Capítulo 19
La Palabra de Dios muestra su poder
Fiel a su promesa (cap. 18:21), el apóstol Pablo llegó a Efeso, capital de la provincia de Asia. Allí permaneció tres años (cap. 20:31), sucediendo a Apolos, mientras este último regaba en Corinto, donde Pablo había plantado (cap. 18:27-28, 1 Corintios 3:6). Entre esos siervos de Dios no vemos celos ni reivindicaciones en cuanto a un campo de labor particular.
El bautismo de Juan, el único que conocían los efesios, preparaba a los judíos arrepentidos para recibir a un Mesías que reinaría sobre la tierra. El cristiano, al contrario, tiene una posición celestial; por el Espíritu Santo está puesto en relación con un Cristo muerto y resucitado; verdad subrayada muy especialmente en la epístola a los efesios.
La Palabra del Señor “crecía y prevalecía poderosamente”, no solo a causa de los milagros cumplidos por el apóstol, sino por su autoridad sobre los corazones. Conducía a esos creyentes a confesar lo que habían hecho y a renunciar públicamente a la práctica de la magia. Llenos del “primer amor” (Apocalipsis 2:4), esos efesios renunciaron a participar más “en las obras infructuosas de las tinieblas” (Efesios 5:11).
Queridos amigos, ¿la Palabra de Dios muestra su poder al mundo mediante frutos visibles en nuestras vidas?
Disturbios
En Efeso existía un espléndido templo consagrado a la diosa Diana, el cual figuraba entre las siete maravillas del mundo antiguo. Las visitas de los turistas y las miniaturas de plata vendidas como recuerdo generaban grandes ganancias a los artesanos de la ciudad. Evidentemente, la predicación del Evangelio perjudicaba este comercio, por eso los vemos asociarse para defender sus intereses dando hipócritamente a su acción un pretexto religioso (comp. con Apocalipsis 18:11). Es muy triste constatar que aun hoy en día muchas personas, en vez de buscar la verdad, se detienen en consideraciones materiales concernientes a su bienestar, pensando cómo obtener su “riqueza” (v. 25), o por la opinión de otros.
Ruidosos clamores se elevaron a favor de la diosa… demostrando solamente que esta era incapaz de asumir su propia defensa, a pesar de su presumida grandeza (comp. 1 Reyes 18:26-29).
Aunque hoy el mundo se cree más evolucionado y esclarecido que antes, únicamente ha cambiado sus dioses, mas no sus corazones. Abundan los ídolos inanimados de los templos, los ídolos del deporte, del espectáculo, de la canción, etc. Las multitudes de hoy en día adoran y siguen a los que les son presentados por el jefe de este mundo, diestro en el arte de extraviar a las almas.
