Hechos
Hechos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 18

Amigos leales – 18 meses en Corinto

En Corinto Pablo tuvo el feliz encuentro con Aquila y Priscila, una pareja de judíos. Convertidos a Cristo, llegaron a ser particularmente preciosos para el apóstol; hasta expusieron sus vidas por él en circunstancias que no nos han sido relatadas (Romanos 16:4). Corinto era una ciudad famosa por la corrupción moral y por su lujo. El apóstol y sus amigos no quisieron depender de esa riqueza y dieron ejemplo trabajando con sus propias manos (v. 3, comp. 1 Corintios 9:15, 18; 2 Corintios 11:8-9).

Ante la oposición de los judíos, Pablo se desligó de su responsabilidad para con ellos y les declaró que se iría a las naciones (v. 6). Pero en Romanos 9:2-5 vemos cuánto sufría el apóstol por tener que hablarles así. Entonces el Señor dio ánimo a su amado siervo y le reveló que si su pueblo terrenal no respondía a su llamado, él tenía en esa ciudad “mucho pueblo” para el cielo (v. 10). Precisamente en esa ciudad disoluta el Señor se complació en juntar un gran número de creyentes, como lo confirman las dos epístolas que les serían dirigidas. Esto prueba que en esa ciudad donde había tanta abundancia, ni las riquezas ni los placeres podían satisfacer las verdaderas necesidades del corazón de los hombres.

Fin del segundo viaje e inicio del tercero

Las maquinaciones de los judíos y sus acusaciones ante Galión no impidieron que Pablo prosiguiera su obra en Corinto. El Señor lo protegió según su promesa (v. 10).

Después volvió a ponerse en camino; pasó por Efeso, donde dejó a Priscila y Aquila; luego zarpó para Cesarea; de allí subió a Jerusalén y luego descendió a Antioquía, terminando así su segundo viaje misionero.

A partir del versículo 23 empieza el tercer viaje del incansable apóstol. Atravesó de nuevo Frigia y Galacia, donde se habían constituido iglesias que le ocasionaban muchas preocupaciones (Gálatas 1:2; 4:11). “Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros”.

Para entonces había llegado a Efeso otro siervo de Dios: Apolos, predicador notable por su elocuencia y poder para presentar la Palabra de Dios. Estos eran el resultado de su fervor (v. 25), porque solo se habla bien de lo que llena el corazón. “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34-35). Además, “enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor”. Pero sus dones no fueron obstáculo para que aceptara humildemente las explicaciones de Priscila y Aquila en cuanto a las verdades que ignoraba. Estuvo dispuesto a escuchar; y su servicio en Acaya, adonde se dirigió después, fue muy útil y de gran provecho.