Hechos
Hechos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 10

Un centurión y un apóstol

Este capítulo tiene una gran importancia para nosotros, cristianos pertenecientes a las naciones. En efecto, aquí vemos a Pedro abrir las puertas del reino de los cielos a las naciones (Mateo 16:19). Notemos con qué cuidado y gracia Dios había preparado, por un lado, a su siervo Pedro y, por otro, a Cornelio, con miras al encuentro que tendría consecuencias tan maravillosas para este último como para nosotros. La revelación de Dios halló tanto al uno como al otro en la misma excelente ocupación: la oración. Por la vacilación de Pedro cuando se le ordenó comer del contenido del gran lienzo bajado del cielo, podemos comprender cuán arraigados estaban los prejuicios judíos, aun en los discípulos, y cuál era el espíritu de superioridad de un israelita frente a un pagano. A través de esa visión, Dios quiso enseñar a su siervo a no hacer más diferencias entre un pueblo “puro” y las naciones impuras. Todos, judíos y gentiles, somos pecadores, mancillados y desobedientes, pero todos somos igualmente objetos de una misma misericordia (Romanos 10:12; 11:30-32). ¡Que Dios nos guarde de hacer “acepción de personas” (o de parcialidad, v. 34) al considerar a algunos como menos dignos de recibir el Evangelio! No nos incumbe escoger, sino obedecer.

El Evangelio es para todos

Dios emplea distintos medios para que las almas aprendan a conocerlo. La conversión del etíope (cap. 8), la de Saulo (cap. 9) y la de Cornelio(cap. 10) no se parecen. En estos tres hombres distinguimos a los descendientes de los tres hijos de Noé (Génesis 10). Cam: las razas africanas y asiáticas; Sem: Israel y ciertos pueblos orientales; Jafet: las naciones del norte y del occidente. “Todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre”. Tal es, en adelante, el mensaje universal dirigido a todo linaje, lengua, pueblo y nación (v. 43; Apocalipsis 5:9). En la persona de Cornelio, los que estaban “lejos” oyeron a su vez “el evangelio de la paz por medio de Jesucristo” (v. 36; cap. 2:39; Efesios 2:17).

¡Gloriosas visitas para esta casa otrora pagana! Primero un ángel (v. 3), luego Pedro y los hermanos que lo acompañaban, portadores del mensaje del Evangelio; por último, y por encima de todo, el Espíritu Santo, quien vino a sellar a esos nuevos convertidos, dando testimonio de su fe y de su calidad de hijos de Dios. ¿Cómo no reconocer en este signo público la voluntad de la gracia de Dios? Pedro solo pudo confirmarlo por el signo del bautismo cristiano (v. 48).