Hechos
Hechos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 17

Reacciones variadas

De Filipos, Pablo y sus compañeros fueron a Tesalónica, otra ciudad de Macedonia. Algunos judíos y muchos griegos, entre los cuales se hallaban mujeres nobles, recibieron la Palabra de Dios (1 Tesalonicenses 1:5). Pero la mayoría de los judíos, incitados por Satanás, instigaron al pueblo en contra de los predicadores del Evangelio. Para ese fin no vacilaron en servirse de gente desalmada, a la que, sin embargo, despreciaban, ni en retomar ante los magistrados el argumento utilizado años atrás frente a Pilato: “No tenemos más rey que César” (v. 7; Juan 19:15).

La temporada que Pablo pasó en Tesalónica fue breve, aproximadamente unas tres semanas. Pero Dios lo permitió así para nuestro provecho, pues por esa razón más tarde el apóstol se vio obligado a completar su enseñanza por medio de dos epístolas muy ricas en instrucciones para todos nosotros.

En Berea los judíos fueron más nobles y rectos. En lugar de dejarse enceguecer por los celos (v. 5), trataron de afianzar su fe estudiando cada día la Palabra, cuya autoridad soberana reconocieron (v. 11; Juan 5:39).

Recomendamos expresamente a cada uno de nuestros lectores a seguir ese ejemplo, que es la meta de estas pequeñas meditaciones diarias.

Pablo en Atenas

Al quedar solo en Atenas, Pablo no se dejó distraer por sus monumentos y esculturas. Su corazón se enardeció al descubrir que esa ciudad, célebre por su cultura, estaba entregada a la más pavorosa idolatría. En el ágora (plaza pública de las ciudades griegas), Pablo encontró a los filósofos de distintas escuelas universalmente conocidas por su sabiduría. La inteligencia ha sido dada al hombre para discernir el eterno poder y la deidad de su Creador (Romanos 1:20). Pero la ignorancia de aquellos espíritus eminentes confirma que “el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría” (1 Corintios 1:21). En medio de ellos había un altar al “Dios no conocido”. Empezando por el principio, Pablo les habló del “Señor del cielo y de la tierra” (v. 24) que se ha revelado no solo en la creación, sino también en la redención. Ese Dios soberano “ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (v. 30). Así que absolutamente nadie puede pretender que esa orden divina no le concierne.

La curiosidad intelectual no tiene nada en común con la verdadera necesidad del alma. Algunos oyentes de Pablo se burlaron abiertamente de él; otros dejaron para más tarde el examinar estas cosas. Pero algunos creyeron. Este aún es hoy el triple efecto producido por la predicación del Evangelio.