Isaías
Isaías

F.B. Hole - 2025

Frank Binford Hole (1874-1964) nació en Barnes, cerca de Londres, Inglaterra. Se convirtió al Señor cuando tenía 16 años. Aunque fue muy activo en la obra de evangelización, la mayoría lo conocen mejor como maestro que instruía a los cristianos en la verdad bíblica. Durante su vida, escribió comentarios sobre varios libros de la Biblia. En esta colección deseamos poner al alcance del lector de habla hispana el valioso ministerio escrito del autor.

Pedir en la tienda

Isaías 49:5–51:16

En este notable capítulo tenemos algo parecido a un diálogo. La palabra de Dios al Mesías (a quien se dirigió como el verdadero “Príncipe de Dios”) la encontramos en el versículo 3. El lamento del Mesías (habiendo querido juntar a Israel en vano) se encuentra en el versículo 4; y se verificó históricamente, como se nos dice en Lucas 13:34. A partir del versículo 5 tenemos la respuesta de Dios a este lamento. La última parte del versículo 5 es en realidad un paréntesis, que nos muestra la confianza del Mesías, basada en lo que Dios está a punto de decir. Israel puede negarse y ser obstinado, pero, a los ojos de Dios, Él será GLORIOSO; y siendo esto así, nada del propósito de Dios fracasará.

La respuesta de Dios comienza en el versículo 6. Se nos advierte proféticamente que en la venida del Señor Jesús estaban implicados propósitos más amplios, y de mayor peso que la reunión y bendición de Israel y Jacob. La luz había de brillar para todas las naciones, y la salvación había de hacerse posible y disponible hasta los confines de la tierra. He aquí una profecía que –¡alabado sea Dios!– hoy está siendo constatada. Él es la salvación. Esto no puede ser desvinculado de él, como el apóstol Pedro lo dejó bien claro en el concilio judío (Hechos 4:12).

Pero si nosotros hoy podemos ver el cumplimiento del versículo 6, esperamos para ver el cumplimiento del versículo 7 en un día futuro, el cual, confiamos, se está acercando. Dios es verdaderamente el “Redentor de Israel”; aunque aquel a quien envió sea despreciado y aborrecido, tomando el lugar de un siervo. Se acerca la hora en la cual –en presencia de este Siervo– los reyes se levantarán de sus asientos y los príncipes rendirán homenaje ante él. Los hombres lo han rechazado, pero Dios lo ha escogido.

De nuevo, en el versículo 8 tenemos la voz de Dios. El siervo humillado, al que los hombres no quisieron oír, ha sido oído por Él, ayudado y puesto en alto. Y esto ha sucedido en “tiempo acepto” y en “día de salvación”. Es posible que los lectores del Antiguo Testamento no hayan comprendido el significado de esto, pero el apóstol Pablo lo subraya en 2 Corintios 6:2. El rechazo del Mesías, anunciado en el versículo 7 resultaría en su muerte, pero él sería “oído” y “socorrido” por la resurrección de entre los muertos; y esto fue para inaugurar el “tiempo aceptable” y el “día de salvación”.

Hace casi diecinueve siglos, Pablo les recordó a los santos de Corinto que ellos estaban viviendo en aquella época maravillosa: era AHORA. La época de gracia y salvación aún persiste. Todavía es AHORA. Que todos nos sintamos movidos a evangelizar, recordando que esto quizá no dure mucho más.

Pero en la última parte del versículo 8 (y hasta el final del versículo 13) la profecía nos lleva a la era venidera. El Mesías, una vez rechazado ha de ser “pacto del pueblo”, porque ellos no entrarán en la bendición sobre la base del pacto de la ley. Él, y solo él, llevará a cabo la bendición en la tierra, tan brillantemente descrita en estos versículos; de modo que, tanto los cielos como la tierra, prorrumpirán en cánticos de júbilo.

Sin embargo, el versículo 13 parece indicar que un afligido remanente de Israel es principalmente –si no exclusivamente– considerado aquí. Algunos serán prisioneros, algunos escondidos en tinieblas; vendrán a través de los montes, desde puntos distantes del norte y occidente (e, incluso, desde “la tierra de Sinim”, que algunos identifican con China). Por fin el consuelo, anunciado en el versículo inicial de Isaías 40, habrá alcanzado a “Su pueblo”, y los que durante tanto tiempo habían sido “sus afligidos” hallarán misericordia. MISERICORDIA, nótese; no mérito, como se muestra tan concluyentemente al final de Romanos 11.

Y será una misericordia inesperada, como muestran los versículos siguientes. Sión (que representa a la simiente piadosa que recibirá la misericordia) se verá tentada a pensar en su situación crítica que ellos fueron abandonados y olvidados por su Dios, pero ellos no lo fueron. En la humanidad no existe vínculo más fuerte que el amor maternal. Sin embargo, bajo una presión extrema, incluso este lazo puede romperse. Los piadosos en Israel tienen un lazo con Dios que nunca se romperá. Mientras son repudiados nacionalmente, y dejados de lado, Dios tiene propósitos de bendición más amplios, llegando a los pueblos más lejanos. Además, Él se caracteriza por mantener la mayor fidelidad a todas sus promesas; las cuales son dadas a aquellos que son la simiente de Abrahán, tanto en un sentido espiritual como material.

Este será el caso (en esa medida tan abundante) en el que, en el versículo 18, se le dice a Sión que alce sus ojos y vea a sus hijos congregándose y viniendo a su lado. En los días de su pecaminosa desolación todos sus hijos se perdieron; ahora ellos aparecen en tal número que la tierra no puede contenerlos; y los gentiles (incluso sus reyes y reinas) los honrarán, y esto a causa de la gloria y el poder de su Dios.

Pero cuando esta gran misericordia llegue a Israel, su angustia será muy grande, como podemos inferir del versículo 24 (y los primeros versículos de Zacarías 14 confirman la inferencia). Precisamente, cuando parezcan ser los cautivos indefensos de sus enemigos, habrá una tremenda intervención de Dios para su liberación. El Nuevo Testamento deja suficientemente claro esto: el Dios que –conforme a Zacarías 14:3– “saldrá… y peleará contra aquellas naciones”, no es otro que nuestro bendito Señor Jesucristo; y, por sus manos, “los cautivos del poderoso serán quitados, y la presa de los terribles será librada” (49:25, V. M.).

Esta será una obra de redención por poder, pero como nosotros sabemos, encontrará su justo fundamento en la redención por sangre, derramada en su primera venida. En el presente, el pobre judío todavía rechaza el justo fundamento mientras está esperando la liberación nacional. Esto será diferente cuando su redentor aparezca en poder. Él, entonces, se manifestará como el “Fuerte” del pobre “Jacob” torcido; y no meramente como el Fuerte de Israel.

El mensaje profético ahora se detiene, porque en Isaías 50:1 regresamos al estado existente del pueblo, alejado de su Dios. Esto no fue de parte de Dios, sino por parte de ellos. Si él hubiera dictado carta de divorcio contra ellos, habría sido permanente, y habrían sido “desechados” (Romanos 11:1); a lo que Pablo dice: “En ninguna manera”. El hecho fue que ellos se habían vendido al desastre por sus muchas transgresiones.

Pero había más que esto. Porque los versículos siguientes son una acusación profética contra el pueblo por haber rechazado a su Mesías en su primera venida. Cuando vino, como anuncia el versículo 2, no había nadie entre los líderes del pueblo que respondiera a su llamado. Como registran los evangelios, vino anunciando que el reino estaba cerca. ¿No tenía el poder para traerlo? ¿Falló el establecimiento del reino porque él no tenía la energía redentora? ¡Él se movía en los mares y en los cielos con el poder del Creador! sin embargo, debía ocupar un lugar de humildad y sumisión.
La palabra “instruidos” en el versículo 4, realmente significa un discípulo o alguien que es instruido, y nuestro Señor tomó ese lugar de humilde y obediente cuando vino como el siervo de la voluntad de Dios. Él, ciertamente, tenía abierto el oído (como también se anuncia en el Salmo 40), y tomó ese lugar para poder ser el verdadero prójimo del hombre, y dar la palabra, en su sazón, al que está cansado. Mañana tras mañana escuchaba las palabras que debía hablar a los demás; de ahí la declaración a sus discípulos: “Las palabras que os hablo, no de mí mismo las hablo” (Juan 14:10).

Y habiendo tomado este humilde lugar de siervo, tuvo que enfrentar el rechazo despectivo de los hombres. Los azotes, la vergüenza y los salivazos iban a ser su porción, aunque él vino ¡en tal gracia! con bendición para los hombres. Nada, no obstante, lo apartó de la senda de la devoción a la voluntad de Dios. Su rostro había puesto como un pedernal en esta dirección (v. 7) y, por eso, el poder de Dios estuvo con él.

Además, como los versículos 8 y 9 insinúan, llegará el día cuando él será vindicado, y sus adversarios confundidos y sometidos a juicio. De nuevo, como sucede tan a menudo en estas profecías, las dos venidas son consideradas juntas, aunque muchos siglos hayan entre ellas. Los versículos 5 a 7 se han cumplido cuando él vino en gracia; los versículos 8 y 9 se cumplirán cuando venga en juicio.

Luego, en los dos versículos que cierran el capítulo, pasamos de declaraciones proféticas a palabras de consejo y advertencia. Había quienes temían al Señor y, sin embargo, andaban en relativa oscuridad. Esto fue reconocido por el apóstol Pedro, cuando –en su primera epístola– él recordó a los conversos del judaísmo, a quienes escribía, que ellos habían sido llamados “de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9). Pero, mientras aún moraban en las tinieblas esperando la luz, ellos debían confiar en el nombre de Dios; (porque así se había revelado él mismo a ellos); y esperar en su fidelidad. Y así lo hicieron, como lo muestran los primeros capítulos del evangelio de Lucas. Jesús era “el Sol naciente, descendiendo de las alturas, para dar luz a los que están sentados en tinieblas” (Lucas 1:78-79); y en Lucas 2, vemos a algunas almas piadosas que obedecían las instrucciones dadas en el versículo 10 de nuestro capítulo.

Pero hubo muchos, en aquellos días, que no temieron a Dios ni obedecieron la voz de su Siervo cuando vino en gracia; y hoy hay una multitud que tienen la misma mentalidad: encienden su propio fuego para iluminar las tinieblas, y en esta luz, y de sus chispas, ellos siguen su camino. Este es un lenguaje figurado, pero ¡qué gráfico e impresionante es!

En este siglo 20, los hombres han creado una enorme hoguera que lanza chispas en todas direcciones, y parece que la “ciencia” está echando leña a sus llamas a un ritmo que empieza a ser alarmante. Las chispas que genera el ingenio humano están volando por todas partes. Así que no perdamos la aplicación de estos dos versículos a nosotros mismos. Si los santos de antaño confiaron en su Dios, mientras esperaban la luz, ¿no deberíamos nosotros (que caminamos en la maravillosa luz del Evangelio) estar llenos de fe en el Dios tan perfectamente revelado en el Señor Jesús? Sin embargo, todo alrededor de nosotros hay multitudes encantadas e intoxicadas con la miríada de chispas brillantes que surgen del fuego de las invenciones e ingenios humanos; aunque algunos de ellos (los que entienden más, y piensan más claramente) tienen un pinchazo de temor en cuanto al fin de todo esto. El versículo 11 indica el fin. La humanidad yacerá en pena bajo la pesada mano del juicio de Dios.

Isaías 51 se abre con un llamado a los piadosos; porque ellos son “los que seguís la justicia”. Se utiliza la figura de una cantera para dirigir sus pensamientos a su origen como descendientes de Abraham; quien había sido originalmente llamado a salir, y en quien las promesas habían sido depositadas. Cuando Isaías escribió, el pueblo había estado durante siglos bajo la ley de Moisés, y fácilmente podían suponer que, finalmente, obtendrían la bendición sobre una base legal. Pero no sucederá. La bendición será solamente suya sobre la base del pacto con Abraham. No será suyo sobre el fundamento de sus méritos, sino por la MISERICORDIA de Dios, como dice claramente el final de Romanos 11.

Por lo tanto, recordando su pacto con Abraham, Dios aún “consolará… a Sión” (v. 3) y traerá ricas bendiciones terrenales. En la actualidad, el trabajo diligente de los judíos que han regresado está produciendo en la tierra fertilidad donde la esterilidad ha prevalecido durante muchos siglos; pero hay presentimientos y angustia, y una voz de ansiedad más que de cánticos. Al presente, esto no es más que un movimiento nacional y puramente humano.

Los versículos 4 y 5 muestran lo que sucederá cuando el movimiento proceda de Dios, y ellos sean obedientes a su ley y ordenamiento. Entonces, será manifestada su salvación basada en la justicia. Habrá bendición, no solo para aquellos a quienes él reconoce como “mí pueblo” y “mí nación”, sino también para “los pueblos”; pues la palabra –al final del versículo 4 y en medio del versículo 5– está en plural. Las islas distantes serán puestas bajo el gobierno divino en aquel día. El secreto de todo esto es este: “En mi BRAZO ellos confiarán” (K. J. V.). Ese Brazo nos fue presentado en Isaías 40:10, y es una designación de nuestro Señor Jesús, en el poder y en la gloria de su segunda venida.

En el versículo anterior se mencionan “mis brazos”. Creemos que estos son los santos glorificados que disfrutan de una porción celestial (como aquellos a quienes el Señor dirigió las palabras registradas en Mateo 19:28). En aquel día, la confianza de los hombres que son bienaventurados se centrará en el poderoso Brazo de Dios; mientras que los santos actuarán como sus “brazos”, enviados por él, para “juzgar a los pueblos”.

¡Qué día tan maravilloso será ese! Pues nada ni en el cielo ni en la tierra es permanente, como declara el versículo 6. Las cosas físicas y los hombres mismos pasan, pero la salvación que Dios llevará a cabo en justicia permanecerá. Somos llamados a oír la palabra de Dios en los versículos 7 y 8. Y nosotros (de quienes se dice “conocéis la justicia”) no podemos sino regocijarnos de que solamente permanecerá lo que está establecido en justicia; y todo lo demás será comido por los gusanos y destruido. En la seguridad de esto, ningún santo necesita temer ni al reproche ni a las injurias del hombre.

Estos versículos han desplegado ante nuestras mentes una perspectiva gloriosa y deseable, la cual solo se realizará cuando el Señor Jesús venga de nuevo. De ahí el llamado del versículo 9: “¡Despiértate, despiértate! ¡vístete de fortaleza, oh brazo de Jehová!”. En visión profética, Juan, lo vio hacer esto, en Apocalipsis 19:11-16; cuando se mostrará como Rey de reyes y Señor de señores. El Señor Jesús ha sido siempre el realizador de los propósitos de Dios. Él actuó en las poderosas escenas de la creación. Fue él quien cortó en pedazos a Rahab (nombre que significa “arrogancia”, dado a Egipto por desprecio); y fue él quien secó el mar, cuando Dios sacó al pueblo bajo Moisés de la tierra de su cautiverio. Cuando él se ponga fuerte y actúe, en el día futuro, habrá una liberación mucho mayor, y los redimidos del Señor volverán a Sión con cánticos. Su gozo será eterno, y no pasajero y fugaz, como lo han sido hasta ahora todas las liberaciones llenas de gozo en este mundo pecador. Nosotros, hoy podemos invocar el brazo del Señor para que despierte; solo que el lenguaje que usamos es: “¡Sí! ¡ven, Señor Jesús!”.

En el versículo 12, y en adelante, tenemos ante nosotros otro llamado a los piadosos. Su tendencia era –como hoy es la nuestra– tener los ojos puestos en el hombre, y temer, al observar todas sus tendencias y actividades malvadas. Pero los hombres mueren, y quien consuela a su pueblo es el hacedor de los cielos y de la tierra. Cuando Dios actúe: ¿dónde estará el furor del opresor? Estos impactantes versículos pretenden infundir ánimo a los santos de Dios en todas las épocas. Lo han hecho en el pasado, y sin duda lo están haciendo hoy, especialmente donde los santos se enfrentan al “furor del opresor” (ya sea comunista o romano).

Dios está muy por encima de las acciones y agitaciones de los hombres. Las naciones son como el mar con sus rugientes olas, pero él las rompe a voluntad. En el versículo 16 el único al que se dirige es al brazo del Señor, porque él es el único que habla en el nombre de Dios, pues está la divina palabra en su boca; así como él es el que actúa detrás de la divina mano; y al quien el resultado del hablar y del actuar le es dado.

El resultado va a ser triple, como afirma este extraordinario versículo. El primero es que los cielos van a ser “plantados”a.   La referencia aquí no es a la creación, porque eso se mencionó en el versículo 13, sino como creemos a lo que Dios está haciendo hoy. El Señor Jesús mismo dijo: “Toda planta que no ha plantado mi Padre celestial, será desarraigada” (Mateo 15:13). De este modo, se muestra que plantar es una expresión figurativa para referirse al establecimiento en un lugar de bendición. Por el Evangelio, hoy, los hombres están siendo llamados de entre las naciones para su nombre; y el suyo es un “llamamiento celestial” (Hebreos 3:1). La era venidera mostrará que los cielos han sido plantados por la gracia de Dios en esta era.

En segundo lugar, los cimientos de la tierra estarán bien y verdaderamente asentados. De nuevo, no se trata de la creación material, sino de ir poniendo los cimientos morales en justicia, porque en el presente “vacilan todos los cimientos de la tierra” (Salmo 82:5). A través de los siglos, los hombres se han esforzado, vanamente, por establecer un orden justo de las cosas; y los mejores de ellos han fracasado completamente. Ellos podían conseguir esto no más de lo que podían conseguir plantar los cielos.

Pero hay una tercera cosa que debe suceder: Sión debe ser reconocida formalmente como pueblo especial de Dios. El profeta Oseas vivió en la época de Isaías, y fue lo que Dios dijo a través de él: “vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios” (Oseas 1:9). Así que hasta este momento son repudiados, aunque no apartados para siempre. Llegará el día en que ellos serán aceptados y bendecidos.

Pero estos maravillosos resultados se producirán por medio de aquel que se nos presenta en Isaías no solo como el humilde siervo, sino también como el poderoso brazo de Dios: nuestro bendito Señor Jesucristo. No es de extrañar que las siguientes palabras de la profecía sean el llamado: “¡Despiértate, despiértate!” (v. 17). Jerusalén despertará pronto. Nosotros, quienes somos llamados a ser plantados en los cielos, velemos por estar hoy muy despiertos; despiertos para nuestro Dios, despiertos para servirlo. Somos exhortados a esto en Efesios 5:14.

  • a

    “Para plantar los cielos” es una traducción fundada en el texto hebreo. 
    (Nota del Editor)