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El regreso de Sinn-Hap
Por el camino que conducía a la casa de Jade Preciosa, un joven caminaba lentamente, cabizbajo, agobiado por las preocupaciones. Era Sinn-Hap que volvía a casa de sus padres. Su honorable madre le había contado en una carta lo que había sucedido. Una vez más, su miserable mujer lo había decepcionado dándole una hija. Pero esa no era su más amarga preocupación. Sinn-Hap se había empobrecido.
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El remedio mágico
En aquella época, Mimosa y su esposo eran muy pobres. Por lo tanto, cuando él estuvo bastante bien como para hacer un trabajo ligero, ella le suplicó que aceptara lo que le ofrecían, pues ella se sentía sumamente cansada. El marido ya veía lo suficiente para realizar aquella tarea. Debía acompañar a un pariente que iba a uno de esos lugares santos al sur del país.
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El silbido y el suspiro
Un campesino, siervo de Dios, había ahorrado algún dinero, el cual deseaba repartir entre los pobres. Cuando llegó el día previsto para ello, salió a caballo en dirección a la ciudad vecina en donde quería entregar su ayuda a algunas familias necesitadas. El camino pasaba por un bosque oscuro a través del cual el aldeano proseguía su marcha tranquilamente.
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El torito gris
Un día, mientras Mimosa me contaba sus experiencias y su vida pasada, de repente expresó: «Entonces el torito gris se fue al cielo». Sabía algo de ese lugar, de sus puertas de perlas, sus muros, sus calles de oro puro, su río y árbol de vida. Este cuadro de hermosura y de gloria había llamado la atención de esta joven.
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El vaso de agua fresca
Hacía muchas horas que un hombre trabajaba a pleno sol. Cuando su pequeño hijo se dio cuenta de ello, corrió a la cocina, llenó un vaso de agua fresca y lo llevó a su padre, diciéndole: –Papá, te he traído algo fresco para beber.
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El yugo desigual comercial
Consideremos ahora el yugo desigual en su aspecto comercial, tal como lo vemos en el caso de las sociedades comerciales. Si bien no presenta un aspecto tan serio como el que acabamos de considerar –pues en este compromiso uno puede librarse con mayor facilidad que en el conyugal–, no deja de ser un obstáculo al testimonio del creyente.
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El yugo desigual filantrópico
Solo nos resta considerar el aspecto filantrópico del yugo desigual.
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El yugo desigual matrimonial
Consideremos, primeramente, el yugo doméstico o matrimonial. ¿Qué pluma sería capaz de describir las angustias del alma, la miseria moral, así como las perniciosas consecuencias para la vida espiritual y el testimonio, que surgen del matrimonio de un creyente con una persona inconversa?
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El yugo desigual religioso
Al echar ahora una ojeada al aspecto religioso del yugo desigual, quisiera asegurarle a mi lector que no es de ninguna manera mi deseo herir los sentimientos de nadie describiendo las pretensiones de las diferentes denominaciones que veo alrededor de mí. No es esa en absoluto mi intención.
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En casa de sus amigos
Con nuevas fuerzas, Mimosa empezó a trabajar para reconstituir su pequeña fortuna. En la India, cuando alguien está enfermo, los familiares acuden, se quedan uno o dos días y se van; si la enfermedad se prolonga, volverán otra vez. Vienen para inquirir sobre lo oído, simpatizar y aconsejar a la familia. No obrar así, sería como si no amaran a los suyos.
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Encuentros y despedidas
Cuando se acercaban a su hogar, se sobresaltaron al ver a Sinn-Tek surgir repentinamente de un seto y precipitarse hacia ellas: –¡Honorable madre, hermana mayor! ¡Oh, es terrible! El honorable padre está furioso. Cerró la puerta para que ustedes no entren.
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¿Es Mimosa?
Yo estaba en un apartado rincón de la misión, cuando un niño llegó corriendo para anunciarme la llegada de Mimosa. Mientras atravesaba apresurada el patio recordaba del pasado una jovencita, delgada, con su traje anaranjado y carmesí, con lindos anillos de plata en los brazos.
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Esposo y esposa
Las relaciones de nuestro círculo familiar deberían expresar y reflejar nuestras relaciones celestiales. Y esto se verificará en la medida en que ellas se vuelvan reales por el poder del Espíritu no contristado.
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Esta mañana
Un niño de seis años de edad acababa de morir. Sus padres sollozaban junto a la cama en la cual estaba el cuerpo. De repente, se presentó un vecino quien deseaba ver al niño. Era un albañil al que apenas conocían. Cuando el hombre vio el cuerpo sin vida, rompió a llorar amargamente. –¡Ah –dijo entre sollozos–, no saben ustedes todo el bien que me hizo este pequeño!
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He aprendido a conocerlo mediante el sufrimiento
Pasaron algunos meses. El primo de Mimosa seguía demostrándole su bondad, pero la gente del pueblo la miraba con malos ojos; ya le resultaba casi imposible mantener a sus hijos alejados de las influencias externas. Empezaban a comprender muchas cosas y hacer preguntas; se daban cuenta de que su hogar estaba dividido.
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Huir
Un día caminaba yo por la calle del mercado. Al pasar frente a la frutería vi a un niño de siete u ocho años de edad que estaba parado ante un cajón de hermosas manzanas, las cuales devoraba con los ojos. Sigilosamente observó a todos lados, se apercibió de que nadie lo veía y tomó rápidamente una manzana. Pero no salió corriendo. Se quedó parado, mirando la fruta que había tomado.
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interior
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Introducción
Nadie que tenga el sincero deseo de manifestar un carácter de discípulo puro y elevado, así como de promoverlo en sus hermanos, puede dejar de experimentar un sentimiento de grande tristeza y abatimiento al contemplar el cristianismo de nuestros días.
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Introducción
Este relato verídico es la historia siempre nueva de un alma que se dejó ganar por el infinito amor del Salvador. Para comprenderla mejor, hemos pensado que sería bueno explicar un poco lo que son las «castas».
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Introducción
Hay dos casas que ocupan un lugar muy prominente en las páginas inspiradas: La casa de Dios y la casa del siervo de Dios. Dios atribuye una gran importancia a su casa, y justamente porque es suya. Su verdad, su honor, su carácter y su gloria están comprometidos en el carácter de su casa.
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Jesús le ama
Cierto día, una niña estaba con su padre en el andén de una estación de ferrocarril cuando un criminal fue llevado allí, esposado. El hombre parecía muy duro y tenía un aspecto tan aterrador que nadie se animaba a acercársele. La pequeña observó la escena por un momento y luego, sin llamar la atención, se dirigió hacia el hombre y le dijo: –Siento mucha lástima por usted.
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La botella vacía
Sus sufrimientos no habían llegado a su fin. Los niños tuvieron después una enfermedad de la piel; el pobre bebé, cubierto de llagas rojas, se quejaba día y noche. Mimosa quiso suavizar su dolor con aceite, pero la botella estaba vacía y no había dinero para comprarlo.
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La cabeza de pescado
Billy iba camino a su casa, recordando lo que había oído en la escuela dominical. El Señor Jesús no tenía dinero, pero quería pagar el impuesto que las autoridades exigían de él y de Pedro, su discípulo. Por lo tanto, Jesús dijo a Pedro que echara el anzuelo al mar y que en la boca del primer pez que sacara encontraría una moneda con la cual podría pagar la suma requerida.
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La carga de Star
Mientras tanto en Dohnavur, donde vivíamos con Star, sin conocer ella las circunstancias de su hermana, se sentía particularmente llamada a orar por ella. Mimosa y sus hijos nunca estaban fuera de sus pensamientos. Anhelaba escribirle para pedirle que viniera a vernos.
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