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Lot sentado en la puerta
Fijemos ahora la atención en la parte solemne de la Historia Sagrada a la cual hemos llegado. “Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma” (v. 1), en el puesto de la autoridad. Había avanzado: «se había abierto camino en el mundo», había tenido éxito, a vista humana.
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Lucas 12:40
Esto nos conduce a la tercera porción de la Escritura donde también aparece nuestro solemne lema. “Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá” (Lucas 12:40). Si la salvación está “preparada” para ser revelada y si el juicio está “preparado” para ser ejecutado, ¿qué nos corresponde, sino estar también “preparados”?
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Malaquías
Dirijámonos ahora, por un momento, al final del Antiguo Testamento, al profeta Malaquías. Muchos años habían pasado desde los brillantes días de Esdras y Nehemías, y aquí nos encontramos con un cuadro muy triste de la condición en que había caído Israel. ¡Ayayay, qué rápido se había seguido el «camino descendente»!
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Males que resultan de una mala aplicación de la doctrina de la elección
Ahora descubriremos, en breves momentos, tres distintos males que resultan de una mala aplicación de la doctrina de la elección:
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Mantener la disciplina en la casa de Dios
No crea el lector, ni por un momento, que la unidad del Cuerpo es menoscabada cuando se mantiene la disciplina en la casa. Eso sería un grave error; y, no obstante, por desgracia está muy extendido. Oímos decir con frecuencia que los que buscan mantener la disciplina en la casa de Dios dividen el cuerpo de Cristo. No podría haber error más grande.
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Mara, las aguas amargas
En los últimos versículos vemos a Israel en el desierto. Habían caído terribles juicios sobre Egipto, mientras que Israel había sido librado de todos ellos. Los egipcios del ejército de Faraón yacían muertos en las orillas del mar, Israel estaba seguro y triunfante. Hasta entonces todo había ido bien, pero, ¡ay! las cosas pronto iban a cambiar de aspecto.
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Mardoqueo el judío
Este notable hombre vivió en una época en que la economía judaica había fracasado por la infidelidad y desobediencia del pueblo judío. El gentil estaba en el poder. La relación entre Jehová e Israel ya no podía ser reconocida públicamente, y el fiel judío solo tuvo que colgar su arpa sobre los sauces y derramar sus lágrimas por el brillo empañado de sus días pasados (véase el Salmo 137).
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Más consideraciones sobre la base de la gran comisión
Al tratar con nuestro tema, debemos considerar aún la autoridad y la esfera de «la gran comisión»; pero antes debemos detenernos un poco más sobre su base. La comisión es realmente grande, y requiere un fundamento sólido sobre el cual descansar; y este fundamento, bendito sea Dios, se encuentra en la muerte expiatoria de Su Hijo.
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Mateo 25:10
Pero mientras ellas [las vírgenes insensatas] iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.
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Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal
Finalmente Moisés hace un solemne llamado a los corazones y conciencias del pueblo.
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Mirar a Jesús, el único remedio prescrito por Dios
Así ocurre también ahora. El pecador es llamado simplemente a mirar a Jesús. No se le dice que mire a las ordenanzas, a las iglesias, a los hombres o a los ángeles; no hay socorro en esas cosas. El pecador es llamado a contemplar exclusivamente a Cristo, cuya muerte y resurrección constituyen el fundamento eterno de toda paz y esperanza.
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Mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma
“Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos.
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Moisés
Consideremos a Moisés. Habló imprudentemente con sus labios en las aguas de Meriba (Números 20). Y ¿cuál fue el resultado?: El decreto gubernamental de Jehová le prohibió la entrada a la tierra prometida.
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Moisés agobiado por el peso de las responsabilidades
Tenemos otras lecciones que sacar de esta importante porción de la Palabra. No solo debemos considerar la decadencia de la asamblea de Israel; también vemos al mismo Moisés titubear y a punto de sucumbir bajo el peso de su responsabilidad. “Y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo?
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Moisés desanimado
No obstante, la prueba más dolorosa para Moisés no fue motivada por el juicio que Faraón emitió sobre su misión. El siervo fiel, cuyo corazón esté del todo entregado a Cristo, puede ser considerado por los hombres como un mero fanático visionario. Los hombres miran al creyente desde un punto de vista que no nos permite esperar de ellos otra cosa.
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Moisés, intercesor
Citaremos ahora las trascendentales palabras con las que termina nuestro capítulo.
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Moisés no entrará en el país
Consideremos ahora los últimos versículos de nuestro capítulo; en ellos encontramos una sólida instrucción. Ante todo, vemos los actos del gobierno de Dios desplegados de la manera más solemne y conmovedora. Moisés se refiere patéticamente al hecho de su exclusión de la tierra de Canaán. “También contra mí se airó Jehová por vosotros, y me dijo: Tampoco tú entrarás allá” (v. 37).
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Moisés no pasará el Jordán
El último párrafo del capítulo 27 es profundamente solemne. Los procedimientos gubernamentales de Dios se despliegan ante nuestros ojos de una manera eminentemente apropiada para conmover el corazón. “Jehová dijo a Moisés: Sube a este monte Abarim, y verás la tierra que he dado a los hijos de Israel.
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Moisés y Jehová
Los últimos versículos de este capítulo nos ofrecen un episodio conmovedor que tuvo lugar entre Moisés y su Señor, cuyo recuerdo se corresponde hermosamente con el carácter del libro de Deuteronomio, según era de esperar.
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Moisés y la gloria de Jehová
“Pero la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel, y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo los heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos” (v. 10-12).
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Motivos de desaliento en el pueblo de Dios
Desde el principio del capítulo 1, encontramos un cuadro muy desalentador del estado de cosas en lo que respecta al testimonio exterior rendido a Dios en la tierra. “En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió.
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Motivos que mantienen al creyente ausente de la Mesa del Señor
Si pudiera despertar un mayor interés por este importante tema, un gran servicio se prestaría realmente a la causa de la verdad, y los intereses de la Iglesia de Cristo recibirían un nuevo impulso. Hay mucha ligereza e indiferencia en los corazones de los cristianos en cuanto a su participación a la Mesa del Señor.
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Muertos a la ley
Volvamos por un momento a Romanos 7. “Así también vosotros, hermanos míos” (y todos los verdaderos creyentes, todo el pueblo de Dios), “habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios” (v. 4).
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Nada faltó durante esos cuarenta años
¡Qué gracia tan maravillosa brilla en esas palabras! Lector, piense por unos momentos en el cuidado que Dios dispensó a su pueblo, de tal manera que evitó que sus vestidos envejecieran o sus pies se hincharan. No solamente los alimentaba, sino que los vestía y cuidaba de ellos en todo momento. ¡Incluso tuvo cuidado de sus pies, a fin de que la arena del desierto no los lastimara!
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