Capítulo 15
Ataque a la obra del Señor
Los creyentes de origen judío que componían las asambleas de Jerusalén y Judea experimentaron un gran gozo al oír sobre la conversión de las naciones (o gentiles). Pero algunos pensaban que para llegar a ser cristiano era necesario hacerse judío, es decir, circuncidarse y guardar la ley. Inmediatamente Pablo y Bernabé comprendieron el peligro que implicaba ese razonamiento, el mismo que más tarde obligaría al apóstol a escribir una carta severa a los gálatas. Volver a la esclavitud de la ley, les diría él, no es otra cosa que caer de la gracia (Gálatas 5:1-6). Las asambleas de Jerusalén y Antioquía corrían el peligro de dividirse por tal cuestión, mas Dios condujo los acontecimientos para que este asunto fuera debatido en Jerusalén y se salvaguardara la unidad de la Asamblea. Pedro y Jacobo tomaron la palabra y confirmaron que gentiles y judíos son salvados de una misma y única manera:
Por la gracia del Señor Jesús (v. 11).
Además no se debía inquietar a los nuevos convertidos con “débiles y pobres rudimentos” (v. 19; Gálatas 4:9). Sin embargo, Dios mantiene ciertos mandamientos que son anteriores al pueblo de Israel. Estos son valederos para todos los tiempos y para todas las criaturas. Así, el abstenerse de sangre se remonta al diluvio (Génesis 9:4), y el respeto por el matrimonio a la misma creación (Mateo 19:4-8).
Se evita una división – Salida para el segundo viaje
Los apóstoles y los ancianos reunidos en Jerusalén se ocuparon diligentemente del asunto que se les planteaba. Toda la iglesia estuvo de acuerdo con las conclusiones de Jacobo (v. 22, 25). La carta que enviaron por intermedio de Judas y Silas tranquilizó y consoló a los hermanos de Antioquía que habían sido perturbados (v. 24). Al mismo tiempo la visita de los dos siervos de Dios contribuyó mucho a la edificación de la iglesia (v. 32). Los esfuerzos del enemigo para turbar y provocar divisiones produjeron finalmente efectos opuestos. La fe de los discípulos fue fortalecida y los vínculos de comunión entre las iglesias se estrecharon. Una vez más el enemigo cayó en su propia trampa (Proverbios 11:18).
Después de haber solucionado toda dificultad, la obra del Señor pudo continuar. La solicitud de Pablo por las asambleas constituidas durante su primer viaje se manifestó al emprender otro viaje para ver cómo estaban espiritualmente los hermanos (comp. 2 Corintios 11:28): “Lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias”. Pero esta vez, Bernabé no fue con Pablo, por causa del desacuerdo surgido entre ellos acerca de Marcos, su sobrino. Más tarde Marcos volvería a merecer la confianza del apóstol y le sería “útil para el ministerio” (Colosenses 4:10; 2 Timoteo 4:11).
