Hechos
Hechos

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 4

El adversario no puede impedir la obra de Dios

Una obra tan poderosa no dejó de provocar la oposición de Satanás. Sus instrumentos nos son conocidos: Anás, Caifás, los sacerdotes, los ancianos y los escribas, en resumen: los principales responsables de la condenación del Señor. Si hubiesen sido condescendientes con los discípulos,tácitamente hubieran confesado su injusticia crucificando al Maestro; mas el orgullo se lo impedía. Por lo tanto perseveraron en su odio contra el nombre de Jesús. Y de ahí en adelante el mismo Señor sería la piedra de toque por excelencia, la que probaría a cada hombre. Para unos sería “la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa”, y para otros “piedra de tropiezo, y roca que hace caer” (comp. v. 11; 1 Pedro 2:4-8).

El versículo 12 es fundamental; afirma el valor único y la necesidad de creer en ese precioso nombre para ser salvo.

Los discípulos eran conocidos por haber estado con Jesús (v. 13). Si tenemos la costumbre de vivir en la comunión del Señor, los demás lo notarán.

Toda la oposición de los jefes judíos no pudo detener la acción del Evangelio (v. 4) ni cerrar la boca de los apóstoles, pues ellos habían recibido su llamamiento y su misión de parte de Dios mismo (v. 19). La Palabra estaba en ellos “como un fuego ardiente” (véase Jeremías 20:9).

Una oración unánime – Comunión práctica

Pedro y Juan volvieron a encontrarse con los demás discípulos, “los suyos”, como los llama el texto sagrado (v. 23), y les contaron lo que habían dicho los jefes del pueblo. Entonces, en vez de ponerse a deliberar sobre la conducta a seguir, emplearon su común recurso: la oración (véase cap. 6:4; 12:5, 12; 14:23). En ella mencionaron la rebeldía de los judíos y de las naciones contra Dios y contra su santo Hijo Jesús, reconociendo en esta rebeldía el cumplimiento de las Escrituras (aunque solo parcialmente, razón por la cual los apóstoles omitieron, al citar el Salmo 2, la terrible respuesta divina a las provocaciones humanas).

El denuedo es característico de este capítulo (v. 13, 29, 31) y de todo el libro. No tiene nada en común con la energía carnal que otrora impelía a Pedro… y lo abandonaba un momento después. Aquí los discípulos recibieron esa virtud como respuesta a su oración. Imitémoslos cuando sintamos que nos falta el ánimo.

Los versículos 32 y 37 presentan una magnífica descripción de la Iglesia en el frescor de su primer amor. Sin pretender volver a ese feliz comienzo, esforcémonos en manifestar el espíritu de aquellos tiempos poniendo a un lado nuestro egoísmo y aprovechando todas las oportunidades para ayudar a nuestros hermanos.