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Dios se sirve de las circunstancias para disciplinar a Jacob
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El altar de bronce y el atrio
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El alto de Jacob en Siquem sus consecuencias
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El caso de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés
Este capítulo ha dado lugar a grandes discusiones. Se han emitido opiniones muy diversas acerca de la conducta de las dos tribus y media. ¿Tenían razón o no al escoger su heredad en la ribera del Jordán lindante con el desierto? La conducta que siguieron, ¿era expresión de poder o de debilidad? ¿Cómo podremos formular un sano juicio en este asunto?
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El culto, la comunión y la adoración
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El designio y las promesas de Dios son inmutables
Las palabras que abren este capítulo son particularmente notables cuando se las compara con el contenido del capítulo anterior. En aquel todo parece tenebroso y sin esperanza. Moisés tuvo que decir al pueblo: “No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos” (cap. 14:42).
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El día séptimo y el río
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El diluvio y Noé
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El fin de la vida de Abraham Jacob y Esaú
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El holocausto
El holocausto nos presenta una figura de Cristo cuando “se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios” (Hebreos 9:14); por eso el Espíritu Santo le asigna el primer lugar entre los sacrificios. Si el Señor Jesús se ofreció para cumplir la gloriosa obra de la expiación, fue porque el supremo objeto que perseguía en esta obra era glorificar a Dios:
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El hombre corrompe las instituciones divinas
Las páginas de la historia de la humanidad siempre han sido manchadas. De principio a fin, no son más que anales de culpas, faltas, crímenes del hombre. En medio de las delicias del huerto de Edén, el hombre prestó oído a las mentiras del tentador (Génesis 3). Después de haber sido preservado del juicio por la gracia de Dios, e introducido en una tierra renovada, se embriagó (Génesis 9:21).
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El hombre y su miserable corazón
Hasta aquí, en el estudio de este libro, hemos considerado la manera en que Dios dirigía a su pueblo en el desierto y proveía a sus necesidades. Hemos recorrido los diez primeros capítulos, y en ellos hemos visto las pruebas de la sabiduría, la bondad y la providencia de Jehová, el Dios de Israel.
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El Jordán - El carro de fuego
En esta vida extrañamente agitada, Elías pasa de milagro en milagro, el último de los cuales es el más grande de todos. No hay viaje más notable que su último peregrinaje de Gilgal al Jordán. El profeta, conducido por el Espíritu de Dios, visita lugares que hablan de manera sorprendente de los designios de Dios con respecto a Israel.
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El judío, el gentil y la Iglesia de Dios
Ahora llegamos al final de una porción muy relevante del libro del Éxodo. Valiéndose Dios de su gracia perfecta, visitó y redimió a su pueblo; lo hizo salir de la tierra de Egipto, lo liberó primero de la mano de Faraón, luego de la de Amalec.
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El maná, pan del cielo
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El Mar Rojo
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El monte Carmelo - El fuego del cielo
Después de que Abdías hubo entregado el mensaje, el rey Acab fue al encuentro del profeta; inmediatamente lo acusa de ser aquel que turba a Israel.
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El monte Carmelo - La llegada de la lluvia
El juicio abre el camino a la bendición y de esta manera el fuego del cielo es seguido por la lluvia del cielo. El atento oído de Elías percibe el ruido de “una lluvia grande”. Un rumor sobre la cumbre de los árboles, un temblor sobre las aguas –la sorda queja de la tierra– decían al atento oído de Elías que finalmente estaba por llegar el día en que Dios enviaría la lluvia.
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El monte horeb y el evangelio
Ahora Dios da las segundas tablas, no para ser quebradas como las primeras, sino para ser guardadas en el arca encima de la cual Jehová debía tomar lugar como Señor de toda la tierra en el gobierno moral. “Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra.
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El nazareato
Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: El hombre o la mujer que se apartare haciendo voto de nazareo, para dedicarse a Jehová, se abstendrá de vino y de sidra; no beberá vinagre de vino, ni vinagre de sidra, ni beberá ningún licor de uvas, ni tampoco comerá uvas frescas ni secas.
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El poder de la sangre
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El reconocimiento de la tierra de Canaán por los doce espías
Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel; de cada tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos. Y Moisés los envió desde el desierto de Parán, conforme a la palabra de Jehová” (v. 1-3).
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El reinado de la muerte
En entera conformidad con lo antedicho, en el capítulo 5 del Génesis tenemos la historia de los primeros siglos de la humanidad, en los cuales hallamos el registro de la flaqueza humana y su sujeción al dominio de la muerte. Es cierto que algunos vivieron cientos de años y que engendraron “hijos e hijas”, pero de todos ellos se declara también que murieron.
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El rescate de los primogénitos
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