Capítulo 28
Milagros en Malta – Pablo recupera el ánimo
Dios puso sentimientos humanitarios en el corazón de los paganos de la isla de Malta (v. 2; como anteriormente en el de Julio, el centurión, cap. 27:3). Acogieron y reconfortaron a los náufragos. En medio de ellos, el Señor se complació en distinguir a su siervo por medio de un milagro. El apóstol, quien no se consideró demasiado digno para recoger leña a fin de alimentar el fuego, fue atacado por una víbora y no sufrió ningún daño. Esta era una de las señales que debían acompañar a los discípulos del Señor. Otra era la imposición de las manos sobre los enfermos para que fueran sanados (véase Marcos 16:17-18). La benevolencia de los “naturales” de Malta obtuvo rápidamente su recompensa. Todos los enfermos de la isla, empezando por el padre de Publio, fueron sanados por el poder de Dios. Esperamos que muchas de estas personas hayan encontrado también la salvación de sus almas. De ese modo, la oposición del enemigo solo habrá servido para echar la semilla del Evangelio sobre una nueva tierra.
El viaje de Pablo se terminó. Antes de traer cualquier cosa a los hermanos de Roma, él mismo “cobró aliento” gracias a la comunión fraternal (v. 15, comp. Romanos 1:12). Aun el creyente más joven puede ser un motivo de gozo y estímulo para un siervo de Dios.
No hay conclusión del libro
Apenas llegó a Roma, Pablo convocó a los principales de los judíos y les explicó las razones de su encarcelamiento. Mas, lejos de guardar rencor a los de su pueblo por todo el mal que le habían causado, les dio como siempre el primer lugar en la predicación del Evangelio. Incansablemente, desde la mañana hasta la noche, les expuso la verdad hasta el momento en que se retiraron (v. 25, 29; léase Hebreos 10:38-39).
Pablo permaneció dos años prisionero en Roma. Allí pudo comprobar que las cosas que le habían sucedido redundaban “más bien para el progreso del evangelio” (Filipenses 1:12-14). Durante ese cautiverio escribió varias epístolas, entre las cuales se hallan la epístola a los Efesios, Filipenses y Colosenses. No las tendríamos si hubiese tenido libertad para visitar a esas asambleas.
Además, las epístolas nos permiten seguir de alguna manera la historia del gran apóstol. Aquí el relato se interrumpe y el libro de los Hechos no tiene una conclusión. ¡Como para mostrarnos que la obra del Espíritu Santo aquí abajo todavía no se ha terminado! Mientras la Iglesia esté en la tierra, ella prosigue en la vida de cada creyente.
