Nehemías, la reconstrucción de la muralla
Nehemías, la reconstrucción de la muralla

Lecciones para el presente

C. Stanley - 2003

Charles Stanley (1821-1890) fue un evangelista del siglo XIX, cuyo ministerio fue particularmente bendecido. Escribió numerosos tratados y pequeños libros destinados a la evangelización, que fueron el medio de llevar muchas almas a Cristo. También escribió artículos y libros enteros para uso de los creyentes.

Pedir en la tienda

Lecciones para el presente

“Y dije: no es bueno lo que hacéis. ¿no andaréis en el temor de nuestro ¿Dios, para no ser oprobio de las naciones enemigas nuestras?” Nehemías 5:9

“El principio de la sabiduría es el temor de jehová.” Salmo 111:10

 

Si deseamos conocer y hacer la voluntad de dios, y andar en el temor de jehová, nos será de gran provecho considerar las lecciones escritas para nuestra instrucción en el libro de Nehemías. Estudiando este libro con la ayuda del señor, oiremos su voz que nos habla por medio de sus enseñanzas para hacernos comprender los acontecimientos actuales.

En el primer capítulo, encontramos a un hombre postrado en presencia de dios. Había sido informado acerca del estado del residuo judío, y sobre la ruina en que estaban las murallas de Jerusalén. Este hombre de dios se inclinó entonces en confesión y oración, rogando a jehová con profundo fervor por aquellos que habían caído en falta (“yo y la casa de mi padre hemos pecado” (1:6), expresa); pero dios les había redimido con su gran poder, y con mano poderosa (1:10). Nehemías abogaba por ellos diciendo: “te ruego, oh jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tus siervos, quienes quieren reverenciar tu nombre” (Nehemías 1:11).

Al oír las noticias traídas por algunos varones que venían de su tierra, Nehemías se sentó y lloró delante del señor, haciendo duelo y ayuno por la afrenta y el mal en que se encontraba el pueblo de Israel y por el triste estado de Jerusalén, la ciudad del gran rey. Compartía plenamente la inmensidad del pecado cometido por el pueblo al alejarse del señor: “en extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a moisés tu siervo” (1:7).

Ya que estas cosas han sido escritas para nosotros como ejemplo, quisiera preguntar a mis lectores: ¿nos hemos inclinado ante el señor, en una confesión sincera, por el estado presente de la asamblea de dios? ¿hemos hecho duelo, hemos llorado y orado por el pueblo del señor, pueblo comprado por la sangre de cristo?

Dejando de lado cualquier controversia que pudiéramos abrigar entre hermanos, sentémonos delante del señor y comparemos el estado actual de la iglesia en el mundo, en contraposición con lo que era en el principio. En el estado de cautiverio en que se halla hoy, ya no existe ninguna muralla pues ha sido destruida por completo. Cuando dios comenzó a edificar la asamblea por medio del espíritu santo, ella tenía un muro de separación a su alrededor. De la misma manera en que todas las casas de Jerusalén constituían una sola y única ciudad, con sus murallas altas y fuertes, asimismo todos los creyentes estaban juntos y formaban un solo cuerpo. Con respecto a la asamblea de dios, leemos: “de los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos” (Hechos 5:13) ¿se ha sentado usted delante del señor? Observe ahora el curso de los siglos de tinieblas que nos preceden; son siglos de cautividad durante los cuales el muro de separación ha quedado en ruinas.

Dios preparó a Nehemías, por medio de un profundo ejercicio de corazón en su presencia, para el servicio que debía llevar a cabo; igualmente suscitó en el presente a otros siervos, preparados por él mismo, para una obra especial a la cual los ha llamado. Debe haber en estos siervos el mismo ejercicio de corazón que hubo en Nehemías.

No es mi intención promover controversias, pero debo decir con toda sinceridad que hay muchas almas afligidas ante el estado de “la iglesia”, como ella se llama a sí misma; estoy convencido que dios empleará estos sentimientos de humillación para ayudar a las almas que están trabajadas, y para la gloria de su nombre.

Después de la gran desolación que embargó a Nehemías en el (capítulo 1) del libro, y de los ejercicios que lo llevaron a postrarse delante el señor, se observa el resultado expresado en profundos anhelos de obrar, por amor, para el bien del pueblo de dios.

Todas estas consideraciones ponen por primera vez ante nuestra vista a Sanbalat Horonita, y a Tobías, el siervo amonita. Sabiendo que ellos y sus compañeros estarán presentes a lo largo de todo este libro, como enemigos y adversarios de Nehemías y de su obra para dios en la construcción de la muralla, es importante conocer quiénes eran estos hombres, y lo que representan. Vivían en el país de Israel, pero eran Horonitas, amonitas y árabes. En el (capítulo 4:2), Sanbalat habla delante de sus hermanos y del ejército de samaria (en el principio samaria formaba parte de Israel). Estos hombres eran jactanciosos, sutiles, y tenían autoridad en el país, aunque no formaron parte de él. ¿no tienen un gran parecido con los hombres activos, jactanciosos, sutiles, que poseen autoridad dentro la iglesia profesante, pero que son realmente extraños para dios? Son hombres que no tienen parte ni suerte en la iglesia, muy al contrario, son enemigos y adversarios de quienes prosiguen la obra de dios, ocupándose de los santos y de la construcción del muro de separación para dios.

Para conocer la historia y el proceder de estos hombres, fijaremos la atención en las siete formas o aspectos de hostilidad que desplegaron hacia la obra de dios.

“oyéndolo Sanbalat Horonita y Tobías el siervo amonita, les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel” (Nehemías 2:10).

Cuando dios levantó a hombres que buscaron la verdad en procura del bien de la iglesia de dios, ¿no hubo un gran número de personas que se disgustaron mucho? Es a la primera manifestación de oposición ¡cuánto disgusto causó en el clero que dios haya suscitado a un Wiclif, un Huss o un Lutero! Esos siete caracteres de oposición a la obra de dios se pueden observar sobre todo durante este último medio siglo (el autor vivió y escribió este artículo en el siglo 19). ¡qué descontento hubo cuando dios escogió a muchos hombres para que buscasen el bien de la asamblea de dios, fuera de todo sectarismo! Hace algunos años, hubo hermanos que cayeron sobre sus rostros delante del señor, como lo hiciera Nehemías en su tiempo. Consternados al comprobar que la iglesia se había alejado de los mandamientos del señor, se inclinaron en confesión y oración. Y el espíritu santo puso en sus corazones un deseo ardiente de trabajar para la asamblea de dios, y en procura de su bien.

El carácter de la iglesia en filadelfia (Apocalipsis 3) corresponde al del libro de Nehemías; es el hecho consumado de lo que en Nehemías era sólo una figura. Para comprenderlo es necesario estar a solas con dios durante un tiempo. Cuando Nehemías se levantó de noche para recorrer la ciudad (Nehemías 2:12-15), había unas pocas personas con él, y nadie sabía lo que su dios había puesto en su corazón. Acompañémoslo en el camino que hizo alrededor de Jerusalén, pasando por la puerta del valle, hacia la fuente del dragón y la puerta del muladar…y por los muros de Jerusalén que estaban derribados…los escombros que encontró a su paso son los mismos que se encuentran alrededor de la iglesia en ruinas. La cuidad que vio Nehemías es la figura cabal de la iglesia en manos de los hombres.

Las escrituras lo han predicho con claridad. El estado actual de la cristiandad (mediados de 1800) está descrito con precisión en la palabra, comenzando en la segunda epístola a Timoteo 3:2, siguiendo en la segunda de Pedro 2:1-9, y culminando en Apocalipsis 17:18. Además, su progresión está expuesta en detalle en los capítulos 2 y 3 del apocalipsis, muy particularmente en sus siete etapas. No se observa allí ni el más mínimo pensamiento de un retorno a la gloria inicial de la asamblea, como testimonio notorio de un cristo rechazado. Sólo en filadelfia se puede ver un residuo débil, apegado a la persona y a la palabra de cristo, guardando su paciencia.

Como Nehemías realizó su salida nocturna para rodear la ciudad y ver el estado en que se encontraba (Nehemías 2:11-16), hagamos nosotros su recorrido entorno a la cristiandad. ¡oh!, le ruego a cada uno de los lectores que reflexione, inquiriendo con inteligencia para saber cuáles son los pensamientos de dios con respecto al romanismo y al protestantismo. Que examine la escena en el temor de dios, y en su santa presencia. ¿qué hizo Nehemías al observar el ruinoso estado de la ciudad? ¿bajó los brazos con desesperación? ¡nunca! Se dirigió al pueblo diciendo “vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas para el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén” (2:17). Con estas palabras animó a los hombres del pueblo y les declaró cómo la buena mano de dios había estado con él. Y ellos respondieron: “levantémonos y edifiquemos” (2:18).

 

Estos pensamientos nos conducen a una segunda forma de oposición.

“Cuando lo oyeron Sanbalat Horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo ¿qué es esto que hacéis vosotros? ¿os rebeláis contra el rey?” (2:19). La primera forma de oposición había sido el descontento; la segunda es el desprecio. 

Si comparamos con toda la nación en su conjunto, el pueblo dispuesto a realizar la obra era, efectivamente, sólo un débil residuo. Pero, aunque fueran pocos, estaban impacientes para ver la ciudad sagrada protegida por una muralla que constituyera una separación. Y esa ciudad del rey, tan amada para ellos, ¿sería amado con un amor más profundo que el que sentimos nosotros por el terreno sagrado donde los santos de dios están reunidos en torno a cristo? Como Nehemías despertó en el residuo el deseo de reconstruir la muralla, así despertó el espíritu, en algunos creyentes –cada uno en su lugar de origen– el deseo de edificar la muralla destruida desde hacía tanto tiempo. ¡cuántos Sanbalat modernos se han burlado con desprecio de estos hombres! –“¿qué vais a hacer, ridículos y débiles cristianos?”– preguntan. Verdaderamente hay tiempo para las lágrimas, pero también hay tiempo para alegría.

En el capítulo 3, la muralla se halla en construcción. Cada uno de los pequeños grupos de trabajadores permanece en el lugar que le ha sido asignado, y edifica el muro “frente a su casa”. ¿no es una sorprendente imagen de lo que sucede en estos últimos días? En todo lugar donde, en el temor del señor, ha sido aceptada la verdad del cuerpo de cristo –como única asamblea de dios– cada conjunto de personas, por pequeño que sea, ha obrado según la palabra construyendo el muro de separación; y el divino arquitecto reunió las partes dispersa juntando las obras de albañilería que habían sido bien ejecutadas. La obra es de dios; su mano de amor está sobre el pequeño residuo.

Al resultado obtenido puede dársele el nombre de “exclusivo”. Pero no sólo debe llevar ese nombre, sino que debe serlo, porque un muro se construye para excluir. No puede ser de otra manera. ¿para qué se pondrían puertas y cerrojos si no sirven para encerrar y excluir? No podemos aceptar sinceramente la doctrina del “un cuerpo” sin que con ello se excluya el sectarismo. ¿acaso podemos recibir la verdad de dios, que es uno, y tolerar juntamente a los dioses de los paganos? De la misma manera, es imposible aceptar la verdad de que el cuerpo de cristo es uno, y admitir a la vez los numerosos cuerpos cristianos.

Estas consideraciones nos llevan al capítulo 4 para encontrar la tercera forma de oposición.

“cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos” (4:1). En primer lugar, hemos hallado el descontento, después el desprecio, y ahora que la construcción de la muralla es un hecho visible, hallamos la ira. ¿no es la triste imagen de lo que ocurre ante nuestros propios ojos? El furor de Sanbalat contra los que edificaban el muro era tan violento como el odio que reina en a la actualidad hacia las almas reunidas en torno a cristo, único y verdadero centro de reunión.

- “¿cómo?”, exclaman, “¿no toleran nuestras denominaciones? ¿quieren excluir todo lo que se hace porque, según dicen ellos, no hay un verdadero compromiso con cristo?”

Sanbalat habló delante de sus hermanos y delante del ejército de samaria, y dijo: “qué hacen estos débiles judíos?” (4:2). Verdaderamente, ¿qué son esos pocos hombres en comparación con el ejército de samaria? ¿qué hacen estos débiles creyentes de hoy? ¿quiénes son estos dos o tres, comparados con la gran multitud de la cristiandad que los rodea? ¿cómo harán para quitar los montones de escombros? ¿ellos solos van a terminar con el sectarismo en un día?

A este furor le sucede la cuarta forma de oposición. Sanbalat se burla de los judíos. “y estaba junto a él Tobías amonita, el cual dijo: lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará” (4:3). El enemigo, aunque lleno de odio, habla en son de burla dando escasa importancia a la obra de dios. ¿no es lo mismo en nuestros días? Puede haber descontento, desprecio, ira, burla, pero el trabajo continúa sin interrupción. La muralla se levanta rápidamente; se une una parte con la otra parte; la obra de dios se extiende. Muchas almas escuchan la voz del pastor, ya en irlanda, ya en Inglaterra, en los países de Europa, en américa, en la india, en siria, y dejando el redil construido por los hombres, se reúnen dentro del terreno sagrado, alrededor de la preciosa persona del gran pastor, cristo mismo. Cristo es exaltado, y todo aquello que no contribuye a su exaltación, es excluido. Lo del hombre, queda reducido a la nada.

¿qué harán ahora Sanbalat y su gente?

Esa pregunta nos lleva a la quinta forma de oposición.

“pero aconteció que oyendo Sanbalat y Tobías, y los árabes, los amonitas y los de Asdod, que los muros de Jerusalén eran reparados, porque ya los portillos comenzaban a ser cerrados, se encolerizaron mucho; y conspiraron todos a una para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daño” (Nehemías 4:7-8). Ya hemos encontrado el descontento, el desprecio, la ira, la burla, y ahora llega la hora del combate, con una oposición determinada e intransigente hacia la obra de dios.

¿no ocurre lo mismo hoy en día? ¿no están de común acuerdo las sectas existentes en la cristiandad para combatir, para oponerse a la construcción del muro de la separación? ¡qué bien se entienden las bandas armadas para caer de improviso sobre los judíos! Cuando dios bendice su palabra en cierto lugar, ¡cuán a menudo ha sucedido que el enemigo llega de improviso dando testimonios equívocos y tratando de detener la obra! Ocultos detrás de la escena hay espíritus malignos en lugares celestiales. Ciertamente es necesario revestir toda la armadura de dios, y “nuestro dios peleará por nosotros” (Nehemías 4:20). En Jerusalén, el pueblo sigue trabajando; también hoy sucede así; cuanto más grande es la oposición, más cerca estamos del señor, y el trabajo prosigue con más ardor. Se oye con claridad la trompeta de la verdad, y los santos se juntan a su llamado.

El capítulo 5 es muy solemne. La principal característica del residuo era la debilidad. Como lo dice pablo – y él lo sabía muy bien– “somos hombres semejantes a vosotros” (Hechos 14:15). Nosotros lo sabemos también. ¿acaso somos mejores que los demás? Lejos esté de nosotros este pensamiento. Pero ¡qué gracia nos ha sido dada de estar unidos a esta bendita persona a quien nadie puede allegarse sino por el padre! Como lo ha dicho nuestro señor: “escrito está en los profetas: y serán todos enseñados por dios. Así que, todo aquel que oyó al padre, y aprendió de él, viene a mí” (Juan 6:45). El padre conduce a las almas hacia su propio hijo, y no hacia otro mísero hombre con las mismas debilidades que nosotros.

Los hombres se han constituido en “iglesia de roma”, “de Inglaterra”, “de escocia”, y en otros innumerables cuerpos; pero dios, por su espíritu, ha restaurado la verdad del cuerpo de cristo, olvidad por tan largo tiempo, verdad cuyo centro único y verdadero es cristo.

Ahora ya es un hecho incontestable: la muralla, el muro que separa de toda clase de sociedad humana, está en construcción. Las almas, sólo un débil residuo salido del campo de la cristiandad, están reunidas sobre la base que fue puesta en pentecostés. Y pueden distinguirse claramente los dos campos: uno es el campamento cristiano mezclado con levadura, y otro es el terreno sagrado que está fuera de ese campamento, reunidos alrededor de cristo, llevando su oprobio.

Estos pensamientos nos presentan la sexta forma de oposición, obra de Sanbalat y de sus compañeros al saber que Nehemías había construido la muralla. “Sanbalat y Gesem enviaron a decirme: ven y reunámonos en algunas de las aldeas en el campo de Ono. Mas ellos habían pensado hacerme mal” (6:2).

Entonces Nehemías envió mensajeros diciendo: “yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros” (Nehemías 6:3).

Hemos analizado cinco formas de oposición que presentó Sanbalat en primera instancia: el descontento, el desprecio, la cólera, la burla y el combate; ahora maquina con la sutileza externa.

El enemigo toma la palabra para decirnos: “no sean tan estrechos, tan exclusivos. Descienden desde su recinto sagrado hacia una de nuestras aldeas del valle de Ono”, “ven y reunámonos”. “descended, conozcámonos en el valle de Ono”.

Y entonces nos preguntamos: ¿qué había en el valle de Ono? En el capítulo 11:35 dice: “Lod, y Ono, valle de los artífices”. Sanbalat y Gesem invitaban a dejar el único centro de adoración, dentro de los muros de Jerusalén, para descender a cualquier aldea “de los artesanos”. El enemigo sabía muy bien que, si el verdadero culto a dios se hallaba en el recinto divino, su industria estaba en peligro. Como sucedió más tarde en Éfeso, los artífices del valle del Ono podían comprobar que su negocio caería en descrédito y, como los efesios, también ellos se decían: “sabéis que de este oficio obtenemos nuestra riqueza” (Hechos 19:23-41).

Tenemos, pues, por un lado, el campo de samaria con sus aldeas de artesanos –abiertos, listos para comprometerse, liberales, deseosos de encontrarse con todos, de parlamentar con todos; por el otro lado, unos pocos y débiles judíos reunidos en el terreno de dios, en separación, y encerrados dentro de muros que se consideran detestables porque excluyen todo lo que es obra del hombre. Pero con la ayuda de dios se mantienen firmes y obran sabiendo que se encuentran en el lugar exacto donde dios quiere que se encuentren, haciendo lo que es agradable a sus ojos.

No sólo una vez, o dos, sino cuatro veces envió Sanbalat a sus mensajeros para presionar, en lo posible, a los siervos de dios. Los invitaba a abandonar su lugar de separación, a descender de tan elevada posición hacia el bajo nivel del valle de Ono, allí donde estaban las aldeas de los artesanos. Dios guardó a Nehemías de la astucia de ellos: “yo les respondí de la misma manera” (6:4). Mantenerse sin compromiso para con los de afuera, y en dependencia de dios, fue un trabajo muy grande para Nehemías.

Sanbalat, juzgando según la astucia de su propio corazón, envió a su siervo por quinta vez, llevando ahora una carta abierta en su mano, “en la cual estaba escrito: se ha oído entre las naciones, y Gasmu lo dice, que tú y los judíos pensáis rebelaros, y que por eso edificas tú el muro, con la mira, según estas palabras, de ser tú su rey… ven, por tanto, y consultemos juntos” (6:6-7). La respuesta a estas palabras fue muy firme y serena, como conviene a un hombre que vive en paz con dios: “no hay tal cosa como dices, sino que de tu corazón tú lo inventas” (6:8). Si Nehemías hubiera obrado con el orgullo de un corazón egoísta, nada habría sido más estrecho, cerrado y despreciable; pero él obraba en el temor de jehová, y sus palabras constituían un hermoso y fiel testimonio.

Todo ese acontecer ¿no es la viva imagen de lo que pasa en la actualidad a nuestro alrededor? La similitud es sorprendente. Reunidos en torno a cristo, en gran debilidad, hay unos pocos santos; por otra parte, está el gran campamento compuesto por las iglesias griega, romana y protestante. Y como había entonces numerosos judíos en cautiverio, hay muchos creyentes que están hoy en el gran campo de babilonia. Pero está escrito: “pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aún negarán al señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” (2 pedro 2:1-3).

Este cuadro se presenta ante nuestros ojos en toda su magnitud. ¿no se trata de un tráfico malvado a los ojos de dios, aunque la profesión cristiana sea de las más respetables en nuestros días? Está tan en boga, que muchos hijos de dios son arrastrados, y siguen su pernicioso camino. (si se quiere tener otra descripción de ese moderno campo de samaria, leer 2 Timoteo 3).

En su soberana gracia, dios ha trabajado en ese campo, y muchas almas fueron salvadas. Él puede trabajar en Grecia, en babilonia, en roma. Satanás se ha servido de la circunstancia imperante, como lo hiciera Sanbalat, y ha presentado numerosas tentaciones para hacer descender a los creyentes hasta alguna aldea del vallo de Ono.

 –“abandonen por un momento ese exclusivísimo estrecho y limitado, dice, y desciendan al nivel de los artesanos; lo único que deben hacer es reconocer al clero establecido, y todo lo demás estará bien. Desciendan de ese lugar encerrado por el muro que rodea el terreno de dios. Si no quieren descender a las aldeas para que nos conozcamos, entonces, igual que nosotros, ustedes forman parte de otra secta más dentro de Jerusalén. Los estrechos son ustedes. Desciendan de ese lugar encerrado por el muro que rodea el terreno de dios. Si no quieren descender a las aldeas para que nos conozcamos, entonces, igual que nosotros, ustedes forman parte de otra secta más dentro de Jerusalén. Los estrechos son ustedes. Desciendan ahora; vengan a las aldeas, y tengamos consejo juntamente”.

Los que se han separado para rodear a cristo pueden responder: “todo lo que ustedes dicen es una invención de sus corazones; saben bien que no formamos una secta; y saben también que no excluimos a nadie de los que dios ha reunido alrededor de cristo, buscando su honra y su gloria. Es un grave cinismo actuar en oposición al trabajo que dios hace en la actualidad, como se opuso Sanbalat en días de Nehemías”.

Un eminente evangelista que permanece en el campamento de samaria, y lo aprueba, preguntó en cierta ocasión a un grupo de creyentes:

  • ¿no vienen con nosotros para las predicaciones del evangelio?”

  • “yo no pienso ir”, respondió un joven creyente escocés.

  • “¿cómo? ¿no irán ustedes a un lugar donde dios hace su obra?”

  • “no, yo no pienso ir”.

  • “cómo es posible que usted piense así?”

  • “¡bueno! Dios está por sobre todas las cosas. Él es soberano. Yo soy solamente uno de sus súbditos”.

El mismo evangelista, hablando con un siervo del señor con quien había trabajado en Inglaterra, le dijo:

  • “lamento mucho que usted no esté con nosotros”.

  • “para hablar con sinceridad, debo decir que me siento más contento junto al señor”.

  • “¿cómo dice? ¿acaso no está él con nosotros?”

  • “posiblemente sí, por gracia, y yo ruego que él se sirva de su predicación para salvar muchas almas; pero usted no ha salido a él fuera del campamento”.

No, no podemos estar junto a los dos o tres que se hallan en el lugar sagrado, dentro de la muralla reconstruida, y a la vez en el gran campamento de samaria. “salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio” (Hebreos 13:13).

En apocalipsis 3, hay un lugar sagrado para los que tienen poca fuerza: la iglesia que está en filadelfia; allí se encuentran los que estaban en Sardis (el protestantismo), y han salido hacia él, el santo, el verdadero. También hay otro campo: el muy pretencioso campamento de Laodicea. Nuestro precioso salvador, que se halla fuera de él, llama a la puerta. Querido lector, ¿está usted en ese millonario campo de Laodicea, con sus riquezas y su clero? Si usted está allí, es porque todavía no ha salido hacia él llevando su vituperio. Quiera dios, por medio de su espíritu, darle absoluta claridad para que pueda comprender estas palabras. ¿cómo podrían descender los santos, los que están reunidos en torno a cristo fuera del campamento, y fiarse de los artesanos del valle de Ono? Sé con certeza que ni veinte mil hombres en el valle de Ono podrían apartar mi alma de cristo.

La obra que dios hace hoy por medio del Espíritu Santo, es mucho mayor y de más alcance que la que realizó en Jerusalén por medio de Nehemías. El residuo encerrado en Jerusalén tenía una enorme diferencia con el campo de samaria, tan grande como la diferencia que existe entre las almas que se reúnen alrededor de cristo, y las que se encuentran la cristiandad. ¡oh, que aquellos que se congregan en el nombre de cristo puedan serle fieles! Han cometido muchas faltas, es cierto, pero no pueden abandonar el verdadero terreno de reunión alrededor de él. Pueden reconocer su poquedad, pero no pueden abandonar a cristo.

Estas reflexiones nos conducen a la séptima forma de oposición a la obra de dios: el peligro en el interior. E ilustran acerca de la hábil astucia de satanás. La forma anterior provenía de una tentación externa: descender al nivel de Ono, comprometer todo lo que dios nos ha enseñado, y fiarnos de los artesanos y de la mercadería que ofrece la cristiandad. Ahora el mal está dentro. Haremos bien en considerar este aspecto con sumo cuidado.

Sanbalat ha desaparecido de la vista. “vine luego a la casa de Semaías hijo de Delaía, hijo de Mehetabel, porque él estaba encerrado; el cual me dijo: reunámonos en la casa de dios, dentro del templo, y cerremos las puertas del templo, porque vienen para matarte; sí, esta noche vendrán a matarte” (6:10) ¿no es convincente esta advertencia? Ciertamente; y es bueno estar en la casa de dios ante una circunstancia tan peligrosa. Pero cerrar las puertas del templo sería, en lo que nos concierne, poner la lámpara debajo del almud. Es la tentación de abandonar el testimonio. No queremos unirnos a las actividades religiosas del campamento y procuramos quedarnos en el lugar sagrado de bendición y de comunión entre nosotros, ocupándonos de nosotros mismo con egoísmo y con temor de los hombres.

La oposición podría agravarse. ¿abandonaríamos el testimonio si se trata de salvar la vida? ¿huiríamos? ¿nos encerraríamos por miedo? ¿es este el pensamiento de dios? “y entendí”, dice Nehemías, “que dios no lo había enviado…Tobías y Sanbalat lo habían sobornado” (6:12).

Teniendo la certeza de que la obra es de dios, no nos cansemos, ni desertemos.

El peligro mayor, la prueba más difícil, provenía de parte de falsos hermanos. El enemigo sabía que la muralla había sido construida: “y se sintieron humillados, y conocieron que por nuestro dios había sido hecha esta obra” (6:16). Pero los falsos hermanos, “los principales de Judá, enviaban muchas cartas a Tobías, y las de Tobías vienen a ellos…porque muchos en Judá se habían conjurado con él” (6:17-18). Es un motivo de gran tristeza saber que ocurren estas cosas, y es ocasión de profundos ejercicios el comprobar que aquellos que exteriormente han tomado una posición de reunión alrededor de cristo –tenemos el ejemplo de queridos hermanos en el señor– tratan de mezclar los principios establecidos por dios, con los que rigen en campamento. Así sucedió con los casamientos mixtos que hubo en Judá. Y estos sucesos no debería sorprendernos si recordamos las palabras del apóstol: “y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablan cosas perversas” (hechos 20:29-35). Estos hermanos duales, no cabe ninguna duda, son las mayores piedras de tropiezo en el camino de las almas que carecen de firmeza. Los que se reúnen alrededor de cristo deben tener sumo cuidado de este peligro, el mayor de los que existen en la actualidad: prestarse a las malas asociaciones, comprometiéndose con ellas.

Hemos examinado brevemente las siete etapas de la oposición a la obra de dios: el descontento del enemigo (2:10), su desprecio (2:19), su ira (4:1), sus burlas (4:3), sus combates (4:8), la astucia externa y el peligro interno (6:10). Muchos de los lectores de este tratado podrán decir: “yo he visto estas siete formas de oposición a la obra de dios en la actualidad”.

Así, pues, la muralla quedó terminada. Ninguna oposición, cualquiera sea su magnitud, pudo detener la obra de dios. Así también ha sucedido en este momento: los santos están reunidos alrededor de cristo, la muralla fue construida, las puertas colocadas en su lugar, y dios ha preparado a hombres fieles para que ejerzan la vigilancia. La oposición fue atacada siete veces. Pero dios ha protegido el principio sagrado de reunión alrededor de cristo. ¡a él sea la alabanza! Nosotros debemos revestir toda la armadura de dios, porque el Sanbalat que nos acecha no ha muerto, aun cuando su poder ha sido destruido. Los siete aspectos considerados demuestran una oposición completa, la que persistirá hasta la venida de nuestro señor.

Quien haya comprendido la verdad acerca de la asamblea de dios, verdad que excluye toda secta de hombre, podrá decir: “si dios ha reunido las almas alrededor de cristo como al principio, cuando la base establecida era lo suficientemente amplia como para aceptar a todo hijo de dios que camine en obediencia, en el tiempo presente debe ser tan vasta y amplia como lo era antes”. Cuando cristo ocupa su lugar en la administración de la asamblea, y, como en el principio, hay dones y adoración en espíritu, el lugar es amplio para permanecer en él. ¿no será lo suficientemente espacioso para el creyente que desea caminar en el temor del señor y según su palabra? ¿no poseemos una verdad maravillosa al saber que todos los creyentes reunidos en el cuerpo de cristo son uno? “son un solo cuerpo” (1 Corintios 12:12). Cuando estas verdades son conocidas, ¿para qué sirven todas las sectas que los hombres han hecho? Ciertamente para nada. Y si el lugar es tan amplio, y tan bendecido, ¿por qué hay tan pocos habitantes en él? ¿por qué no hay nadie que se reúna en torno al señor en ciertas ciudades? ¿y por qué, en otras ciudades, los que se reúnen son desconocidos?

Tal fue el caso de Jerusalén. “la ciudad era espaciosa y grande, pero poco pueblo dentro de ella, y no había casa reedificadas” (7:4). Este es un motivo de preocupación en el capítulo 7. Considerando el tamaño de la ciudad, los habitantes eran poco numerosos; pero el número de los que habían subido de la cautividad era conocido y debidamente registrado (7:5-6). Había muchos que habían subido de “tel-mela, tel-harsa, querub, Adón y Imer, los cuales no pudieron mostrar la casa de sus padres, ni su genealogía, si eran de Israel”. También son nombrados muchos otros: “estos buscaron su registro de genealogías, y no se halló; fueron excluidos del sacerdocio, y les dijo el gobernador que no comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese sacerdote con urim y tumim” (7:61-65).

Estas reflexiones son sumamente instructivas. Si la mezcla con el mundo gentil había hecho perder la certeza de su nacionalidad a los israelitas, ¿nos sorprenderá el resultado obtenido de la mezcla de la iglesia con el mundo? Un gran número de personas se halla en la incertidumbre, y se pregunta: “¿soy un hijo de dios?” “¿soy salvo, o no lo soy?” Aún en medio de los que se denominan evangélicos, hay mucha oscuridad y perplejidad al respecto. Esta es una de las razones, sino la principal, por la cual muy pocas personas toman el bendito lugar de hijos de dios reunidos en torno a cristo. Evidentemente, había muchos israelitas que no podían hallar su genealogía así que hay muchos cristianos que no pueden demostrar la suya; se encuentren en una confusión tan grande, debido a su falsa posición, que no poseen la seguridad de estar inscritos en los cielos. Efectivamente, en las congregaciones organizadas por el hombre, la seguridad de poseer la salvación no es una cuestión primordial, y muchas de las personas que la componen no pueden afirmar si son realmente hijos de dios.

Si no tenemos esta seguridad, ¿no es igualmente cierto –como lo era entonces– que no podemos comer de las cosas más santas? Es de primordial importancia conocer a Jesús, el gran sumo sacerdote que está en la presencia de dios coronado de gloria a causa de su obra cumplida en la cruz, donde expió, de una vez y para siempre, todos nuestros pecados. Le vemos ahora como nuestra justicia, resucitado de entre los muertos, llevando los urim y tumim. Sobre su faz brillan las luces (urim) y las perfecciones (tumim) de dios. ¿cómo podría usted entrar en el lugar santísimo, por la sangre de Jesús, si no está seguro de ser salvo? Querido lector, ¡sondee su genealogía, sin darse tiempo para el reposo, hasta encontrarse la respuesta tan importante cuestión!

Pregúntese usted mismo: ¿está mi nombre escrito en el cielo? ¿puedo tener la certeza de que mis pecados han sido borrados para siempre? ¿es verdad que dios me justifica? Realmente, ¿no hay nadie que pueda separarme de su amor en cristo? ¿estoy seguro que el morir es solamente dejar este tabernáculo para estar con cristo? Y si vivo hasta que el señor venga, ¿estoy cabalmente seguro que me tomará consigo para morar eternamente en su presencia? Lector, usted no podrá contestar tan solemnes preguntas si considera solamente su estado personal, sus impresiones o sus experiencias. Lo que es del hombre natural, no tiene ningún valor. Sólo tiene validez la mirada de fe hacia aquel que fue levantado y se halla a la diestra de dios. Muy raramente se encuentra un alma que goce de esta bendita certeza –que posea una real paz con dios– y quede tranquilamente en el campamento de la cristiandad, alejada de cristo. ¿no es muy natural que ocurra así? Si usted está aún en la incertidumbre, es normal que permanezca en el sistema creado por los hombres en vez de salir fuera del campamento llevando el oprobio de cristo. ¿y cuál será el lugar de los que se han convertido recientemente? Si quedan en el campamento, la incertidumbre caerá también sobre ellos.

El residuo de Israel estaba constituido por un pequeño número de personas reunidas en debilidad; lo mismo les sucede a los que reúnen hoy alrededor de cristo. Pero, ahora como entonces, la obra es de dios.

Llegamos aquí a una cuestión que promete ser interesante. Y de nuevo se establece la comparación del residuo con nuestra situación actual. Ellos no debían descender del recinto amurallado que los separaba de los artesanos, ni mezclarse a ellos, ni encerrarse, ¿qué debían hacer, pues? Nosotros no debemos descender de la bendita posición donde nuestro dios nos ha restaurado –sobre la base segura del cuerpo de cristo y de la soberana conducción del espíritu santo–. Ni debemos comprometer la verdad de dios por buscar un entendimiento con el clero y con el hombre a su actividad. Tampoco debemos encerrarnos en nosotros mismos. Pero entonces, ¡por favor!, ¿qué debemos hacer?

El capítulo 8 nos da una respuesta a esta pregunta. El pueblo se hallaba reunido como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las aguas. Esdras, el sacerdote, trajo el libro de la ley. ¡oh, qué lectura la de este libro ante la congragación de hombres y mujeres y de todos aquellos que podían entender! ¡qué atención se prestaba a la lectura del libro! Ese libro… ¡era el libro de dios! Esdras abrió el libro. ¡qué momento de bendición, de alabanzas! ¡y qué cuidado en la lectura para que todos comprendiesen! “y leían en el libro de la ley de dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura” (8:8).

Tal es, hermanos míos, la tarea de los que se han separado para cristo. Esto es lo que deben hacer.

¿han observado la total falta de atención que se presta a la lectura de la palabra de dios dentro del campamento? Los que se han separado deben obrar de otra manera; deben ser los “hombres del libro”. Deben abrir el libro, y leerlo. Leerlo de tal modo que el pueblo entienda claramente lo que dice el libro. Lo que dios nos dice en el libro. Entonces, los que escuchan la lectura, elevando las manos e inclinando la cabeza, adorarán al señor postrados en tierra. Cuando el espíritu santo, representado en el libro de Nehemías por el gobernador, nos hace comprender la preciosa palabra, nos gozamos con inteligencia en el señor; nos regocijamos en dios.

Todo este gozo, ¿será solamente para nosotros? ¡oh, no! Y Nehemías los dijo: “id comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro señor; no os entristezcáis, porque el gozo de jehová es vuestra fuerza” (8:10).

Es un grave error buscar solamente nuestra propia bendición y edificación personal. A eso se llama egoísmo espiritual. Es necesario nutrirnos personalmente de la dulce perfección de cristo –prefigurada en la grosura del holocausto; de los pensamientos y las afecciones íntimas de nuestro precioso señor Jesús; de la belleza de su obrar cuando anduvo en la tierra, y de su amor presente e inmutable–. Beber del dulce perfume de su persona adorable que llena los cielos de los cielos. ¡oh, bebamos vino dulce, seamos llenos de cristo! Cuando estas bendiciones hayan llenado nuestro corazón, nuestra bienaventurada tarea será entonces enviar porciones a los que no tienen nada preparado. ¡oh, hijo de dios!, este debe ser su trabajo constante, aún para los que no te comprenden, los que te calumnian, los que te caricaturizan y, en su ignorancia, hablan cosas malas de ti. No devuelvas mal por mal, burla por burla; haz lo contrario, busca el bien espiritual de todos; “envía porciones” a toda la iglesia de dios. Acuérdate de la manera en que el señor encontró a Saulo de tarso, ese insensato perseguidor. También en nuestros días fueron muchos los adversarios violentos, que, siendo llamados, fueron enseñados por el padre a salir del campamento hacia el señor Jesucristo, el centro verdadero. Lo que le complace a él, sea también nuestra complacencia. “porque el goza de jehová es nuestra fuerza” (8:10).

Observamos ahora el notable resultado producido por la lectura del libro, y las explicaciones que fueron dadas al pueblo. En el segundo día de reunión (8:13-18), hallaron escrito lo que jehová había mandado “que habitasen los hijos de Israel en tabernáculos en la fiesta solemne del mes séptimo”. “y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porque desde los días de Josué hijo de aun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande”. ¡no son palabras muy notables? Comparados con el pueblo de Israel que habitaba en el país en tiempos de salomón, los que habían reunido en Jerusalén eran sólo un puñado de gente, y nunca había sido celebrada esta fiesta con tanta alegría. Israel, habitando en tabernáculos, era la figura, muy hermosa, de un pueblo aguardando el largamente esperado reino milenario de su mesías y señor. Durante siglos Israel había dejado en el olvido esta fiesta, fiesta que celebraba ahora este débil residuo con una “alegría muy grande”.

Lo que de veras llama la atención, es que la iglesia no haya celebrado la fiesta de los tabernáculos desde el tiempo de la predicación de pablo hasta que dios juntó, en nuestros días, un débil residuo que ha salido hacia cristo fuera del campamento. La actitud de la iglesia en los días del apóstol fue “convertirse de los ídolos a dios, para servir al dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su hijo” (1 Tesalonicenses 1:9-10; 2:19; 3:13; 4:15-18. Leer estos pasajes con oración). ¿no debemos confesar que durante dieciocho siglos (este escrito data del siglo XIX) buscamos en vano, en lo que se llama la historia de la iglesia, sin hallar ni una sola mención sobre la fiesta de los tabernáculos? Tal vez haya habido algo de esa espera de los tristes días de la persecución; pero apenas el mundo dejó de perseguir a la iglesia, ella olvidó la esperanza del retorno de cristo, morando en el mundo y perteneciendo a él. Y a lo largo de los siglos, como el esposo tardará en venir, la iglesia continuó durmiendo.

¿qué sucedió en estos últimos años, desde que dios reunió a unos pocos creyentes en torno de cristo? Leída la escritura, ¿no tuvo lugar un efecto semejante al que describe nuestro capítulo de Nehemías? ¿no tuvo el mismo efecto? La bendita esperanza, que la iglesia había perdido de vista durante tan tiempo, fue restaurada, vuelta a la luz, y se adoptó una actitud semejante a la que reinaba en la fiesta de los tabernáculos. El residuo reunido fue conducido por el espíritu de dios a esperar de los cielos al hijo; y esta esperanza ha traído “una alegría muy grande”. Como está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, nuestra bendita seguridad reside en cristo, quien fue ofrecido una sola vez por nuestros pecados, y ahora, sin relación con el pecado, volverá para salvación (Hebreos 9:27-28). Sí, “sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2). En contraste con esta bendita esperanza, hay una horrenda expectación de juicio, en espera de un tribunal en el que dios juzgará los pecados.  

Nuestra alegría es muy grande porque sabemos que él nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nuestro privilegio es esperar al señor de los cielos: ¡oh, qué gozo indecible habrá en ese momento triunfal! “amén, ven, señor Jesús”.

Como Israel debía publicar y proclamar en todas sus ciudades lo que había encontrado en la escritura, asimismo quiere el señor que demos a conocer, con santa osadía, lo que hemos hallado.

La comunión con dios, y de los unos con los otros, en inteligencia a la palabra, da a conocer todas estas cosas a la asamblea de dios que fue adquirida con su sangre, y que espera de los cielos a su hijo. ¿habría algo más precioso que nos fuera dado a poseer?

Así se terminó la construcción de la muralla. Y la gran alegría de la fiesta se compensó, mucho más de lo imaginable, todo el odio desplegado por los hombres junto a las acusaciones de exclusivismo. No quiero continuar con este estudio más allá de este hecho, pero hay algo que quiero hacer notar.

Alguno de mis lectores podría decir: “el resultado de estas manifestaciones será, seguramente, la satisfacción ególatra, la vanidad y el orgullo. ¿creen ser los únicos, sobre la faz de la tierra, que se encuentran reunidos sobre el terreno verdadero –dentro del recinto sagrado de dios? ¿sólo un puñado de gente, alrededor del único centro verdadero de reunión? Este pensamiento produce en ellos un espíritu estrecho, de satisfacción propia”.

Los que hablan de esta manera, se engañan ciertamente; no es este el caso. Para comprenderlo, es necesario leer el capítulo 9. ¡qué contraste con cualquier pensamiento humano! “se reunieron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí”. Se podría pensar que separarse de otros creyentes produce un sentimiento de superioridad. Pero no es eso lo que sucedió. La descendencia de Israel se había apartado de los extranjeros, “y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres”. Y entonces tuvo lugar la lectura, la confesión y la adoración. Estos hechos son producidos por dios; es el orden divino. La separación del mal nos conduce a aborrecernos a nosotros mismos delante de dios. Y cuanto más leemos la palabra, mayores motivos tenemos para juzgarnos; y, cosa maravillosa de decir, cuanto más íntimamente nos juzgamos, mayores son los motivos de adoración. El juicio de sí mismo produce dependencia y fe en dios. Entonces se oye a los levitas que claman a jehová de alta voz: “levantaos, bendecid a jehová vuestro dios 

Desde la eternidad hasta la eternidad; y bendígase el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda la bendición y alabanza” (9:5). Hablan al señor jehová que está delante de sus almas, en tanto que reconocen su mal y el mal cometido por sus padres. En cada versículo de este capítulo brilla la gloria de dios por su obra hecha en favor de su pueblo, porque él es su dios.

Cada vez que un alma es atraída a cristo, todas estas expresiones se hacen realidad. “mis ojos te ven. Por tanto, me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6). Estando en la presencia de dios, más fácilmente será aplastada la carne, ya sea individualmente, ya en la reunión de los santos congregados en torno al señor. No se trata de lo que somos, pues todos hemos pecado, sino de conocer a dios y de saber lo que él ha hecho por nosotros. Ante su magnificencia, nos conviene ciertamente una profunda humillación, a nosotros, los que podemos decir que la sangre de cristo nos limpia de todo pecado. A él sea la gloria y la alabanza. Él es digno de recoger a sus santos sin arruga ni mancha ni cosa semejante, y llevarlos al lugar que él mismo preparó. “salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio” (Hebreos 13:13).

Todas estas verdades están escritas para guiarnos en el presente, y también para ponernos a prueba. ¿dónde está usted, lector? ¿en la babilonia religiosa, alejado del verdadero terreno de reunión de dios? ¿no ha sido llevado, como fue llevado el residuo, al punto de partida donde se hallaba la iglesia en el principio? ¿ha sido ejercitado delante del señor acerca de la condición en que se encuentra la cristiandad, como lo fue Nehemías al saber el estado en que se hallaba la santa ciudad? ¿ha encontrado a alguna persona ocupada en buscar solamente el bien de la asamblea de dios? ¿conoce algo de las siete oposiciones a la obra de dios? ¿ha experimentado alguna vez el descontento, el desprecio, la cólera, la burla, la lucha, la astucia de los que están afuera y de los que están dentro de la iglesia profesante? ¿tiene la plena seguridad de que su nombre está escrito en el cielo? ¿ha buscado –sin poder encontrar– su genealogía? ¿está seguro de ser un hijo de dios, o no?

Una vez establecida la base para contestar a todas estas preguntas, ¿no ha sido usted conducido a sondear el libro, a comprenderlo, a comer de sus grosuras y a beber su vino dulce? ¿no ha encontrado un gozo muy grande en enviar porciones a los que no tenían nada preparado? El estudio de la palabra, ¿no lo ha llevado a esperar a cristo de los cielos? ¿no lo han acusado de ser exclusivo a causa del odiado muro de separación? Todas estas consideraciones, ¿no lo han hecho postrar en humilde confesión ante el señor, llevándolo de inmediato a la adoración? Y finalmente, ¿no ha sentido la presencia de dios ante su alma, como estuvo ante el residuo en el capítulo 9? ¿ha encontrado su alma el reposo sabático dentro del terreno sagrado de la muralla, es decir a cristo mismo?

Entonces tenga cuidado con los hombres de tiro que llegan hasta las murallas con sus atractivas mercaderías. Mantenga cerradas las puertas, ¡que estén bien cerradas! ¡que nada ni nadie se interponga para turbar un reposo en cristo, su gozo en dios! Necesitamos aprender la lección del último capítulo de Nehemías (13:15-21) para mantener las puertas cerradas; será, tal vez, un insulto para los hombres de tiro, pero es un hecho agradable para nuestro dios. Solamente él podía darnos, en este libro de Nehemías, un cuadro cabal de la época en la que vivimos, y solamente él podía dar tan bendita luz a nuestros pies.

Quiera dios santificarnos por su palabra, su palabra es verdad.

 

Querido lector, en temor del señor lea usted el versículo 4 del capítulo 12 de la epístola a los romanos, y en el capítulo 16, el versículo 17.