también para recoger de entre las gavillas. Lo primero es espigar, apreciar la alimentación de Belén. Recoger representa un paso más. No es todavía atar en gavillas, pero sí va yendo en esa dirección. El alma quiere tener un bien duradero y quiere ver la relación entre todo lo que Dios da. Anhela conocimiento en los pensamientos de bendición de Dios. Y ella siente que esto se encuentra.

“Y viendo las señales que hacía”. Pero enseguida dice: “Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos”. Los milagros y las señales pueden convencer a los sentimientos y hasta a la inteligencia. No obstante, pocas veces alcanzan a la conciencia. Pero ¡cuántos millones han llegado a la conversión, y cuántos millones han sido consolados por las palabras del Señor! Y él desea que también en eso seamos sus seguidores.

En Isaías 50:4 el Señor dice: “Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios”.

Temo que a muchos nos gustaría poseer la lengua de los sabios para poder mostrar bien cuánto sabemos y cuán inteligentes y buenos somos. Para eso no la tuvo el Señor. Pero por eso cantaron de Él los hijos de Coré: “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre” (Salmo 45:2).

¿Se ha dado cuenta alguna vez de que en Colosenses 3:17 está escrito: “Todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho”? Generalmente no consideramos las palabras como hechos. Pero la palabra de Dios sí lo hace a veces. Con las palabras podemos hacer mucho; mucho mal y mucho bien. Para aprender a hacer el bien tenemos que estar con el Señor Jesús. Él dice. “¡Aprenden de mí!”, como también yo aprendía mientras estaba sobre la tierra (Isaías 50:4).

“No vayas a espigar a otro campo”. El Señor Jesús no desea que vayamos a campos que no son suyos; donde no se reconoce plenamente su autoridad, y la dirección no se cede exclusivamente al Espíritu Santo. Él es un “hombre poderoso en riquezas”. Todos los campos en derredor son suyos. Tiene abundancia para satisfacer todas nuestras necesidades.

En sus campos Él lo ordena todo, y no hay lugar para la voluntad humana. Allí vale este principio: “El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha”. Un creyente carnal no quiere eso. “Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Juan 6:60-69). Y el Señor preguntó a los doce: “Queréis acaso iros también vosotros?”. Observe que eran discípulos los que se iban. Seguían siendo discípulos, pero ya no querían andar con Él. El no tener nada que decir y tan solo obedecer, eso es demasiado para la carne. Cuánto bien le habrá hecho al corazón del Señor la palabra de Pedro: “Señor. ¿a quién iremos? ¡Tú tienes palabras de vida eterna!”. Aquí había corazones para los cuales Él bastaba; que sentían que la verdadera bendición y la vida real se podían encontrar exclusivamente en una vida en comunión con Él, en una vida que solo se rige por su sabiduría, su amor y su poder.

“Ningún siervo puede servir a dos señores… No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Lucas 16:13). No podemos servir al Señor Jesús y al mundo, o a nosotros mismos. Por intentarlo hay tantos corazones fríos, desiertos y tristes entre nosotros. Cuando los israelitas lloraron por primera vez, después de haber sido libertados de Egipto, ello ocurrió porque se hallaban en mala compañía, con el pueblo extranjero que se mezcló con ellos (Números 11:4).

En Nehemías 13:23-24 leemos: “Vi asimismo en aquellos días a judíos que habían tomado mujeres asdoditas, amonitas y moabitas; y la mitad de sus hijos hablaban la lengua de Asdod, porque no sabían hablar judaico”. ¿En el caso de cuántos creyentes vemos el mismo cuadro? Los primeros cinco minutos uno cree que están en el campo de Booz. Pero los cinco minutos uno cree que están en el campo de Booz. Pero los cinco minutos siguientes hablan el lenguaje de otros campos. Y en sus hijos, generalmente se nota muy pronto que no hablan el lenguaje de “la tierra”.

Si abiertamente ocupamos el lugar de separación y estamos en el campo donde solo Booz tiene la autoridad y solo “su criado” lo dirige todo, y si entonces también vamos a otros campos donde no se pregunta únicamente por la voluntad del Señor y no se entrega la dirección exclusivamente al Espíritu Santo, esto solo demuestra que no tenemos confianza en el Señor, en su amor y en su poder para darnos todo cuanto precisamos. Y que no estamos dispuestos a no tener voluntad propia y preguntar solamente: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”. Dios desea que estemos separados. “He aquí un pueblo que habitará solo” (Números 23:9). “Sed santos (separados), porque yo soy santo” (1 Pedro 1:15-17). Y Él desea la verdad en el corazón. Si ocupamos abiertamente el lugar de separación, hagámoslo entonces de modo práctico, para que Dios pueda decir de nosotros: “Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va” (Apocalipsis 14:4).

Quizás usted dirá que no ha visto mucho poder en aquellos que se reúnen así, apartados. En cierto sentido tiene razón, puesto que el poder no es de los hombres sino de Dios. Y ¿cómo podríamos esperar fuerza exterior, cuando el mismo Señor dice de ellos: “Tienes poca fuerza” (Apocalipsis 3:8)?

Pero ¿tiene usted un concepto correcto de lo que es el poder de Dios? Lo puede aprender en 1 Reyes 19. Tampoco Elías se conformó con la manifestación del poder de Dios. Entonces Dios le dijo: “Sal fuera, y ponte en el monte delante d Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?”.

El hombre natural o el creyente carnal hubiera dicho durante el huracán, el terremoto, el fuego: “Cuán potente, cuán imponente, cuán devastador es el poder que así puede disponer de los elementos”: Pero el Señor no estaba en estas cosas, aunque disponía de ellas. Del susurro suave el hombre hubiese dicho: “Vaya qué débil”. Pero en él sí estaba Dios. Y este susurro suave obró que Elías saliera de la cueva y cubierta su rostro con su manto. Este le humilló y le hizo sumiso de verdad, de suerte que el Señor pudo instruirle respecto a su futuro camino. “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6). Véase también 1 Corintios 2:1-5 y 2 Corintios 12:9-10.

“Ni pases de aquí; y aquí estarás junto a mis criadasb”. Superficialmente considerado, estas palabras parecen decirnos lo mismo que la frase anterior. Pero no es así. Aquí se trata de la compañía que hemos de buscar en el campo de Booz. Desgraciadamente, todos los que se hallan en ese campo no son iguales en lo referente a su estado espiritual.

Ya hemos notado que, en las figuras de las Escrituras, la varonil suele estar relacionado con la posición y lo femenino con el estado práctico.

Los segadores, según mi parecer representan a aquellos que presentan la palabra y los pensamientos de Dios a los creyentes, o sea: los que tienen el don de explicar la Palabra de Dios. Las “vírgenes” se mencionan por primera vez aquí. Su trabajo era atar las gavillas, esto es, juntar el grano segado. Pero en vista del significado de lo femenino, debemos ver en esto el lugar que podemos ocupar por poner obra la Palabra de Dios; por expresar en nuestra vida lo que hemos oído y aprendido de la Palabra de Dios. Es de gran significado que aquí no se habla d atadoras, sino de vírgenes.

De Rebeca, figura de la Iglesia, se dice expresamente en Génesis 24:16 que era virgen y no la había conocido varón. Esa era una condición para venir a ser la esposa de Isaac. Al sumo sacerdote solo le era permitido tomar una virgen por esposa (Levítico 21:13-14). En 2 Corintios 11:2 escribe el apóstol: “Os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo”. Y en Apocalipsis 14 se dice de los 144.000: “Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes”. (Aquí se ve que no trata solo de las mujeres, sino también de los hombres).

En Ezequiel 16:26-29 se nos clara lo que representa la fornicación en las figuras de las Escrituras: el abandonar la separación y tener comunión con algo que no es Cristo; con el mundo.

El Señor nos aconseja que busquemos compañía espiritual y trato espiritual. “Huye de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Timoteo 2:22). Y eso se dice a quienes exteriormente se han limpiado y separado. Resulta, por lo tanto, posible ocupar exteriormente el lugar de separación e interiormente no estar limpio y no buscar la justicia, la fe, el amor y a la paz. Al alternar con creyentes carnales, mundanos o ignorantes, no crecemos en la gracia. Él que quiere crecer tiene que buscar la comunión de creyentes espirituales, de los que realizan en la práctica lo que les es presentado de la Palabra de Dios y que tienen un corazón indiviso para el Señor Jesús. Entonces el Señor puede bendecir y dar crecimiento.

“Mira bien el campo que siguen, y síguelas” (v. 9). En el campo de Booz se siega constantemente. Si queremos una parte de todo ello –si no queremos quedarnos atrás en la gracia–, entonces nuestros ojo han de mantenerse fijos en el campo, y no deben apartarse. Entonces hemos de seguir en pos de los segadores, para que obtengamos una parte de todo y no haya en nosotros ningún defecto por haber crecido torcidamente. “Habla a Aarón y dile: Ninguno de tus descendientes por su generaciones, que tenga algún defecto, se acercará… varón ciego, o cojo, o mutilado, o sobrado, o varón que tenga quebradura de pie o rotura de mano, o jorobado, o enano, o que tenga nube en el ojo, etc.” (Levítico 21:17-23; 2 Pedro 1:9-10; Filipenses 3:3). El Señor Jesús no desea enanos espirituales o cristianos deformes. Desea que todos lleguemos a ser perfectos (la palabra “perfecto” en el Nuevo Testamento significa “maduro”). Es decir, que crezcamos hacia la verdad posición cristiana, tal como nos está presentada sobre todo en la Epístola a los Efesios. Pero para eso tenemos que haber aprendido la verdad de las demás epístola, como Romanos, Corintios, etc., de modo práctico.

“Porque yo he mandado a los criados que no te molesten”. Aquí los segadores se llaman “criados”. Son jóvenes, y aquí vienen presentados en su fuerza varonil, como la encontramos descrita en 1 Juan 2:14. Son fuertes, han vencido al maligno y la Palabra de Dios permanece en ellos. Pero entonces existe el peligro de que olviden que ellos mismos también han sido niñitos, bebés en Cristo, y que ya no puedan comprender ni soportar a esos bebés. ¿No vemos ejemplos de eso, por ejemplo en Mateo 15:23; Lucas 9:55; 18:15? ¿Cómo podemos esperar que unos recién convertidos, o quienes llegan a nosotros de círculos donde no han recibido instrucción de la Palabra, vean y hagan las cosas bien? Precisamos tener paciencia para con ellos. Hemos de educarles para que lleguen a ser jóvenes y después, si es posible, padres en Cristo. Cuan a menudo hemos fallado en ello. Pero qué amable de parte Booz animar a Rut de esa forma, y quitarle así cualquier temor.

“Y cuando tengas sed, ve a las vasijas, y bebe del agua que sacan los criados” (v. 9). El segar representa el ministerio oral, como lo hemos visto. Aquí, al contrario, tenemos un servicio que ya se ha efectuado antes, pero cuyo resultado está a nuestra disposición. Nuestro Booz mandó preparar por sus criados recipientes llenos de refrigerios vivos, para que pudiéramos beber de ellos cada vez y todo el tiempo que tuviésemos sed (Juan 7:38).

En primer ligar hemos de ver en esto la Palabra de Dios, dada por el Espíritu Santo, esas “palabras espirituales que explican cosas espirituales” (1 Corintios 2:9-13). Pero al lado de esto poseemos también grandes tesoros en las meditaciones de los “jóvenes” que eran fuertes, que había vencido al maligno y en los cuales permanecía la Palabra de Dios (1 Juan 2:14). ¿Medimos cuán grande tesoro nos ha dado el Señor en las manos, por ese medio? Cuando veos lo poco que es solicitado y cuán conclusión de que no hay sed, no hay interés por la maravillosa verdad de Dios y los dones de gracia del Señor Jesús. Pero el Señor los ha puesto a disposición de todos. Y dice a cada humilde espigador: “Cuando tengas sed, ve a las vasijas, y bebe del agua que sacan los criados”. Ojalá el Señor nos dé corazones sedientos, ante todo a los creyentes jóvenes, para que bebáis abundantemente de lo que Él, en su amor previsor, ha mandado preparar para nosotros.

Rut bajó su rostro y se inclinó a tierra, y dijo a Booz: “¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera?” (v. 10).

Cuán poco está preparada el alma para las misericordias inesperadas de Dios. ¡Y cuán pocas y pequeñas eran éstas en comparación con los que había de venir luego! Pero qué precioso es su reconocimiento de la bondad de Booz y su sentimiento de su propia indignidad. Encontramos lo mismo cuando Mefi-boset comparece ante el biznieto de Booz: “¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?” (2 Samuel 9:8).

Esta humildad siempre es el resultado cuando el alma entra en la presencia del Señor. El justo Job, el hombre de quien Dios decía: “No hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:8), dijo de sí mismo: “De oídas te había oído; más ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6).

¿Cómo podríamos creer ser algo cuando estamos en la presencia de esta maravillosa Persona? Cuando hay orgullo en nosotros, cuando tenemos buena opinión de nosotros mismos, eso es porque en ese momento no le vemos a Él.

Y son precisamente su gracia y su misericordia la que nos hacen humildes. Cuando, al estar en su presencia, nos miramos a nosotros mismos, preguntamos confusos: “¿Por qué he hallado gracia en tus ojos?”. La respuesta solo la hallamos en el conocimiento de Él.

Si yo por gracia ilimitada, puedo decir del Señor Jesús: Él es “el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20), no puedo entender nada de ellos mientras me mire a mí mismo. En mí mismo no puedo encontrar nada que pudiera despertar su amor; al contrario, solo hay cosas que deberían llenarle de asco y de ira.

Pero si miro hacia Él, aprendo a conocerle mejor, entonces sí lo puede comprender. Entonces comprendo que esta maravillosa Persona ha podido amarme de tal manera que fue hasta la cruz por mí, para sufrir allí, en lugar mío, el juicio de un Dios santo que no puede pasar por alto el pecado. Pues todo en Él es infinito y perfecto. No solo ama, sino que Él mismo es amor.

Entonces, cuán grande se hace Él a mis ojos. Pero cuán pequeño vengo a ser yo en comparación con Él. Precisamente su gracia y sus misericordias me hacen pequeño y humilde.

“Y respondiendo Booz, le dijo: He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes” (v. 11).

En los versículos 6 y 7 hemos oído el testimonio del “criado, mayordomo de los segadores” (el Espíritu Santo). Aquí encontramos el testimonio del Señor, pero declarado a la persona misma. Si no damos testimonio de nosotros mismos sino solo que todo lo que teneos es pura gracia, el Señor dará testimonio de nuestro trabajo o a defendernos. Hemos de testificar de Él y de su obra, y luchar por Él. Si hacemos eso, Él testifica a nuestro favor y nos defenderá. Y Él puede hacerlo infinitamente mejor que nosotros. Y Él mismo también nos dirá lo que opina de nosotros.

¡Qué estímulo para Rut! ¡Cómo hubiera podido creer que la historia de una muchacha pobre y extranjera llegase a oídos de un hombre tan poderoso, y que él lo apreciara así!

No creo que ella jamás haya considerado como un sacrificio de su parte el haberse marchado de Moab para ir a Belén con Noemí. ¿Acaso un hijo de Dios alguna vez ha visto como un buen acto personal el haber ido con sus pecados y su culpa al Señor y haberle aceptado como Señor y Salvador? Cada creyente siente que fue solo gracia ilimitada el hecho de haberlo podido hacer. Pero Dios, en su maravillosa gracia, nos cuenta como un acto grande y bueno el que hayamos aceptado al Señor Jesús en el tiempo de su rechazamiento por el mundo. Y Él nos ha dado una gran recompensa y pronto nos dará aún más, de modo que ahora, y aún más en la eternidad, tengamos un lugar por encima del lugar y las bendiciones de todos los creyentes de antes de la cruz y de después del arrebatamiento de la iglesia.

Qué estímulo es también que Él sepa todo acerca de nosotros, incluso respecto a nuestro trabajo para Él. Pero Él lo ve todo y no olvida nada. Y ¿acaso no valen más su aprobación y su sonrisa que toda la aprobación y alabanza de cualquier perdona? Es un momento precioso cuando el alma se da cuenta por primera vez del hecho de que el Señor la conoce y lo sabe todo acerca de ella. Y esta preciosidad solo crece a medida que nos vamos haciendo más conscientes de ello.

Y ¡cuán perfectamente el Señor sabe y aprecia todo acerca de nosotros! Booz sabe que Rut ha hecho tanto por su suegra después de que su marido, el vínculo natural con Noemí, hubo muerto. Sabe cómo por amor a Noemí abandonó a su padre el único hombre con quien todavía estaba relacionada, su único protector y –en figura– la indicación de su condición espiritual original. Cómo por amor a su suegra abandonó también a su madre, punto central de su amor y afectos naturales. Cómo abandonó la tierra de su nacimiento para ir a un pueblo que no conocía, porque era el pueblo de Noemí. Y lo dice con palabras que la relacionan con Abraham, padre de los creyentes (Génesis 12:1; Hebreos 11:8). El Señor conoce todas nuestras circunstancias, todas nuestras dificultades y todos los peligros a los cuales estamos expuestos. Y Él puede comprendernos en tofo, porque Él, en gracia hacia nosotros, estuvo en las mismas circunstancias (Hebreos 2:10, 14, 18; 4:15). ¿Qué, pues, hemos de temer?

También vemos aquí que cuando el corazón es sencillo y los ojos están dirigidos hacia el Señor, Él sabe cómo convertir el camino de un pobre y débil creyente en un testimonio para sí mismo. A menudo cometemos la equivocación de fijarnos como meta el ser testigo. Pero eso hace precisamente que no rindamos un verdadero testimonio, sino solo tal vez en los ojos de aquellos que no saben distinguirlo. La verdadera fuente y verdadera fuerza de un testimonio es no pensar en uno mismo, fuerza de un testimonio es no pensar en uno mismo sino estar ocupado solamente con el Señor Jesús.

Que nos hallamos en el favor (o gracia) de Dios (Romanos 5:2), desde que creemos en el que se levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresores, y resucitado para nuestra justificación (Romanos 4:24-25). La conciencia de esto la hace feliz, pero no orgullosa. Reconoce su autoridad sobre ella y se llama su sierva.

Fijémonos en que Booz habló al corazón de Rut. Eso también lo hace siempre el Señor. Él no habla mucho al entendimiento. Habla al corazón y a la conciencia. Al corazón para despertar los sentimientos; a la conciencia para llevarla al conocimiento de su condición. Esa es una buena lección para nosotros. Convertir al intelecto no tiene valor. La conciencia ha de entrar en la luz de Dios, y los sentimientos del corazón han de despertarse.

Rut reconoce la autoridad de Booz sobre ella y se llama su sierva. Peo añade que no es como una de sus siervas. Siempre había conocido las muchachas de Moab y sabía cómo eran. Ella misma era una de ellas. Y ahora ve las hijas de Belén, que servían a Booz y eran vírgenes, esto es, que no tenían comunión con el mundo. Ahora vela diferencia.

Una hermana me contó una vez lo que había pensado cuando, recién convertida del mundo, vino por primera vez a la reunión del domingo por la mañana. Vio que todas las hermanas llevaban el pelo largo y que todas tenían la cabeza cubierta. Vio su exterior y su comportamiento en el culto, y pensaba: “Esa gente es santa, entre ellos no pertenezco yo”. Pero, como Rut, ya no podía marcharse, porque sentía que nuestro Booz estaba presente. Y con Él quería estar.

Una hermana que sirve al Señor y quiere ser solamente para Él –es decir, ser sierva suya– también en su aspecto exterior lo hará visible. También en eso preguntará cómo puede agradar y servirle a Él. Se ataviará “de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1 Timoteo 2:9-10). Tendrá el cabello largo y cubrirá su cabeza (1 Corintios 11).

La gran delicadeza y amabilidad de este hombre poderoso en riquezas de Belén es visible para la pobre mujer moabita en todas sus palabras y actos. Toda su atención se fija en ella, y su inesperada gracia habla a su corazón, como ella lo dice. Sin embargo, ella no abusa de su bondad. No hay familiaridad ni atrevimiento en palabras o actos. Él descendió en gracia hacia ella, pero esto solo la lleva a humillarse y ensalzarlo a él. Se inclina a tierra ante él y confiesa su indignidad. Ella es “extranjera” y no como una de sus criadas. No obstante, en humildad y maravillada admiración acepta todo lo que él hace por ella; una digna hermana de tantas mujeres en los Evangelios.

“Y Booz le dijo a la hora de comer: Ven aquí, come del pan, y moja tu bocado en el vinagre. Y ella se sentó junto a los segadores, y él le dio del potaje, y comió hasta que se sació, y le sobró” (v. 14).

Como vimos, Rut andaba su camino en humildad simple cumplimiento del deber. Pero Booz pensaba en ella y quería que otros también se enterasen de lo que su gracia había obrado en esta muchacha moabita y para ella. Por eso la convida a su comida. ¡Qué muestra de favor para esta pobre extraña!

Rut no rechazó. Siempre hacía lo que él le mandaba y por eso recibió tantas bendiciones. No dijo que era demasiado pobre o que sus ropas no eran bastante buenas, y que por eso no podía aceptar la invitación. El secreto para recibir bendición y para crecer en gracia es hacer siempre lo que dice Señor. Él no nos manda nada que no quiere que hagamos. Y siempre quiere darnos fuerzas para ser obedientes.

Rut era una asidua espigadora. Pero el Señor no desea que trabajemos siempre. Desea que también tomemos tiempo para comer y estar con Él. Cuando los discípulos vinieron a Él para informarle de “todo lo que habían, y lo que habían enseñado” (Marcos 6:30), les dijo Él: “Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco”. A menudo estamos tan ocupados con nuestras palabras y actos, que estamos tan ocupados con nuestras palabras y actos, que estamos inclinados a pensar que el poder y la suficiencia de la obra proviene de nosotros mismos y no de Él. Entonces tenemos necesidad de estar solos con Él un rato y descansar. Cuanto más estemos sentados a sus pies para escucharle y tener comunión con Él, para salir desde esta posición a la obra, tanto más bendecido y fructífero será nuestro servicio. Rut no había recogido menos espigas al final que si hubiera seguido trabajando durante el tiempo de la comida. Por el contrario, por el buen cuidado de la comida. Por el contrario, por el buen cuidado de Booz le había dado, y de eso aún le quedaba para llevárselo a Noemí.

En la vida diaria no se le ocurriría a nadie solo trabajar seis días por semana, y solo comer los domingos. Pero en las cosas espirituales muchos cristianos hacen precisamente eso. Creen que es suficiente sentarse los domingos a los domingos a los pies del Señor y tomar el alimento espiritual. Por eso hay tantos cristianos débiles y sin fuerzas. La nueva vida espiritual que hemos recibido en el nuevo nacimiento, también precisa de alimentación apropiada. Cristo es el pan para esa vida (Juan 6:35). Para el mantenimiento de esa vida es necesario apreciar diariamente –por la fe– lo que Cristo es y lo que ha hecho (Juan 6:56). Cada día tenemos que juntar y comer nuestra porción de maná, nuestra parte de fruto de la tierra (Juan 6:27; Josué 5:11).

Rut al espigar, ya había recogido alimento. Podemos recibir mucho en un sermón bíblico, en un discurso, en la lectura de una meditación o en la lectura de la Palabra misma. Pero aquí va más allá. Se le invita a tomar asiento a la mesa de Booz y comer juntamente con él. Es el mismo alimento, pero ahora lo recibe directamente de sus manos, y lo come juntamente con él. Eso es comunión, participación. Y ese es el pensamiento que las Escrituras habitualmente relacionan con una “mesa”.

Allí ve cómo cuida Booz de sus criados y sus criadas. Qué abundancia de preciosa comida y bebida reciben de la mano de su amo, de este hombre poderoso en riquezas. ¿No lo hemos experimentado también nosotros? ¡Pero todo lo que ellos reciben, también es para ella! Si corazón y sus manos están tan abiertos para ella como para aquellos que ya le han servido por más tiempo, por indigna que ella pudiera sentirse de esto. Ella puede sentarse al lado de los segadores, y disfrutar juntamente con ellos de todos lo que están en relación Booz. Y él es la cabeza de la mesa. ¿No nos hace pensar esto en el sacrificio de paz en Levítico 3 y 7? Allí vemos a toda la familia de Dios alrededor del altar, comiendo del sacrificio: los hijos de Aarón, el que ofrece y cada uno del pueblo que esté limpio. Pero también Dios tiene su parte: lo que en Levítico 3:11, 16 se llama su vianda, su pan (véase también Levítico 21:6, 8). Y también Aarón, como figura del Señor Jesús, tiene una porción (Levítico 7:31).

En Juan 6:27-35 vemos que el pan nos da nuestro Booz es el maná, el recuerdo del Señor Jesús en su vida terrenal. Esto es nuestro alimento para le desierto, este mundo por el cual hemos de peregrinar. Él estuvo como Hombre sobre la tierra y pasó por todas las circunstancias por las cuales nosotros, como creyentes, podemos pasar en esta tierra. Fue tentado como nosotros, exceptuando el pecado. Tuvo hambre, sed, cansancio (Juan 4). Estuvo junto a la tumba de un amado y lloró (Juan 4). Estuvo junto a la tumba de un amado y lloró (Juan 11). Era solitario (Salmo 102:6-7) y buscaba compasión y consoladores (Salmo 69). Sí, en toda nuestra angustia fue Él angustiado (Isaías 63:9; Hebreos 2:10, 14, 18): Cuando le vemos y admiramos así, recibimos alimento. Es el pan de los fuertes, de los ángeles, por el cual estos poderosos siervos de Dios reciben fuerzas para su servicio (Salmo 78:23-25), y por el cual nosotros también recibimos poder para servir a Dios y cumplir su voluntad en un mundo donde rige Satanás y donde el Señor Jesús está rechazado. Eso es lo primer que necesitamos como creyentes en este mundo, y que Dios da a cada uno.

Pero entonces Rut puede mojar su pan en el vinagre. La palabra hebrea y la griega para vinagre solo aparecen, fuera de esta cita, en Números 6:3; Proverbios 10:26; 25:20; Salmo 69:21; Mateo 27:48 y quizás el versículo 34; Marcos 15:36; Lucas 23:36; Juan 19:29-30. Todas las citas en el Nuevo testamento y en el Salmo 69:21 están en relación con el sufrimiento del Señor en la cruz y sobre todo con el soportar el juicio de Dios, cuando el Señor fue hecho pecado por nosotros. Pues bien, le es permitido a Rut mojar su bocado en este vinagre. ¿No nos lleva esto a la travesía del Jordán y a la circuncisión del pueblo (Josué 4 y 5)? El Mar Rojo nos presenta en figura la muerte y la resurrección del Señor por nosotros. Al cruzarlo llegamos al desierto. El Jordán nos presenta la muerte y la resurrección del Señor y nosotros con Él. Al asarlo entramos en la tierra. Y tan pronto como el pueblo está en la tierra, tiene que circuncidarse, lo que no se había realizado en el desierto. Si nos aplicamos a nosotros mismos la muerte y la resurrección del Señor, es decir, nos vemos como muertos y resucitados con Cristo, entonces nos tenemos que circuncidar. Esa es la aplicación práctica del haber nosotros muerto con Cristo.

No obstante, cuando estamos en la tierra y circuncidados, recibimos otro alimento. Allí cesa el maná, y obtenemos el fruto de la tierra, pan sin levadura y grano tostado (Josué 5:11-12). Eso es lo que ahora Booz da a Rut. Representa al Señor glorificado en el cielo, quien es el alimento para los que, en Él, han sido sentados en los lugares celestiales. Por supuesto, cada creyente ahora está sentado en Cristo en los lugares celestiales (Efesios 2:6). Pero cuán pocos lo saben y lo realizan en sus corazones. Muchos no van más allá de la pascua (Éxodo 12). Han sito sus pecados y buscan refugio detrás de la sangre, para no ser alcanzados por el juicio de Dios. Ven a Dios como el terrible Juez y esperan que el juicio no les caiga a ellos. Pero a menudo creen que no lo sabrán de seguro hasta que el día del juicio haya pasado. Otros han llegado más lejos, hasta el Mar Rojo. Saben que están seguros ante el juicio y han visto que Dios es el juez de sus enemigos, pero su amigo. Él mismo dio al Señor Jesús para ellos. Esa es la posición de Romanos 8. Es la posición en el desierto, aunque en el favor de Dios, como lo vemos en Éxodo 15-18. Cuán pocos, sin embargo, realizan en sus corazones la verdad de la epístola a los Efesios: que han muerto, pero que han resucitado con Cristo y que han sido trasladados con Él al cielo; que así, por la fe, ya pueden vivir en el cielo y tomar posesión de todos los tesoros celestiales (Efesios 1:3). Esa es la verdadera posición cristiana. A eso quiere llevarnos el Señor a nosotros también. Y para eso Booz da a Rut el grano tostado, el alimento de los que están en los lugares celestiales. Cuando saboreamos ese maravilloso alimento –el Cristo glorificado en el cielo– entonces anhelamos hacer progresos, para conocer esa posición de modo práctico y ocuparla.

Hay una porción que todos los creyentes tienen en común, en la cual todos pueden tener parte, porque ha sido preparada para todos. Es todo lo que se relaciona con la posición cristiana. Cada creyente puede nutrirse del maná, puede apropiarse de la muerte y de la resurrección en Cristo, puede comer del fruto de la tierra, del grano tostado. Cada uno tiene un sitio a la mesa del Señor y puede tomar parte en la Cena del Señor, a condición de no haber impedimentos en él mismo. Pero también hay bendiciones personales y comunión personal con el Señor. Esto se relaciona más con nuestro estado práctico. “El que ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:23). Esas son las bendiciones que recibimos y la comunión que disfrutamos, por encima de la parte común a todos los creyentes. Al vencedor de Pérgamo le dice el Señor: “Le daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe” (Apocalipsis 2:17) Ese es un secreto personal entre el Señor y el recibidor, una prueba de favor personal del Señor. De esto encontramos varios ejemplos en las Escrituras, lo mismo que de disciplina personal en los caminos en que nos educa el Padre. No solamente somos piezas de un gran conjunto. Hay también una comunión personal con el Padre y el Hijo, y una guía y educación personales. Véase por ejemplo Hechos 23:11; 2 Corintios 12:2-9; 2 Timoteo 4:17.

Pero si nuestro corazón está prácticamente relacionado con el Señor, a menudo recibimos también las cosas comunes personalmente de su mano, como una prueba personal de favor. Es eso lo que también vemos aquí en el caso de Rut. Booz con su propia mano el grano tostado. ¿Esto no le dio un doble valor? ¿Nosotros también conocemos esto por experiencia?

El Señor también nos da con tanta abundancia, que no solo es suficiente para nosotros mismos, sino que también podemos dar de ello a otros. Rut comió, se sació y le sobró. Eso lo pudo dar más tarde a Noemí. Precisamente lo que recibimos en la comunión personal con el Señor, nos hace una fuente de bendición y de ánimo para los demás.

“Luego se levantó para espigar. Y Booz mandó a sus criados, diciendo: Que recoja también espigas entre las gavillas y no la avergoncéis; y dejaréis también caer para ella algo de los manojos, y lo dejaréis también caer para ella algo de los manojos, y lo dejaréis para que lo recoja, y no la reprendáis” (v. 15-16).

Ahora Rut experimenta que el resultado de su espigan no solo depende de su celo. “La bendición de Jehová es la que enriquece”. En Hechos 14:1 se dice que Pablo y Bernabé hablaron de tal manera que creyó una gran multitud. Pero cinco versículos antes está escrito que creyeron todos los que estaban ordenado para vida eterna. Dios da el crecimiento (1 Corintios 3:5-8). Rut tenía cielo. Por eso se levanta inmediatamente después de la comida y trabaja hasta la noche. Pero todo su celo en el trabajo no le hubiera surtido tal resultado como lo tiene ahora mediante la bondad de Booz. Y Booz puede mostrarle su bondad porque ella hace en todo lo que él le manda; también cuando le dice que descanse un ratito y coma.

Y observe también que Rut no se pone a trabajar con más lentitud, o se para después de recoger una cantidad tan inesperadamente grande. Era una mujer de fe. Cada manojo que recogía aumentaba su deseo de recibir aún más del precioso trigo del campo de Booz.

¡Qué bondad, pero también qué sabiduría y qué tacto manifestaba Booz para con Rut! No hizo que se le diesen de una vez varias gavillas enteras. Eso hubiera significado mucho menos trabajo para sus siervos y para Rut. Pero Booz sabía que lo que nos apropiamos por nuestro propio esfuerzo, tiene mucho más valor para nosotros que lo que recibimos regalado. Así también actúa el Señor. No da la verdad en bosquejos que exponen todo, lo más comprimido posible. Él empieza por presentar un principio a veces en relación con un suceso o con una persona. Luego en otra cita presenta otro aspecto de esa verdad, etc. Así, buscando y estudiando afanosamente en su Palabra, aprendemos a conocer la Verdad, pero únicamente si la Verdad nos parece tan preciosa como para gastar tiempo y esfuerzo para aprender a conocer los pensamientos de Dios.

Así ocurre también en el servicio. A cada uno de nosotros ¿no nos ha dejado hallar el Señor a menudo uno de esos manojos? A veces, cuando no lo esperábamos en absoluto. Y también nos ha mandado dejar caer de cuando en cuando un manojo para otra personas. “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos” (Romanos 15:19). “Sobrellevad los unos las cargas de los otros” (Gálatas 6:2). Véase también 1 Tesalonicenses 5:14-15. Cuando los hermanos que suelen hablar en las reuniones piensan también en los recién convertidos y los débiles, eso se manifestará en su ministerio. A veces conocen necesidades extraordinarias, y pueden dejar caer un manojo de vez en cuando. Pero en eso pueden tomar como ejemplo a Booz. Él no daba directa y abiertamente. Lo dejaba caer para que Rut pudiese recogerlo. Ni la persona interesada ni los demás presentes han de darse cuenta de que el manojo ha sido dejado caer para una persona determinada.

“Espigó, pues, en el campo hasta la noche, y desgranó lo que había recogido, y fue como una efa de cebada” (v. 17).

Ya hemos visto que Rut se caracterizaba por un gran celo para tomar posesión de todo lo que la gracia ponía a su disposición. Esto lo volvemos a ver aquí; espigó hasta la noche. ¿Ese celo también se encuentra en nosotros?

Los jóvenes creen a menudo que el estudio serio de la Biblia es más bien para hermanos y hermanas mayores. Pero esa es la peor equivocación que pueden cometer. La mejor época cae entre los quince y los treinta y cinco años de edad. Cuando somos jóvenes, todo está todavía fresco para nosotros, y disfrutamos doblemente de todas las bendiciones que la Palabra de Dios nos presenta. Estos de Dios todavía pueden imprimir su sello sobre nuestras vidas. Pero al lado de eso, nuestra memoria es mucho más capaz de retener lo que leemos. No habrá muchos hermanos ancianos que aman la Palabra, a los cuales no les pese no haber escudriñado más las Escrituras cuando eran jóvenes.

Rut también desgranó las espigas que había recogido. Quería saber lo que realmente había juntado. El grano no puede crecer sin la paja. Pero en la paja no hay alimento para el hombre. En las alocuciones y meditaciones a veces también tiene que haber paja: ilustraciones para aclarar una verdad; repetir las cosas dos o tres veces para que se capten y se retengan. Además de esto la debilidad de expresión que tiene cada persona. Y a veces hay mucha paja, sí, hay que buscar el grano, cuando el orador procura hablar de forma interesante para hacerse popular, decir las cosas de otro modo que los demás, traer cosas nuevas, etc. El único medio de poder dar mucho grano lo encontramos en 1 Pedro 4:11: “Si alguno habla, hable conforme a las palabras (oráculos) de Dios”. Esta palabra griega por “palabras” solo aparece aquí y en Hechos 7:38, Romanos 3:2 y Hebreos 5:12. En griego clásico se utilizaba para pronunciamientos de los dioses cuando alguien les pedía consejo, por ejemplo en el conocido oráculo de Delfi. Así pues, no solo quiere decir que lo que el orador dice ha de armonizar con la Palabra de Dios, sino que debe hablar las palabras que Dios quiere que pronuncie en esas circunstancias y en ese momento: “Dijo el que oyó los dichos de Dios, el que vio la visión del Omnipotente” (Números 24:4; cf. 1 Corintios 2:13). Esto solo es posible cuando uno se deja utilizar por el Espíritu Santo y no quiere hacer algo por sí mismo.

A menudo, solo nos llevamos la paja a casa cuando hemos estado en una reunión. Recordamos los defectos en la exposición, en la elección de palabra o precisamente la bonita forma exterior en la que se presentó algo. Pero Rut no se interesaba por la paja. Desgranó la cebada para llevarse esta consigo a casa. Solo ella contiene alimento. Se volvió a ocupar de las espigas, para ver lo que realmente era cebada para llevarse esta consigo a casa. Solo ella contiene alimento. Se volvió a ocupar de las espigas, para ver lo que realmente era cebada, y eso se llevaba. En Levítico 11 solo son limpios solo son limpios los animales que rumian; solo estos se pueden comer. Y en Deuteronomio 18:3, se menciona el estómago (cuajar) entre la porción de la ofrenda que recibía el sacerdote; este debía aprender a rumiar, a digerir el alimento recibido. ¿Lo hacemos nosotros también así con lo que leemos en las Escrituras o en las meditaciones o lo que oímos en las reuniones? ¿Y luego tiramos la paja que meditaba en el campo (Génesis 24:63).

Ahora Rut conoce el verdadero valor de lo que ha juntado. Tiene un efa de cebada; según Éxodo 16:16 y 36, el aliento de diez días. Pero también suficiente como oblación para la dedicación de diez sacerdotes. Ahora puede irse a casa, para compartir su abundancia con Noemí. Cuando sabemos lo que hemos recibido, y lo hemos digerido para nosotros mismos meditando en ello, entonces podemos dejar que otros participen en nuestra abundancia.

“Y lo tomó, y se fue a la ciudad; y su suegra vio lo que había recogido. Sacó también luego lo que le había sobrado después de haber quedado saciada, y se lo dio” (v. 18).

Romanos 14 dice: “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere sí”. Rut había recogido y no se avergüenza de llevarlo consigo a la ciudad, de modo que cada uno pueda ver lo que espigador puede juntar en los campos de Booz. Trae alimento a la ciudad para que no haya hambre en ella. Es lo contrario de lo que querían los malos y perversos de 1 Samuel 30:22. Estos habían estado con David cuando batió a los amalecitas, y habían cogido botín. Pero nada de eso querían compartir con los que por falta de fuerzas no habían ido también a la batalla. ¡No era ese el parecer de David! a todos les dio por partes iguales. Este pensamiento también lo tenía Rut.

Pero en la ciudad Rut lo llevó todo a la casa de Noemí, puesto que allí vivía. En la meditación del capítulo 1:5 vimos que Noemí es figura del testimonio, visto en el lugar donde este se ve en la práctica. Allí llevado Rut todo lo que había cosechado. No solamente pensaba en sí misma sino también en el testimonio. Y todo lo que había recibido con fuerzas espirituales, en un cambio espiritual, era para el testimonio; era para toda la iglesia (la ciudad), pero llevado a Noemí, al testimonio con el que se había unido.

Esa es la voluntad del Señor, tal como la Palabra de Dios nos lo dice con tanta claridad; véase por ejemplo Colosenses 2:19; Efesios 4:11-16; 1 Corintios 12:14-17. “Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”. Ojalá Dios permita que todos sintamos profundamente esto, de modo que todos los bienes espirituales que recibimos los traigamos al testimonio, para alimentación de todos.

Esto no quiere decir tiene que ser presentado abiertamente en la reuniones. Ello significaría que ninguna de las hermanas y solo algunos hermanos pudiesen efectuar ese servicio. ¡Pero Efesios 4:16 habla de todos y cada uno! En nuestras conversaciones personales, durante nuestras visitas recíprocas, sí, en toda ocasión podemos participar lo que nosotros mismos hemos recibido, de modo que todos reciban bendición por esto y crezcan en la gracia. Eso también influirá en el ministerio en las reuniones, para que todo el ambiente se haga un ambiente de abundancia espiritual.

Y hasta nuestras experiencias personales con el Señor, nuestra comunión personal, sus muestras personales de favor hacia nosotros pueden ser alimento para otros: Rut dio a Noemí lo que le sobraba después de haberse saciado ella misma; esto es, del grano tostado que había recibido de Booz.

Por cierto, con esto no quiero decir que hemos de hablar de nuestros sentimientos o narrar cada vez de nuevo toda clase de experiencias reales o supuestas. Pero nuestra comunión personal con el Señor y nuestras experiencias con Él imprimen su sello sobre nuestra expresión y nuestro servicio. Y en determinados casos el Señor se podrá valer de una determinada experiencia, para animar por ella a otros. ¿No permitió Dios que fuesen consignadas por Pablo en la Palabra ciertas muestras de su favor, para animarnos a nosotros? Piense en las citas mencionadas en el cementerio sobre el versículo 14: Hechos 23:11; 2 Corintios 12:2-9 y 2 Timoteo 4:17.

“Y le dijo su suegra: ¿Dónde has espigado hoy? ¿Y dónde has trabajado? Bendito sea el que te ha reconocido. Y contó ella a su suegra con quién había trabajado, y dijo: El nombre del varón con quien hoy he trabajado es Booz” (v. 19).

El apóstol Pablo pudo escribir a los Tesalonicenses: “Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la Palabra del Señor, no solo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar de nada; porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo” (1 Tesalonicenses 1:8-10). El mundo proclamaba su conversión y los resultados de esta conversión.

Así también ocurrió con Rut. Aún no había dicho ni contado nada, cuando Noemí le preguntó esto; los frutos que traía consigo eran testimonio suficiente. Cuando alguien ha estado espigando todo el día en el campo de Booz y ha tenido tales encuentros personales con Él, el porte y la riqueza espiritual testifican de que uno tiene trato con el Señor y busca alimento y riquezas en su campo. “¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura” (Isaías 55:2). Sin decir Rut ni una palabra, Noemí sabe que tiene que haber una persona que ha hecho bien a Rut, y que tiene que ser una persona maravillosa. ¡Ella le bendice!

Se ve que Rut no sabía que Noemí conocía a Booz y, por tanto, que Noemí nunca había hablado a Rut acerca de él. ¡Qué testimonio más triste! En la vida y en el corazón de Noemí, Booz nunca había ocupado un sitio grande que lo dominara todo. Ella nunca había podido cantar con verdad y de corazón:

Señor, al meditar en ti y en tu amorosa gracia se inflama el corazón en mi por vez tu faz gloriosa.

Tú eres mi reposo y bien, mi roca, mi justicia, divina paz, salud, sostén y mi mayor delicia.

Los que están en contacto con nosotros ¿saben que nosotros conocemos al Señor Jesús? ¿Y han recibido una impresión de quién es Él, por haber visto qué es para nosotros?

En los acontecimientos de este día, Rut había conocido personalmente a Booz. Ahora sabía también su nombre. ¡El nombre Booz significa: en él hay fuerza! Qué consuelo, estímulo y felicidad para una pobre y débil viuda que no tenía nada en qué apoyarse, el hallarse en el favor de semejante hombre y experimentar su cuidad y su bondad. Llena de alegría dice su nombre a Noemí.

“Tu nombre es como ungüento derramado; por eso las doncellas te aman”, dice la Esposa proféticamente acerca del Señor Jesús en Cantares 1. Y los hijos de Coré cantan en el Salmo 45: “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios”.

¿Quién puede medir lo que encierra el nombre “Jesús”? ¿Quién puede describir lo que pasa en el corazón de alguien que ha aprendido a conocerle verdaderamente? No solo como su Salvador, por maravilloso que eso ya pueda ser; sino también quién es Él para nosotros en todas las circunstancias de la vida; en todas las dificultades, todos los sufrimientos, todos los peligros, toda, infidelidad, toda alegría; y aun más, lo que es Él personalmente; las maravillas de su persona y su obra en la cruz, tal como el Padre nos las anuncia tanto abiertamente como en los miles de figuras y ejemplos en su Palabra. El apóstol Juan exclama extasiado: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Y Dios hizo que él y otros consignasen lo que han visto, para que nosotros pudiésemos verlo también. ¿Lo hemos visto? ¿Lo vemos también hoy?

El gran tema en el libro de Rut es que la gracia despierta en el corazón unos sentimientos, afectos que anhelan satisfacción. Cuando existe este amor la fe echa mano de la gracia para ser satisfecha. Y no hay nada que la gracia quiere hacer más que corresponder a la fe. Pero eso lo hallamos en los capítulos 3 Y 4. Aquí solo tenemos el amor que Booz ha obrado en el corazón de Rut.

“Y dijo Noemí a su nuera: Sea él bendito de Jehová, pues que no ha rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que han muerto. Después le dijo Noemí: Nuestro pariente es aquel varón, y uno de los que pueden redimirnos” (v. 20).

El hecho de que Rut haya encontrado a Booz y haya sido ayudada tanto por él, hace que Noemí conozca que esta es la mano de Dios. En el capítulo 1:20-21 ella había dicho que el Todopoderoso la había puesto en grande amargura, y la había afligido. Ahora ve que el Señor aflige y prueba “para a la postre hacerte bien” (Deuteronomio 8:16). Booz , que ha sido tan bueno para con Rut, es pariente, y además, uno de los redentores.

La palabra hebrea que aquí y en los capítulos 3 y 4 es traducida por “redentor” o “redimir” se traduce en otros sitios como “libertador” o “vengador de sangre”. La idea principal de todas estas palabras es, pues, la misma. Las ordenanzas de Dios en relación con el redentor las encontramos principalmente en Levítico 25, Números 35 (vengador de sangre) y Deuteronomio 25. El redentor debía volver a comprar la herencia que se había vendido como consecuencia, de la pobreza, y de igual manera al mismo israelita, si este –obligado a ello por la pobreza– se había vendido como esclavo a un extraño (Levítico 25:25, 48-49). También tenía que vengar la sangre de aquel que había sido muerto por un asesino (Números 35:16-27). Y a la mujer de aquel que había muerto sin hijo, la debía tomar como esposa para suscitar un heredero al difunto, para que su nombre no fuera borrado de Israel y su heredad no cayera en poder de extraños (Deuteronomio 25:5-6). El redentor era el hermano, el tío, el primo u otro pariente del empobrecido o muerto (Levítico 25:48-49).

El Señor Jesús es el redentor para Israel. Él volverá a comprar la heredad, redimirá a Israel, suscitará una nueva simiente, y aniquilará a los asesinos de Israel por el juicio. Exceptuando lo último, vemos esto presentado proféticamente en la historia de Rut y Booz.

Pero también es nuestro Redentor. En Hebreos 2:14-15 le vemos como nuestro vengador de sangre: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la suerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre”. En Hebreos 10 y en 1 Pedro 1:18-20 le vemos como el Redentor que ha pagado el precio de nuestra libertad. Y en Efesios 1:14 y Colosenses 1:20 hallamos la redención de la heredad. Y ¿no vemos en 1 Corintios 15:45 etc., y Romanos 5:12 etc., al Hermano que suscita un heredero que puede tomar posesión de la heredad del primer Adán (que está muerto en pecados y transgresiones)?

En Apocalipsis 2 y 3 encontramos al Señor también como Redentor de la Iglesia en su caída. La Iglesia ha abandonado su primer amor y así llegó a ser pobre. Ha vendido su heredad y mora está el trono de Satanás (cap. 2:13). Tiene nombre de que vive, pero está muerta (cap. 3:1). Entonces viene el Redentor, el verdadero Booz (= en él hay fuerza): “El que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre”. En el lugar del Sardis muerto ha suscitado un nuevo heredero. Ha dado una puerta abierta hacia la heredad y relaciona a Filadelfia consigo mismo y con su Palabra. Y actúa como vengador de sangre contra la sinagoga de Satanás, contra aquellos que, con base en una posición que se atribuyen a sí mismos, pretenden ser el verdadero pueblo de Dios. Eso lo vemos, creo, representado espiritualmente en la historia de Rut, y a eso también quiero limitarme.

Anteriormente Noemí ha oído hablar de la redención, pero no le ha dado importancia. De otro modo, hubiese pensado antes en ella y hecho uso de ella. Ahora que ha sido acrisolada por las pruebas y la disciplina en un camino desviado, y además se da cuenta de lo bueno que es Booz, se acuerda nuevamente de él, y al mismo tiempo de redención. Sus pensamientos todavía están confusos. Cuando uno anda en caminos propios y abandona la verdad de Dios, se pierde la luz. Y en el retorno, esta solo vuelve muy lentamente, ¡si es que vuelve en su totalidad! Ella dice que Booz es uno de los redentores. No ve todavía que solo él puede ayudar, pero que puede hacerlo en todas las circunstancias y en todas las cosas.

“Y Rut la moabita dijo: Además de esto me ha dicho: Júntate con mis jóvenes,c hasta que hayan acabado toda mi siega” (v. 21).

El énfasis está sobre “mis jóvenes” y “mi siega”, porque todo es de Booz. Los jóvenes y la siega solo tienen importancia porque pertenecen a Booz. Además, aquí se vuelve a llamar “la moabita” a Rut, porque precisamente de sus palabras se desprende que todavía no ha madurado, no ha alcanzado aún (figurativamente) la verdadera posición cristiana.

Rut no conocía las riquezas de los pensamientos de Dios en relación con la redención, porque la Palabra de Dios le era todavía demasiado desconocida. Y ya que conocía demasiado poco a la persona de Booz en toda su plenitud, tampoco captó el alcance de las palabras: Él es uno de nuestros redentores. Todas las bendiciones que Dios ha dado y quiere dar a los hombres, son en el Señor Jesús véase por ejemplo Efesios 1:3-11. Nuestro entendimiento en el valor de estas bendiciones es directamente proporcional a nuestros conocimiento de la gloria de Aquel en quien poseemos estas bendiciones. Solo cuando vemos, su gloria, conocemos que las bendiciones son preciosas. Así también Rut solo aprendería a comprender el significado del hecho de que Booz era el redentor, cuando aprendiese a conocer mejor los pensamientos de Dios acerca de la redención y sobre todo, a Booz mismo.

Por eso no entra en detalles respecto a lo que dice Noemí, sino que sigue hablando de lo que conmueve su corazón: las palabras y las muestras de favor de Booz. Y esa es la manera de conocerle mejor y aprender así lo que significa que él es el redentor.

Al principio Booz había dicho a Rut (cap. 2:8): “Aquí estarás junto a mis criadas (doncellas)”. Ahora, al final del día, dice: Júntate con mis jóvenes, hasta que hayan acabado toda mi siega”. En la vida espiritual no debe haber ninguna parada, hasta que se conozca la verdadera posición cristiana y se realice esta en energía espiritual.

En los versículos 8 y 9 hemos visto lo que se presenta en la figura de las doncellas y de los jóvenes. Lo masculino generalmente está relacionado con el estado práctico y lo femenino con la posición. La palabra “doncellas” señala con esto la separación del mundo y la consagración al Señor. Pero Cantares 1 vincula con ello otros pensamientos. “A más del olor de tus suaves ungüentos, tu nombre es como ungüento derramado; por eso las doncellas te aman”. “Hazme saber oh tú a quien ama mi alma, dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía; pues, ¿por qué había de estar yo como errante junto a los rebaños de tus compañeros?”. Las doncellas lo aman por el olor de sus ungüentos y le siguen por eso. Eso es algo muy bueno. Pero no es lo más elevado, no es ser uno con Cristo y tener una comunión con el Padre y con el Hijo (1 Juan 1:3).

Los jóvenes representan la condición aquí caracterizada por la fuerza varonil como la vemos descrita en 1 Juan 2:14: Son fuertes, la Palabra de Dios permanece en ellos, y han vencido al maligno. Siegan el trigo con golpes firmes de modo que toda la siega de Dios sea cosechada, pudiendo todavía dejar caer manojos para los espigadores. Ese es el sitio y la compañía que Booz señala a Rut para toda la duración de la siega. ¡Qué privilegio!

“Y Noemí respondió a Rut su nuera: Mejor es, hija mía, que salgas con sus criadas, y que no te encuentren en otro campo. Estuvo, pues, junto con las criadas de Booz espigando, hasta que se acabó la siega de la cebada y la del trigo; y vivía con su suegra” (v. 22-23).

Probablemente Rut no veía muy claramente la diferencia entre las criadas (doncellas) y los jóvenes; también tenían mucho en común: los dos pertenecían a Booz y trabajaban en sus campos y en su siega. Pero Booz conocía muy bien la diferencia. Cuán bueno hubiese sido si Rut solo hubiera escuchado la voz de Booz. La obediencia al Señor siempre conduce al lugar más bendecido y alegra su corazón. Pero Rut escuchó más a la voz y el consejo de Noemí. Noemí tampoco entendía la diferencia. ¿Cómo podría juzgar los pensamientos de Booz, ella que había estado tanto tiempo lejos de Belén y que todo ese tiempo no había tenido ningún contacto con Booz? Según sus pensamientos el andar con las criadas era lo mejor, porque, cuán ricamente había sido bendecida Rut ese día en esa compañía. Pero cuando la iglesia se encuentra en estado de ruina, su voz ya no tiene autoridad para nosotros. Entonces la Palabra de Dios dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22). Y por muy bueno que sea que los jóvenes escuchen la voz de los mayores que tienen más experiencia, siempre que el consejo de los de más edad vaya en contra de la Palabra del Señor, solo puede haber una conclusión: ¡La obediencia al Señor va por encima de todo!

Rut escucha a Noemí en vez de hacer lo que Booz le dice. Él había dicho: “Amigo, sube más arriba” (Lucas 14:10). Pero ella quedó en su antiguo sitio: espigaba con las criadas y vivía con Noemí. Por fortuna, por otro lado sí es obediente. Participa en toda la cosecha de la cebada y la del trigo, hasta el fin. Aun cuando no es en el sitio de bendición que Booz quería darle, no obstante llega a conocer toda la cosecha de Dios.

En el capítulo 1:22 hemos visto que la gavilla de las primicias era el principio de la cosecha de la cebada, inmediatamente después de la pascua habla de su muerte. En ese momento fue cuando Noemí y Rut vinieron de Moab a Belén. Es claro que este regreso solo fue posible gracias a la muerte y la resurrección del Señor.

El capítulo 2 termina con el fin de la siega del trigo. Ese era el pentecostés, siete semanas después de la gavilla de las primicias (Éxodo 34:22; Levítico 23:15-21; Deuteronomio 16:9-12). Yo creo que el pentecostés era el fin de la siega del trigo, puesto que no se solía ofrecer grano sin trillar, como en el caso de la gavilla de las primicias, sino panes. Por tanto, tenía que estar ya trillado. Además, cada varón debía ir a Jerusalén para celebrar la fiesta de las semanas. ¡No supongo que el Señor hubiese ordenado esto en medio de la siega! El capítulo 2 abarca, pues las siete semanas entre la pascua y el pentecostés, entre la obra del Señor en la cruz y su resurrección por una parte, y el derramamiento del Espíritu Santo en Hecho 2 por la otra, donde se formó la iglesia (1 Corintios 12:13) y se unió con su Cabeza celestial (Efesios 1:20-23).

Cada israelita tenía que contar estas siete semanas (Deuteronomio 16:9), y en los últimos capítulos de los Evangelios y en Hechos 1 encontramos a los discípulos contándolas. ¡Cuánto han crecido espiritualmente en estas semanas! Pensemos en Lucas 24:26-27, 45-49; Juan 20:17-23 y Hechos 1:2-4, 9-11. Así fueron guiados por el Señor a Hechos 2. Por el hecho de contar el Señor quiere guiar a cada creyente, para que desde su conversión sea conducido más allá hacia la completa posición cristiana, que se caracteriza por lo siguiente: el creyente está unido con el Hombre glorificado en el cielo, y Dios el Espíritu Santo está aquí en la tierra viviendo en la iglesia y en cada creyente individualmente. Naturalmente, esta es la porción de cada uno que ha creído en el Evangelio. Pero solo puede ocupar este sitio de modo consciente y disfrutar de él, cuando lo conoce verdaderamente y ha tomado posesión de él de una manera espiritual.

El conocimiento de ese sitio también se había perdido en la cristiandad. En Tiatira, Jezabel ha tomado el sitio de la iglesia; y en Sardis, el verdadero carácter de la iglesia como cuerpo del Hombre celestial y como morada del Espíritu Santo se ha perdido por completo.

Para un verdadero creyente en ella, lo as alto era que supiese que sus pecados eran perdonados. Y no había muchos que lo podían decir.

En Filadelfia encontramos la obra del Espíritu Santo de hacer volver un remanente a pentecostés, a la verdadera posición de la Iglesia. En Rut 2:1-21 hallamos la siega de la cebada: conocer a Cristo como el Hombre resucitado y glorificado en el cielo, recibir directamente de Él y conocer las bendiciones celestiales. En el versículo 23 tenemos la cosecha del trigo. En ella aprendeos a ver que los santos son de la misma naturaleza que el Señor Jesús (Juan 12:24; 1 Corintios 15:48). Esto coloca la base para la unidad, el verdadero y más elevado carácter de la Iglesia; ser uno con el Hombre glorificado en el cielo. Después de eso viene, en los siguientes capítulos, el pentecostés.

  • a

    Nota del editor: El arrepentimiento, la confesión de los pecados la conversión del pecador muestran las obras del Espíritu y la Palabra de Dios en el corazón: el nuevo nacimiento, del cual el Señor habla a Nicodemo.

    Pero esto no es lo mismo que la justificación por la fe en el Señor Jesucristo, la fe por la cual recibimos el Espíritu Santo, la fe en su gracia que nos da la paz con Dios. Para darnos sus plenas bendiciones celestiales, Dios pide fe, plena confianza en su Palabra. Hay que creer lo que Dios dice. “Habiendo creído en Él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13).

    El carcelero de Filipos creyó la misma noche de su conversión (Hechos 16). Saulo de Tarso estuvo tres días ciego después de su conversión, orando, hasta que le cayeron como escamas de los ojos, fue bautizado y el Espíritu Santo le llenó. No sabemos cuánto tiempo pasó Cornelio de Cesarea en ayunos y oraciones, buscando la paz con Dios, hasta que Dios envió a Pedro. Dios sabe quién se ha convertido a Él, y Él no lo deja abandonado. Pero: No es para la honra de Dios que en nosotros muchas veces hay tantas dudas antes de creer rotundamente lo que Él ha dicho y prometido.

  • b

    O doncellas, vírgenes.

  • c

    Probablemente es más correcta la palabra “jóvenes” como aparece en muchas versiones (N. T.).