Hechos
Hechos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 11

Saber explicar lo que Dios hace

Nunca juzguemos ni por las apariencias ni por las circunstancias que solo conocemos a medias. Un cristiano, cuyo comportamiento nos ha sorprendido, pudo haber obrado por obediencia al Señor. Así ocurrió con Pedro cuando entró en la casa de Cornelio y comió con él. Estos detalles parecían ser lo único importante para “los que eran de la circuncisión” (v. 2), en tanto que en aquella casa habían acontecido cosas maravillosas que Pedro les contaría en aquel momento.

La salvación de las naciones estaba anunciada en el Antiguo Testamento (por ejemplo Isaías 49:6; 65:1). El mismo Pedro había aludido a ello en su primer discurso (cap. 2:21, 39). Sin embargo, para que las prevenciones de los hermanos de Jerusalén pudieran desaparecer, hacía falta pruebas terminantes. Estas fueron proporcionadas por el relato de Pedro y confirmadas por los seis testigos que lo habían acompañado. Al oír cómo el apóstol había sido esclarecido y conducido a la casa de Cornelio, y sobre todo cómo el Espíritu Santo había descendido a esos gentiles, todos reconocieron la voluntad de Dios y lo glorificaron. Alegrémonos por esa gracia que se ha extendido hasta nosotros, y si todavía no lo hemos hecho, apresurémonos a recibir también el “arrepentimiento para vida” (v. 18).

Los cristianos – Crueldad de Herodes

La puerta de la gracia, cerrada a los judíos como pueblo de Dios a causa de la muerte de Esteban, se abrió a las naciones. Muchos griegos se convirtieron al Señor (v. 20-21). Jesús había visto de antemano ese fruto de su obra cuando precisamente unos griegos desearon verlo (Juan 12:20-26).

En Antioquía se constituyó entonces una iglesia próspera, en la cual Bernabé y Saulo ejercieron su ministerio durante un año. Allí, viendo el testimonio de esos creyentes, se les dio el nombre de su Señor, llamándolos por primera vez “cristianos”. Es un honor y también una responsabilidad llevar el nombre mismo de Cristo. Pero hoy en día, de la multitud de personas bautizadas que se hacen llamar por el hermoso título de cristianos, ¿cuántas lo son verdaderamente?

El amor fraternal de esos creyentes de Antioquía se manifestó enviando donaciones a los hermanos de Judea, quienes iban a tener que sufrir aún, pues Herodes Agripa I (cap. 12:1) era digno sucesor de su tío Herodes Antipas (Lucas 13:31-32; 23:11 y sig.), y de su abuelo Herodes el Grande (Mateo 2). Su crueldad y el deseo de agradar a los judíos le incitaron a matar a Jacobo, el hermano de Juan, y a echar a Pedro en la cárcel (comp. cap. 12:3; Marcos 6:26).