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Isaías 36:1–40:8
Después del hermoso cuadro de la bienaventuranza en la tierra en el milenio, que se nos presenta en el capítulo 35; hay una pausa en la profecía. Los cuatro capítulos 36 a 39 nos dan detalles de la historia en el reinado de Ezequías, que también se relatan en los capítulos 18 a 20 de 2 Reyes, y de nuevo de manera más breve en 2 Crónicas 32.
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Isaías 40:9–45:14
A pesar de que la revelación de la gloria del Señor -como ninguna otra cosa– saca a la luz la pecaminosidad y fragilidad del hombre, también trae “buenas nuevas”; y esto es lo que proporciona el consuelo para “mí pueblo” (v. 9). Sión y Jerusalén son representadas levantando la voz, y diciendo a las ciudades de Judá “¡He ahí a vuestro Dios!” (V. M.).
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Isaías 45:15–49:4
El poder de Dios que, por el surgimiento de Ciro, cumpliría su propósito de liberar a aquellos a quienes llama “mis cautivos” (v. 13), solo sería percibido por fe. Por eso, el profeta exclama: “Verdaderamente tú eres un Dios que te encubras” (v. 15, V. M.).
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Isaías 49:5–51:16
En este notable capítulo tenemos algo parecido a un diálogo. La palabra de Dios al Mesías (a quien se dirigió como el verdadero “Príncipe de Dios”) la encontramos en el versículo 3. El lamento del Mesías (habiendo querido juntar a Israel en vano) se encuentra en el versículo 4; y se verificó históricamente, como se nos dice en Lucas 13:34.
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Isaías 51:17 – 53:9
Es digno de mención que, en el pasaje que tenemos ante nosotros, hay tres llamadas a oír y tres llamadas a despertar. Las llamadas a oír en la primera parte del capítulo (v. 1, 4 y 7) son para “los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová”; aquellos reconocidos como “mí pueblo”; y para “los que conocéis justicia… en cuyo corazón está mi ley”.
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Isaías 5:1–9:7
El capítulo 5 comienza con lo que podríamos llamar el cántico de Isaías. Si nos volvemos a Deuteronomio 32, podemos leer el cántico de Moisés, que es por una parte retrospectivo, y por otra parte profético. Moisés pronunció su cántico al comienzo de la historia nacional de Israel. Isaías, por su parte, pronunció el suyo hacia el final. El testimonio de ambos es el mismo.
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Isaías 53:10–55:13
Hasta aquí, esta gran profecía ha tratado de los sufrimientos y muerte en humillación del siervo de Dios, principalmente, desde el lado humano y visible; ahora se adentra en cosas más profundas, fuera del alcance de la vista humana. Los versículos 10 a 12 anuncian lo que Dios mismo realizó, y qué conseguirá aún por medio de esto.
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Isaías 56:1–58:14
Al final de Isaías 55, el maravilloso relato profético concerniente a aquel que iba a surgir como el “siervo” y el “brazo” del Señor, llega a su fin. En el capítulo 56, el profeta tuvo que volver al estado de las cosas entre el pueblo al que se había dirigido anteriormente.
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Isaías 59:1–60:5
Las gloriosas promesas contenidas en los versículos finales de Isaías 58, pueden haber sonado idealistas y visionarias, incluso en tiempos de Isaías; y más aún en nuestros días, cuando, a pesar de todos los esfuerzos, el problema de Israel y su tierra parece sin solución. ¿Qué ha retrasado –y todavía retrasa– la realización de tales promesas?
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Isaías 60:6–62:3
La abundancia de cosas que, en forma de bendiciones terrenales, será derramada sobre Israel, se brindan con mucho detalle a partir del versículo 6 de Isaías 60. En ese versículo se menciona a Sabá, la tierra desde donde vino la reina que visitó a Salomón con mucho oro y especias. Cuando ella llegó (como se relata en 1 de Reyes 10), expresó alabanzas hacia Salomón.
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Isaías 62:4–64:3
Si el versículo 3 de nuestro capítulo anuncia cómo el Israel de Dios en la era venidera será una corona de gloria y una diadema en la mano de Dios, el versículo 4 declara el lugar de bendición que será de ellos, en contraste con todo lo que a ellos los ha caracterizado hasta ahora.
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Isaías 64:4–65:12
Es sorprendente cómo el versículo 4 prosigue a lo que hemos bosquejado en los tres primeros versículos. Isaías deseaba una manifestación poderosa del poder de Dios, como el que se había manifestado al principio de la historia de Israel.
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Isaías 65:13 – 66:24
Aunque Dios tiene que pronunciar un juicio sobre los malhechores, que debe ejecutarse a su debido tiempo, se deleita en la misericordia y la bendición que otorga a sus verdaderos siervos. Esto él lo hace manifiesto en el pasaje que inicia en el versículo 13.
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Isaías 9:8–14:32
En este punto del capítulo 9 el profeta reanudó la denuncia contra el pueblo y su pecado, que había sido interrumpida para poder relatar su visión del Dios de los ejércitos, y dar la profecía sobre Emmanuel. Ahora vemos cómo la mano de Dios se extendió sobre ellos con ira y disciplina.
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Jezabel - La huida al desierto
Elías había hecho una bella confesión ante el malvado rey, los falsos profetas y la nación idólatra; ahora debe encontrar una oposición de un carácter muy diferente: la de la malvada Jezabel. El rey era egoísta e indolente, solo preocupado por satisfacer sus concupiscencias y sus deseos y absolutamente indiferente a la religión.
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La lucha
La epístola a los Efesios termina con un llamativo pasaje, donde se nos presenta la lucha cristiana. Esta lucha no es el ejercicio de alma que podemos atravesar cuando buscamos comprender y asir la verdad.
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La manera en que Dios da a conocer su propósito
Ya hemos visto que el capítulo 1 presenta los designios de Dios en lo que respecta a la Iglesia, mientras que el capítulo 2 nos coloca frente a la obra de Dios en los creyentes y para con ellos, para cumplir Sus designios. El capítulo 3 desarrolla la administración de la verdad de la Iglesia o de qué manera Dios hizo que los gentiles conocieran esta verdad por medio del apóstol Pablo.
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La obra de Dios para llevar a cabo su propósito
El capítulo 1 nos ha revelado los designios de Dios para Cristo y la Iglesia, y termina con la oración del apóstol, quien desea que conozcamos el poder que opera para con nosotros y por el cual esos designios de amor tendrán cumplimiento.
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Lecciones para el presente
“Y dije: no es bueno lo que hacéis. ¿no andaréis en el temor de nuestro ¿Dios, para no ser oprobio de las naciones enemigas nuestras?” Nehemías 5:9“El principio de la sabiduría es el temor de jehová.” Salmo 111:10
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Mateo 1
LA REDACCIÓN del primer versículo del Nuevo Testamento dirige nuestros pensamientos al primer libro del Antiguo, ya que la palabra “genealogía” es la traducción de la palabra griega “génesis”. Mateo en particular, y todo el Nuevo Testamento en general, es “El libro de la génesis de Jesucristo”.
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Mateo 10
Al final del capítulo anterior, el Señor les dijo a sus discípulos que oraran para que se enviaran obreros. Este capítulo comienza con su llamada a los doce y su encargo de partir. Ellos mismos iban a ser la respuesta a su oración. Lo mismo ocurre muchas veces.
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Mateo 11
EL ENVÍO DE LOS DOCE no significó que el Señor suspendiera su propio trabajo, como muestra el primer versículo, y toda esta actividad conmovió a Juan en su prisión.
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Mateo 12
DESDE LAS ALTURAS alcanzadas en el capítulo anterior, descendemos a las profundidades de la locura y la ceguera humana, tal y como las mostraron los fariseos. En este capítulo, vemos cómo Jesús es rechazado definitivamente por los líderes judíos, no solo en las ciudades de Galilea. En los dos primeros casos, la disputa giró en torno al sábado.
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Mateo 13
ESTE CAPÍTULO COMIENZA con el hecho de que Él procedió a poner en práctica sus palabras. Abandonó los estrechos confines de la casa y salió al aire libre y al mar, que simbolizaba las naciones. Allí comenzó a enseñar a la multitud desde una barca, utilizando el método de las parábolas. En este capítulo se recogen siete parábolas.
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