Capítulo 27
Viaje a Roma – Una advertencia rechazada
Para impedir la propagación del Evangelio, el enemigo incitó a los hombres a estar en contra de Pablo. Aquí se sirve de obstáculos naturales para cerrarle el paso.
Muchos cristianos se parecen a un barco de vela: su andar depende del viento que sopla. Si es una brisa “del sur” que los empuja suavemente,todo va bien; levan el ancla llenos de ánimo (v. 13). Pero si el viento cambia y les es contrario, navegan a duras penas, “con dificultad”; no son capaces de avanzar (v. 7-8) y buscan en un lado u otro amparo humano para sus dificultades. Al fin, cuando sobreviene el viento huracanado de una gran prueba, no resisten más y quedan a la deriva (v. 15).
El barco de vapor, en cambio, prosigue su ruta haga el tiempo que haga. Quiera Dios que movidos por una fe activa y firme podamos avanzar siempre hacia la meta, pese a todos los temporales.
A pesar de haber sido benévolo con su prisionero, el centurión dio más crédito al patrón de la nave que a lo que Pablo decía (v. 11). ¿No sucede a menudo que confiamos más en el consejo y en la opinión de los hombres que en las directivas de la Palabra y del Espíritu Santo? ¡Y esto para nuestro perjuicio! (v. 10).
Sanos y salvos – Una ilustración de la historia de la Iglesia
Pablo permaneció tan tranquilo en medio de la tempestad como en presencia de los gobernadores y reyes. El huracán no le impedía oír la voz de Dios, a quien pertenecía y servía (v. 23). Mientras que en la prueba los hombres a menudo manifiestan el peor egoísmo, el apóstol pensaba en la salvación de sus compañeros de viaje. Los fortaleció por medio de la palabra de su Dios y luego los exhortó a comer; él también lo hizo después de haber dado gracias a Dios en presencia de todos (véase 1 Timoteo 4:4-5).
Después de muchas peripecias y de la pérdida de la nave, todos llegaron sanos y salvos al puerto deseado (leer Salmo 107:25-30).
En esa nave, juguete de la tempestad, se puede ver una figura de la Iglesia aquí abajo. Después de haber salido con tiempo favorable, no tardó en encontrarse con el viento de las pruebas y de las persecuciones que Satanás levantó contra ella. La falta de alimento, un período de profundas tinieblas morales, el haber apelado a toda clase de reglas humanas, todo esto aconteció porque la voz de los apóstoles –en la Palabra– no fue escuchada. El día se acerca, y con él el naufragio final de la cristiandad de nombre (la nave). Pero el Señor conoce a los que son suyos en esa Iglesia que invoca su nombre, y ninguno de los que el Padre le dio se perderá (2 Timoteo 2:19; Juan 17:12).
