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Isaías 49:5–51:16

En este notable capítulo tenemos algo parecido a un diálogo. La palabra de Dios al Mesías (a quien se dirigió como el verdadero “Príncipe de Dios”) la encontramos en el versículo 3. El lamento del Mesías (habiendo querido juntar a Israel en vano) se encuentra en el versículo 4; y se verificó históricamente, como se nos dice en Lucas 13:34.

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Isaías 51:17 – 53:9

Es digno de mención que, en el pasaje que tenemos ante nosotros, hay tres llamadas a oír y tres llamadas a despertar. Las llamadas a oír en la primera parte del capítulo (v. 1, 4 y 7) son para “los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová”; aquellos reconocidos como “mí pueblo”; y para “los que conocéis justicia… en cuyo corazón está mi ley”.

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Isaías 5:1–9:7

El capítulo 5 comienza con lo que podríamos llamar el cántico de Isaías. Si nos volvemos a Deuteronomio 32, podemos leer el cántico de Moisés, que es por una parte retrospectivo, y por otra parte profético. Moisés pronunció su cántico al comienzo de la historia nacional de Israel. Isaías, por su parte, pronunció el suyo hacia el final. El testimonio de ambos es el mismo.

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Isaías 53:10–55:13

Hasta aquí, esta gran profecía ha tratado de los sufrimientos y muerte en humillación del siervo de Dios, principalmente, desde el lado humano y visible; ahora se adentra en cosas más profundas, fuera del alcance de la vista humana. Los versículos 10 a 12 anuncian lo que Dios mismo realizó, y qué conseguirá aún por medio de esto.

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Isaías 56:1–58:14

Al final de Isaías 55, el maravilloso relato profético concerniente a aquel que iba a surgir como el “siervo” y el “brazo” del Señor, llega a su fin. En el capítulo 56, el profeta tuvo que volver al estado de las cosas entre el pueblo al que se había dirigido anteriormente.

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Isaías 59:1–60:5

Las gloriosas promesas contenidas en los versículos finales de Isaías 58, pueden haber sonado idealistas y visionarias, incluso en tiempos de Isaías; y más aún en nuestros días, cuando, a pesar de todos los esfuerzos, el problema de Israel y su tierra parece sin solución. ¿Qué ha retrasado –y todavía retrasa– la realización de tales promesas?

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Isaías 60:6–62:3

La abundancia de cosas que, en forma de bendiciones terrenales, será derramada sobre Israel, se brindan con mucho detalle a partir del versículo 6 de Isaías 60. En ese versículo se menciona a Sabá, la tierra desde donde vino la reina que visitó a Salomón con mucho oro y especias. Cuando ella llegó (como se relata en 1 de Reyes 10), expresó alabanzas hacia Salomón.

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Isaías 62:4–64:3

Si el versículo 3 de nuestro capítulo anuncia cómo el Israel de Dios en la era venidera será una corona de gloria y una diadema en la mano de Dios, el versículo 4 declara el lugar de bendición que será de ellos, en contraste con todo lo que a ellos los ha caracterizado hasta ahora.

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Isaías 64:4–65:12

Es sorprendente cómo el versículo 4 prosigue a lo que hemos bosquejado en los tres primeros versículos. Isaías deseaba una manifestación poderosa del poder de Dios, como el que se había manifestado al principio de la historia de Israel.

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Isaías 65:13 – 66:24

Aunque Dios tiene que pronunciar un juicio sobre los malhechores, que debe ejecutarse a su debido tiempo, se deleita en la misericordia y la bendición que otorga a sus verdaderos siervos. Esto él lo hace manifiesto en el pasaje que inicia en el versículo 13.

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Isaías 9:8–14:32

En este punto del capítulo 9 el profeta reanudó la denuncia contra el pueblo y su pecado, que había sido interrumpida para poder relatar su visión del Dios de los ejércitos, y dar la profecía sobre Emmanuel. Ahora vemos cómo la mano de Dios se extendió sobre ellos con ira y disciplina.

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Juntos con Cristo para siempre

El verdadero alcance de Romanos 11 se pierde de vista cuando lo aplicamos a la salvación del alma. Otros pasajes de la Palabra (por ejemplo, la epístola a los Efesios) nos enseñan que los redimidos por Cristo son vivificados y resucitados juntos con El, que están sentados juntos con El en los lugares celestiales, que la Iglesia es un solo cuerpo con Él.

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Justificados ante Dios por la fe

A propósito de la justificación he aquí lo que el apóstol Pablo escribe a los romanos: “Al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:5), mientras que la enseñanza del apóstol Santiago es esta: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2:24).

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La salvación del alma está definitivamente lograda

La explicación de Filipenses 2:12 también ha sido dada frecuentemente. El apóstol no tiene en vista la justificación cuando escribe: “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”. En la epístola que envía a los filipenses presenta la salvación como la meta a alcanzar: la liberación al final de la carrera.

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Mateo 1

LA REDACCIÓN del primer versículo del Nuevo Testamento dirige nuestros pensamientos al primer libro del Antiguo, ya que la palabra “genealogía” es la traducción de la palabra griega “génesis”. Mateo en particular, y todo el Nuevo Testamento en general, es “El libro de la génesis de Jesucristo”.

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Mateo 10

Al final del capítulo anterior, el Señor les dijo a sus discípulos que oraran para que se enviaran obreros. Este capítulo comienza con su llamada a los doce y su encargo de partir. Ellos mismos iban a ser la respuesta a su oración. Lo mismo ocurre muchas veces.

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Mateo 11

EL ENVÍO DE LOS DOCE no significó que el Señor suspendiera su propio trabajo, como muestra el primer versículo, y toda esta actividad conmovió a Juan en su prisión.

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Mateo 12

DESDE LAS ALTURAS alcanzadas en el capítulo anterior, descendemos a las profundidades de la locura y la ceguera humana, tal y como las mostraron los fariseos. En este capítulo, vemos cómo Jesús es rechazado definitivamente por los líderes judíos, no solo en las ciudades de Galilea. En los dos primeros casos, la disputa giró en torno al sábado.

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Mateo 13

ESTE CAPÍTULO COMIENZA con el hecho de que Él procedió a poner en práctica sus palabras. Abandonó los estrechos confines de la casa y salió al aire libre y al mar, que simbolizaba las naciones. Allí comenzó a enseñar a la multitud desde una barca, utilizando el método de las parábolas. En este capítulo se recogen siete parábolas.

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Mateo 14

EN AQUEL TIEMPO, dice el versículo inicial, Herodes “oyó la fama de Jesús”. Justo cuando no tenía fama en Nazaret, Su fama llegó a oídos de aquel hombre impío y, según parece, tocó su endurecida conciencia. Es notable que pensara que se trataba de Juan resucitado de entre los muertos, considerando que el apóstol Pablo le dijo a un posterior Herodes: “¡Qué!

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Mateo 15

EN ESTA BELLA escena, escribas y fariseos de Jerusalén se inmiscuyeron con sus quejas y preguntas sobre el incumplimiento de la tradición de los ancianos por parte de los discípulos en lo referente al lavado de manos. Imagínense la escena.

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Mateo 16

AHORA LOS FARISEOS renovaron su ataque al unirse con sus antiguos enemigos, los saduceos, para este propósito. La “señal del cielo” que pedían no era más que una trampa, ya que era justo el tipo de cosa que los saduceos, con sus ideas materialistas, nunca aceptarían.

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Mateo 17

LA TRANSFIGURACIÓN con la que se abre este capítulo nos ofrece una visión del reino, en la que Jesús, resplandeciente como el sol, ocupa un lugar central, acompañado por Moisés y Elías en condiciones celestiales, y por tres discípulos en condiciones terrenales.

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Mateo 18

LA PREGUNTA DE LOS DISCÍPULOS: “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?”, mostró que el reino ocupaba sus pensamientos en ese momento. La respuesta dejó muy claro que la única forma de entrar en él era haciéndose pequeño, no grande. Como resultado de la conversión, una persona se humilla y se vuelve como un niño pequeño. Si no es así, no se está en el reino en absoluto.

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